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Alarmas petroleras

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Energia Limpia

Mientras en el Ecuador se avizora el fin de su era petrolera iniciada, Europa discute sustituir su industria automotriz con motores contaminantes por eléctricos.

Foto: @Vanitjan – Freepik

Es posible que a mediados de siglo la energía fósil o petrolera deje de ser el motor energético industrial, relevada por energía limpia, no contaminante, no emisora de efecto invernadero.

El proceso de conversión está en marcha: está sobre la mesa de trabajo de los órganos legislativos de la Unión Europea, interpuesto por la comisaria comunitaria de Transporte, Adina Valean, proyecto que determina 2035 como plazo para que en las carreteras del viejo continente circulen solo vehículos eléctricos.

La iniciativa es más ambiciosa para revertir el ya angustioso enrarecimiento ambiental, porque la dirigente comunitaria pretende “descarbonizar la economía de la Unión Europea a mitad de siglo”, comenzando por la industria automotriz, lo que irá aparejado al desarrollo de especiales tecnologías de producción de energía limpia, bienes y servicios.

Paralelamente a las discusiones de los órganos de decisión comunitarios, estos no estarán exentos de intensos debates con representantes de países que sostienen sus economías en el petróleo y su refinación, como Rusia, Estados Unidos de América, China y los integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Dramáticamente, Valean ha dicho que “el 20% de nuestras emisiones (contaminantes, de efecto invernadero) sigue procediendo de nuestras carreteras”, por lo que el Consejo y la Eurocámara tienen en sus manos revertir tal calamidad ambiental, aparte de movilizar todos sus esfuerzos para convencer a las economías desarrolladas extracomunitarias, regulares operadoras con energía contaminante.

Como parte de la OPEP, el Ecuador está en medio de la iniciativa europea y sus autoridades deben valorar su pretendido impulso de promover inversiones para duplicar su actual producción de crudo estimada en 500 000 barriles diarios y estimularlas también hacia proyectos de energía limpia, como eólica, hidroeléctrica, etc.

Existen opiniones que no resienten las dos posibilidades, porque especialistas consideran que las reservas ecuatorianas probadas de crudo no superan los 1 400 millones de barriles que se recuperarían entre 7 y 9 años, si el ritmo de producción anual oscila entre 185 y 200 millones de barriles, pero si incorporan nuevas reservas continuarán exportaciones hasta, probablemente, fines de la tercera década de este siglo.

Si el gobierno logra legislación adecuada, podría mejorar la recuperación en yacimientos maduros, como también incorporar nuevos, particularmente en el suroriente (Pastaza), donde existe estudios previos con probabilidades de crudo pesado, el que podría transportarse a través del sistema de oleoductos del Perú, porque resultaría oneroso emplazar uno nuevo que conecte al Golfo de Guayaquil.

Cierto que el Ecuador tiene bajo suelo importantes reservas hidrocarburíferas como en Pungarayacu, Napo, pero es de baja calidad, casi brea, difícil de incorporarlo a las actuales tecnologías y condiciones de mercado.

El estado crítico de las reservas petroleras ecuatorianas obedecería a que durante los últimos catorce años los gobernantes habrían conspirado contra la industria, no solo por descuidar la recuperación de los yacimientos, sino por cerrar nuevas exploraciones y, lo más grave, convertir a las empresas estatales en simples proveedoras de dinero que fue gastado a discreción en fines ajenos a la industria, incluyendo “contratos prendarios secretos” con firmas asiáticas.

Consecuencia de ello son las voluminosas deudas de las empresas estatales, alrededor de USD 3 000 millones, que se deben pagar a prestadores de servicios y otros acreedores; por ello, una vez que las empresas han vuelto a recibir recursos por sus operaciones, registran USD 3 478 millones en el cuadro general de exportaciones que en el primer quimestre del 2021 sumaron USD 10 111, según reporte del Banco Central, lo que podría permitirles comenzar a honrar obligaciones.

Medida ambiental

En tal marco, la iniciativa europea no debe morigerar la producción petrolera, sino potenciarla hasta la posible, sin descuidar acciones para posicionar a la nueva matriz energética, porque no pasará mucho tiempo para que las marcas automotrices europeas de mayor demanda nacional ya no se movilicen con combustibles fósiles sino con electricidad. Al coche eléctrico se ve como “gran baza del futuro” inmediato.

Gobierno, empresarios, concesionarios y propietarios de automotores, de la industria en general, están persuadidos rediseñar planes productivos energéticos, para no ser sorprendidos por inevitables modificaciones de estándares de calidad que contemplaría el proyecto europeo, importante mercado de productos ecuatorianos.

El mensaje está sobre la mesa: lo ambiental será el eje de producción del futuro inmediato, quien no sintonice con su preservación, tendrá serias dificultades de sobrevivir. La transferencia de tecnología, la adaptación tecnológica a la energía limpia se vuelve imperativa.

Por ahora, la experiencia ecuatoriana es nimia: Guayaquil cuenta con unidades de transporte público eléctricos, pero existen dificultades para su operación por limitadas estaciones de carga, por lo que urge adoptar planes serios y efectivos, incluyendo en los hogares, porque no demorará la inundación publicitaria de oferta de vehículos eléctricos en el país.

El panorama insiste en que para el Ecuador es imperativo fortalecer su generación y servicio hidroeléctrico y de otras fuentes limpias, sobre la base de contratos transparentes, no como los realizados por la “robolución ciudadana”, cuyo ejemplo cimero no solo es Coca Codo Sinclair, sino también Toachi-Pilatón, entre otros.El Ecuador entero está ante un desafío energético, que no solo conjuga derechos, sino obligaciones de toda la población para coadyuvar a la preservación del ambiente, que es sobrevivencia y bienestar humano; no sería extraño que se presionen subsidios a las tarifas de energía limpia, si subsisten los vigentes monopolios de transporte público.

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