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Cuba, maquinaria de represión

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Represión Derechos Humanos

Los mecanismos de la izquierda para tomarse el poder incluyen la protesta, la violencia, el abuso de las garantías de la democracia. Por eso, lo primero que organizan los gobiernos comunistas y populistas de izquierda son los comités de la revolución, los sistemas de información y delación y el aparato represivo.

 Foto: Irene Pérez – Cubadebate.

Cuba lleva 60 años de perfeccionamiento de los sistemas de represión para evitar que el ansia de libertad provoque un estallido social que sería incontrolable. Cada manzana tiene sus informadores y el sistema de inteligencia ha montado una organización que parecía inexpugnable. Los cubanos no pueden hacer nada extraño porque inmediatamente llega a conocimiento de las autoridades. Si un pariente le visita tres veces en la semana ya provoca alguna alarma y desata vigilancia especial. 

Un amigo cubano le persuadió a su padre, que estudió en Rusia y era considerado un revolucionario ejemplar, que construyeran una estación terrena en la terraza de la casa para acceder a la televisión internacional. Utilizando las habilidades extraordinarias que desarrolla la necesidad y trabajando solo en horas de la madrugada, lograron instalar el receptor disfrazándole como lavandería. Disfrutaron de la televisión internacional pocos días porque un vecino alertó al vigilante del barrio y él mismo les dijo que tengan cuidado porque ya saben que tienen una instalación extraña en la terraza. A las dos de la mañana tuvieron que desmontar todo lo que habían logrado armar. 

Con estos niveles de vigilancia, parece inverosímil que se desataran manifestaciones de protesta al grito de libertad. Hasta ahora solo habíamos conocido la protesta de los intelectuales que terminaron en la cárcel, en huelgas de hambre o en suicidio. El régimen cubano es una maquinaria de represión. Apenas se produjeron las manifestaciones callejeras, intervino el aparato represor, detuvieron a numerosos participantes, desconectaron el internet y produjeron un apagón de energía. Aunque el presidente Díaz-Canel niega la represión, el diario ABC de España informa la detención de su corresponsal Camila Acosta y ONGs hablan de cien desaparecidos y varios muertos. 

Cárcel y balas es la respuesta a las manifestaciones, no tienen otra respuesta porque siempre han sido los provocadores, ahora les toca defenderse de la furia popular que provocaron en toda América Latina, ahora tendrán miedo de que sea el suyo el gobierno que caiga; está probando unas cucharadas de su propia sopa.

El silencio de la izquierda

Es probable que no dure mucho la protesta. Pero ha tenido la fuerza suficiente para que se delaten los amigos y los enemigos de Cuba, para que la izquierda mundial quedara al descubierto con su silencio ominoso ante los reclamos del pueblo cubano. Los intelectuales y políticos de izquierda, tan escandalizados cuando hay alguna violación de los derechos humanos en los países democráticos, tragan las ruedas de molino de la propaganda cubana que culpa de todo lo negativo al Imperio.

¿Cómo explicar que espíritus cultivados, intelectuales, artistas, poetas, periodistas de izquierda, sean capaces de defender y amar a dictaduras tan despreciables y alabar a sátrapas tan malignos como los Castro, los Maduro y los Ortega? La explicación es que la izquierda no tolera la disidencia, si no eres amigo de la revolución, eres enemigo de la revolución; utilizando la frase evangélica, “el que no escoge conmigo desparrama”. Los que no tienen estómago para defender a los sátrapas y sus excesos, optan por el silencio.

El comunismo como religión 

Hay otra razón más profunda para explicar la tolerancia de los intelectuales a los sátrapas del comunismo y el populismo de izquierda, es la religión. El comunismo siempre fue lo más parecido que hay a una religión y opera con las mismas categorías. Avergonzados de sentimientos y aspiraciones espirituales, los comunistas transformaron la revolución en una cruzada religiosa no solo por la satisfacción personal de experimentar algo trascendente, sino por el espíritu evangelizador que procura llevar el mensaje a todos los rincones de la tierra.

Los espíritus más refinados del comunismo tenían obsesión por la Iglesia Católica, sus instituciones y organizaciones especiales como los jesuitas. Recuerdo conversaciones con Pedro Saad, una de las figuras más reconocidas entre los marxistas ecuatorianos, sobre temas filosóficos y religiosos. Fueron diálogos fascinantes porque se basaban en la mutua confianza, no esperábamos convencernos de nada, pero sí entendernos. Con él advertí que el comunismo era lo más cercano que había a la religión católica. El comunismo tenía sus dogmas: la infalibilidad de Fidel (para los revolucionarios latinoamericanos), la inmaculada concepción de la teoría marxista y el paraíso comunista, el premio para todos los sacrificios. También tenía sus santos como el Che Guevara cuyas biografías idealizan a una figura discreta que, según el exguerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, era un “guerrillero inepto, cobarde y hombre sanguinario”, sin embargo, fue consagrado como ícono revolucionario. 

No hay religión sin demonios, y el comunismo tuvo los suyos en el capitalismo, el imperialismo, los disidentes, ellos son los culpables del mal en el mundo. La filosofía marxista y la filosofía tomista se veían tan parecidas a pesar de ser contrarias; ambas eran sistemas completos, coherentes, inexpugnables, había que aceptar todo porque si algo no era aceptable, se derrumbaba la totalidad. Y no solo se trataba de una filosofía, sino también de una teología. Villalobos lo resume así: “El punto de partida teórico marxista y cristiano de gran parte de la izquierda latinoamericana tiene un origen contaminado de dogmas, ritos, creencias y santorales que la hizo necesitar un mesías y una tierra santa”.

Los biógrafos de Fidel Castro señalan siempre el origen católico y particularmente la formación jesuita del caudillo y su tardía conversión. La construcción del comunismo como una religión, explica la fascinación que ejerció en una parte de los clérigos católicos con sensibilidad social y entre los iniciadores de la teología de la liberación.Solo Corea del Norte y Cuba quedan como recuerdo de lo que fue el comunismo y su influencia en el mundo. Corea del Norte no tiene la imagen ni provoca fascinación a los revolucionarios, pero Cuba todavía emociona a la izquierda de América Latina que ahora sufre una crisis de mala conciencia por el doble estándar en sus críticas a la represión policial y las violaciones de los derechos humanos. La defensa que antes hacía con orgullo del modelo cubano ahora la hace en voz baja y con vergüenza; está sufriendo una pesadilla con los ojos abiertos.

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