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El sonido de la Fe…

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Cadenas, pies descalzos, látigos de ortiga, troncos y cruces son algunos de los objetivos que los tradicionales Cucuruchos portan durante la procesión Jesús del Gran Poder, la máxima representación de la Fe Católica, en Quito.

Fotos: Gianna Benalcázar – CCQ

La Procesión Jesús del Gran Poder es la máxima representación de la Fe Católica, en Quito. Conmemora la crucifixión de Jesús. Miles de creyentes se congregan cada año para recorrer, junto a esta figura que es una réplica del Nazareno de Sevilla y mide más de 1,8 metros de alto y pesa cerca de 160 kilos, las calles del Centro Histórico de Quito.

Viernes Santo. Cientos y cientos de Cucuruchos y Verónicas se congregan en un colegio tradicional en el Centro Histórico de Quito. Es ahí donde comienza su vía crucis. Trajes morados, en distintas tonalidades, configuran una tradición que lleva más de 60 años en la capital. Una tradición que poco a poco ha ido perdiendo su verdadero significado .

Con látigos de ortiga, coronas de alambre de púas, cruces de madera gigantes, pies descalzos y cadenas atadas a los tobillos caminan los miles de Cucuruchos por las empedradas calles del Centro Histórico de Quito. 

Al caminar, muchas de las personas que se unen a la profesión cargan cuadros de Cristo y de la Virgen de la Dolorosa. Otros llevan rosarios, biblias y paraguas en sus manos. Caminan solos o en familia. Con niños, adultos mayores, amigos y mascotas, incluso. 

Hay Cucuruchos y Verónicas de todas las estaturas. Con trajes de diferentes tonalidades. Unos van cubiertos en su totalidad, otros dejan al descubierto sus marcas, tatuajes y sus espaldas para aplicar sobre ella latigazos con ortiga. 

Unos rezan. Otros toman fotos o graban lo que está ocurriendo. Otros, en voz baja, rezan. Cada quien a su manera. 

El sonido de la culpa que no es culpa 

Unos piden por salud. Otros agradecen las bendiciones. Otros piden consuelo y hay, también, quienes piden lo descabellado. 

[Cucurucho 1] “¿Vas a dejar de robar?”

[Cucurucho 2] “No, pero ahora estoy protegido”

Son secretos que oculta una procesión que, ciertamente, continúa marcando un precedente de creencias en la sociedad. Hay quienes buscan respuestas, fortaleza y alimentar su Fe para sobrellevar la crisis que afronta el país. Hay quienes buscan un consuelo ante la violencia, la corrupción y el crimen. Pero también hay quienes buscan “protección” para seguir haciendo de las suyas. 

Un feriado como cualquier otro 

Sin duda, la procesión es una tradición que forma parte de la Semana Mayor, pero aquella espiritualidad, aquel sentido de reflexión y de oración han pasado a un segundo plano. 

Fiestas, juegos de volley, juegos de fútbol y otras actividades de la cotidianeidad se mantuvieron igual. Claro, muchos de ellos-seguramente- no son creyentes o no están tan apegados a la religión y continuaron con sus actividades normales.

Así como el domingo de misa, cuando las campanadas atraen a sus fieles y se reúnen a recibir misa o ir al culto, como cada domingo. 

Nada fuera de lo normal…

Para muchos, quizás, se trata de un día más, un feriado más. Muchos, quizás, tengan sus creencias, pero las viven de una forma distinta. Otros, quizás, simplemente se niegan a tener una creencia o a seguir la corriente.

Lo cierto es que la Fe cada vez pierde más espacio y credibilidad. Las creencias han dado un vuelco y la tecnología juega un gran papel. Ser tendencia o sumarse a la tendencia resulta más importante que reflexionar, descubrir y entender el verdadero significado de una tradición, de una corriente. El sonido de la Fe va acompañado -muchas veces- con el “clic” de una cámara, la campanada de un “like” que aprueba el contenido, 

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