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Alerta, alerta que camina: la mochila venezolana por América Latina

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La diáspora venezolana tiene sus razones. Este artículo es un llamado de atención a las personas que todavía creen que el modelo del Socialismo del Siglo XXI es aplicable en América Latina.

Fotos: Gianna Benalcázar – CCQ

Es muy común, al recorrer las calles de cualquier ciudad del país, encontrarse en las esquinas, en los parques o en cualquier calle, con familias de venezolanos (llevando hijos muy pequeños a cuestas) intentando sobrevivir pidiendo limosna o vendiendo algún producto (caramelos o baratijas). Muchos de ellos han optado por dormir en los parques o recorrer grandes distancias para alcanzar a llegar a algún país que el “de boca en boca” les sugiera.

En muchos países latinoamericanos se han endurecido las políticas para el ingreso de los migrantes venezolanos. Ecuador, luego de la errática política migratoria durante el gobierno de Rafael Correa, que posibilitó la “ciudadanía universal” y permitió que personas de muchos países ingresen al país, cerró esa posibilidad en el siguiente gobierno, generando la existencia de mafias dedicadas a la trata de personas que surgieron en los últimos tiempos ofreciendo, especialmente a los venezolanos, posibilidades laborales o ingresar al Perú y otros países por pasos ilegales. 

Los gobiernos de Ecuador y Perú resolvieron impedir el paso de los migrantes y controlar las fronteras de la zona del Putumayo (con Colombia) y por Huaquillas y Aguas Verdes (frontera con Perú) y esto ha provocado que los venezolanos se queden atrapados en un nudo que los obliga a pernoctar en las calles y plazas de la ciudad fronteriza orense buscando, en algún momento, hacer el traslado ilegal por trochas y caminos, especialmente en horas de la noche.

Muchos de los que salieron de Venezuela tienen titulación técnica o universitaria. Dejaron atrás mucho: su familia, su vivienda, su entorno social, su identidad y todo lo que les pertenecía. Fueron expulsados por un régimen que llevó la vida cotidiana a niveles de indignidad. No hubo otra cosa que hacer. Por eso buscaron países que les faciliten el ingreso y la posibilidad de trabajar.

Protagonizan la denominada “migración de supervivencia”. Su objetivo no es hacer fortuna. Buscan cosas que son básicas para la vida de cualquier ser humano: comida, medicamentos, papel higiénico, luz eléctrica y un trabajo para el que, en muchos de los casos, están sobrecalificados. 

¿Cuáles son las causas que determinan o fuerzan a las personas a salir de sus países de origen, dejando todo atrás, sin pensarlo? Aunque el fenómeno de las migraciones es tan antiguo como la presencia de los seres humanos en el planeta, hablar de la migración en nuestros tiempos es entender cómo se han construido las diferentes sociedades en el mundo, a partir de importantes flujos de personas que, por diversas circunstancias, tienen que dejar sus países de origen buscando establecerse, trabajar y formar nuevas comunidades en los países de destino. 

Es importante anotar, en este punto, cómo fueron precisamente las comunidades de inmigrantes del este y el oeste europeo los que fueron poblando y dando su característica particular a ciudades como Nueva York, Boston y Chicago, en el este de los Estados Unidos. 

Como anota Francesco Melis (2014), en su tesis La presencia italiana en la Mitad del Mundo. Migración, idioma y cultura italiana en Ecuador: “la migración contemporánea es un hecho social, dinámico y complejo enmarcado dentro de la globalización y que abarca un sinfín de contextos, situaciones y experiencias locales, regionales y globales, que influyen en la cotidianidad de aquellos y aquellas que se movilizan. Por ello se plantea la necesidad de comprender la migración como una totalidad compleja, que está presente a nivel regional y mundial; cuyos flujos generan influencia en el ámbito político, económico, social y cultural de las naciones de partida y de acogida” (pg. 5).   

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el fenómeno de la migración viene desde la antigüedad, porque ser humano siempre se ha trasladado para buscar mejores condiciones de vida. Algunas personas se desplazan en busca de trabajo o de nuevas oportunidades económicas, mientras que otros lo hacen para reunirse con sus familiares o para estudiar. 

Éstas, se podría señalar, son las características normales del fenómeno. Las cosas cambian cuando existen otras razones: hay personas que migran para escapar de zonas de conflicto, de guerra, por persecuciones, terrorismo o violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, factores climáticos y desastres naturales (como terremotos o inundaciones) también activan procesos masivos de migración.

En los últimos tiempos se han dado oleadas migratorias originadas por situaciones políticas, sociales o económicas. Las desastrosas condiciones de la vida en Venezuela, especialmente a partir de la toma del poder del denominado “socialismo del siglo XXI”, representado por Hugo Chávez y, sobre todo, desde el ascenso de Nicolás Maduro, han ocasionado que, alrededor de 6 millones de personas emprendan un éxodo forzoso desde el otrora rico país petrolero sudamericano. Esta cifra no es definitiva porque todos los días siguen saliendo desde ese país personas en busca de huir de su realidad y mejorar su calidad de vida.

Las razones de la migración 

Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela en 1999. Siete años antes, en el 92, protagonizó un intento de golpe de estado contra el entonces mandatario, Carlos Andrés Pérez. Luego de la asonada golpista en la que incluso apareció en la televisión nacional, Chávez permaneció durante cuatro años en prisión, hasta que fue indultado por el entonces presidente, Rafael Caldera. 

Para entonces, Chávez ya había desarrollado una red de contactos políticos en los recintos y destacamentos militares en los que empezó a reclutar oficiales que luego serían parte de su gobierno. Además, tras su excarcelación, organizó giras, viajes y charlas en todo el país en las que iba armando la estructura política con la que luego ganó las elecciones, el MAS, Movimiento al Socialismo. 

Chávez hizo un acercamiento al denominado “socialismo del siglo XXI”, doctrina ideada por el alemán Heinz Dietrich, que se basa en una fuerte intervención del estado y políticas sociales muy fuertes, así como medidas de expropiación de bienes de la clase media y alta venezolana y un férreo control de los medios de producción y de comunicación. En muy poco tiempo, el régimen chavista se había apropiado de las principales empresas alimenticias y mediante leyes restrictivas captó los principales medios de comunicación de su país. 

Hubo también alianzas con grupos económicos fuertes, como el grupo Cisneros, para captar Venezolana de Televisión y se generó una casta de empresarios denominados “boliburgueses”, que formaron parte de la estructura de poder que fue montada también con la expedición de la Constitución Bolivariana, con la que se consumó el aparataje de poder que todavía controla ese país.

Chávez también se alió con otros presidentes de la tendencia en la región y estableció acuerdos de integración alternativos a la OEA, Mercosur y Comunidad Andina, creando el ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América). Mientras los precios de las materias primas se mantuvieron altos (el petróleo), Venezuela se volvió una tabla de salvación para el régimen de Fidel Castro, inyectando petróleo y divisas en Cuba. Asimismo, emprendió una serie de proyectos utópicos en la región, como la Refinería del Pacífico en el Aromo, en Manabí.

Desde 2011, la salud del mandatario que, hasta entonces, había vencido en todas las elecciones de su país -excepto en una-, sufrió un quebranto, que lo obligó a realizar numerosos viajes a Cuba, buscando curarse. Diagnosticado con cáncer, Chávez falleció en Caracas el 5 de marzo de 2013 a los 58 años. ​Su sucesor ya estaba designado: su exchofer y guardaespaldas, devenido en ministro de exteriores y vicepresidente, Nicolás Maduro.

La metamorfosis venezolana

Durante todo el siglo XX, Venezuela se caracterizó por ser un país receptor de inmigrantes europeos y latinoamericanos, que se vieron atraídos por la bonanza económica y por las ventajosas condiciones de vivir en un país con altas reservas de petróleo y buenos salarios. 

Esto convirtió al país caribeño en un destino ideal de muchos sudamericanos que no podían llegar a los Estados Unidos y vieron en este país petrolero la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida, pues el ingreso per cápita de ese país era de más altos de la región. Muchos ecuatorianos optaron por Venezuela antes que intentar aventurarse con el “sueño americano”.

Sin embargo, la presencia del chavismo en el poder desde hace 22 años ha ocasionado que la emigración venezolana sufra una modificación importante y que, en lugar de entrar, las personas salgan del país. En 2019, el 5% de la población venezolana se había vuelto migrante, un escenario ocasionado por la situación política y socioeconómica. La inseguridad convirtió a Venezuela en el segundo país más peligroso del mundo, que “expulsa” a sus ciudadanos hacia los países vecinos, generándose un éxodo que no se veía en el mundo occidental desde la primera y segunda guerra mundial, con la diáspora judía, palestina y siria. 

Para esto contribuyó también una clase política enquistada en el poder, encabezada por Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez y otros chavistas que han forjado una argolla de poder, combinada con corrupción y narcotráfico (Cabello lidera el “cartel de los soles”) y un círculo de relaciones internacionales (con Rusia, China, Irán, Cuba, Argentina, México y Nicaragua) que sostienen en el poder a este segmento parasitario de la política venezolana.

Como explican Castillo y Reguant (2017): “La perpetuación de la anarquía en los distintos sectores del país, y la expectativa por un cambio que no llega, hace impensable la posibilidad de regresar a Venezuela. Sin embargo, esta migración forzosa mantiene nexos con el país y disposición para ayudar a que ese cambio se produzca, y así se pueda configurar un nuevo escenario, propicio para el retorno. La realidad actual de Venezuela es tan compleja, que habría que hacer una reconstrucción profunda para ofrecerle a los migrantes, y aquellos que a diario se plantean serlo, un país con las garantías mínimas para vivir con dignidad, con el respeto a los derechos humanos que debe garantizar un Estado democrático. Es necesario un cambio de gobierno cuanto antes, que el nuevo gobierno que llegue al poder promueva el fortalecimiento de las instituciones públicas y privadas, que garantice la libertad de expresión y pensamiento, que se restablezcan las garantías constitucionales y el estado de derecho, que haya un proyecto concreto y viable para rescatar el sector productivo tanto público como privado, que existan las condiciones mínimas para el desarrollo de una vida “normal” y posibilidades de futuro”.

La corriente migratoria venezolana ha seguido en aumento. Hay alrededor de 5,5 millones de personas que han abandonado ese país en los últimos años. La ONU, en sus estimaciones, consideró incluso que esa cifra llegó a 6,5 millones en diciembre de 2020. Y de ese total, alrededor de 500 000 permanecen en Ecuador.

Se trata, según los expertos, de la mayor ola nómada registrada en Latinoamérica en los últimos cincuenta años. La ONU estima que esa cantidad de venezolanos empezó a abandonar su país desde 2015, cuando empeoró la situación económica, luego de las diferentes medidas tomadas por el presidente Maduro, sin que ninguna surta efecto, generando inflación, escasez, pobreza, falta de atención médica, hospitales sin medicinas ni médicos, entre otros aspectos.

Hoy en día es muy común mirar en los noticieros la escasez de alimentos (al punto que muchos venezolanos hurgan en la basura para encontrar algo para comer), la falta de servicios básicos (como el agua y la energía eléctrica), además de un déficit en la atención de salud, por la falta de infraestructura hospitalaria y de medicinas básicas, que han llevado las cifras de desnutrición infantil y de muertes en los primeros meses de vida de recién nacidos a niveles preocupantes, comparables con los de Haití y algunos países africanos.

Solo entre enero a agosto de 2019, 641 353 ciudadanos venezolanos habían cruzado la frontera ecuatoriana, pero salieron 524 857, según los datos de control migratorio. Se calculaba que entraban diariamente unos 2 000 venezolanos por la frontera de Rumichaca y salían cerca de 2 300. Estos datos no tenían la información recogida a partir de la pandemia del COVID-19 de 2020 y la migración posterior a las elecciones de diciembre de ese año, en donde el gobierno de Maduro consolidó su poder ante la ausencia de la oposición.

Sin embargo, los cálculos de algunas organizaciones humanitarias señalan que en los últimos tres años ha ingresado un poco más de un millón de venezolanos al Ecuador, de los cuales 212 000 permanecieron en el país. En agosto de 2019, cuando se declaró la emergencia, se registraban hasta 8 000 ingresos al día. Sin embargo, la cifra parece haberse duplicado en el 2020 a alrededor de 500 000 que permanecen o que buscan alguna manera de seguir avanzando a otros países. 

En un primer momento el Ecuador recibía sin mayores restricciones a los venezolanos, pero ante la creciente oleada de personas que llegan diariamente al puente de Rumichaca fue necesario tomar medidas de control, como visas y otros documentos que acrediten su aceptación en el país o para su paso hacia Perú, Brasil, Argentina o Chile, ocasionando tensiones sociales y bloqueos de vías. 

Tampoco hay que olvidar que se ha venido gestando en el país una especie de trato xenofóbico a los venezolanos, porque algunos ciudadanos de ese origen se han dedicado a actividades delictivas y violentas, pero sin ser la mayoría de ellos.

Migrar porque es necesario

Las personas abandonan sus países por diversas razones, sean éstas de origen económico (empleos mejor remunerados), de origen político (por situaciones de crisis política que obligan a tomar esta decisión) o por origen social. 

La decisión de emigrar, en los casos analizados, obedece a que la economía del país de origen se encuentra en crisis y recesión, con altos niveles de desempleo y subempleo. La población inmigrante (sobre todo la indocumentada) tiene que vivir hacinada, en la pobreza y anonimato y, en la mayoría de los casos, es discriminada y explotada, no pudiendo acceder a servicios primarios de educación y salud.

No existe una única razón para migrar, sino que son varios factores sumados los que determinan la decisión de dejar atrás una vida, buscando mejores condiciones para las familias. Pero la causa que siempre prevalece en este fenómeno es la económica: la necesidad de migrar para no volver, por la falta de oportunidades y carencias, la búsqueda de empleo y de mejores condiciones de vida que, difícilmente, pueden lograr si permanecen en los países de origen.

Es muy probable que dentro de algunos años se produzca un fenómeno de desarraigo, donde las siguientes generaciones pierdan el vínculo con su país, estableciéndose definitivamente en otros e intentando que nuevos migrantes los alcancen en el país de destino, para construir otra relación social, con diferentes costumbres y realidades.

Mientras en los países de origen, como es el caso de Venezuela, no haya condiciones políticas y económicas estables, muchas personas que han migrado, simplemente optarán por no regresar a ese país y se producirá esa separación, que concluirá cuando las siguientes generaciones no tengan la misma perspectiva de los que resolvieron migrar. Este artículo es un llamado de atención a las personas que todavía creen que el modelo del socialismo del siglo XXI es aplicable en países como el Ecuador, en donde el testimonio de la presencia de los venezolanos debería alertar a no creer ni siquiera remotamente en esa posibilidad. Por eso, la frase está modificada para el efecto: “alerta, alerta que camina: la mochila venezolana por América Latina”.

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