Escribe para buscar

Debate Noticias

Crisis ambiental y política

Compartir

La crisis ambiental, por deslaves, desbordes de ríos, rotura de oleoducto, redunda en crisis política, porquesupuestos “defensores del pueblo” bregan por mantener desempleo y angustia ciudadana.

Foto: César Muñoz – API

El Ecuador está en un medio ambiente altamente contaminado, con relativa incidencia en la biósfera de sus habitantes, quienes, sin embargo, e inexplicablemente, parecen satisfechos con la progresiva descomposición de buena parte de sus representantes en instituciones del Estado.

En los dos casos no se manejan agendas preventivas, sino reactivas, de inculpaciones por situaciones coyunturales ignorando el origen de ellas. Unos y otros, sin embargo, disfrutarían comodidades extrañas al “pueblo” que manipulan en sus discursos.

En los “políticos” es cuestionable, porque la generalidad se atribuye hablar y actuar a nombre del “pueblo”, pero acciones concertadas evidencian que operan contra él, mientras “ambientalistas y defensores de derechos humanos” exhibieron reacciones tibias ante las causas y consecuencias del cruento deslave ocurrido en la Comuna de San Milán y en desbordes de ríos que afectan a varias localidades del país.

En los casos solo buscaron y buscan culpables en determinadas autoridades, pero la situación climática parece serles ajena, la desarticulación de ideas relacionadas a la probabilidad de que el Ecuador es otro de los países víctimas de los efectos del calentamiento global, que en otras latitudes han tenido impactos cruentos vitales, no solo en infraestructura.

Por ello preocupa que la crisis ambiental se reduzca a algo pasajero, mientras estos colectivos y autoridades locales y nacionales parecen espectadores de las recurrentes infecciones a playas y océano por consuetudinarios cultores de desechos que contagian las aguas marinas, afectando a flora y fauna, a la prodigiosa fuente de casi el 60% del oxígeno planetario.

Se pueden prevenir contaminaciones, pero es posible que referirse a las recreacionales no sería rentable para los fines y propósitos de las mencionadas organizaciones, incluyendo “políticos” y autoridades, por lo que se sospecha que el activismo tenga sesgos establecidos ¿contra operaciones productivas, generadoras de riqueza, empleo y bienestar, que tienen licencia ambiental, no exentas a contingencias naturales o fortuitas?

¿Por qué, quienes se dicen ambientalistas y defensores de derechos humanos se refugian en el silencio ante la recurrente mutación de las playas marinas en basureros? Toneladas de desechos plásticos y otros parecen tener aliados en el mutismo de ellos.

Tales referencias inducen a pensar que la “la lucha por la preservación del ambiente” es tóxica, tanto como la representación ciudadana en las funciones del Estado, particularmente en la legislatura, en la que grupos bregan por articular oposición férrea a iniciativas legislativas que estimulen inversión, producción, generación de empleo y bienestar.

La práctica ordinaria de la “lucha” de las “organizaciones sociales y políticas” por la supuesta creación de fuentes de trabajo parece ficticia y, contradictoria, por decir lo menos. Ninguna fuente de trabajo está exenta de capital, ni siquiera la burocracia estatal, lo que hace a sus discursos vacíos de realidad.

En el discurso se dicen revolucionarios, transformadores, pero en los hechos muestran su recalcitrante conservadorismo, porque bregan por sostener legislaciones optadas al terminar la tercera parte del siglo XX, disuadiendo posibilidades de inversión, no solo de “capitalistas”, sino también de ahorristas, como son los miles de migrantes.

Los denominados “defensores del pueblo” no leen que casi el 3% del PIB son remesas de migrantes que dejaron suelo ecuatoriano en busca de trabajo, el que les ha permitido formar capitales que los invierten en los países de acogida y no en el Ecuador, porque en este los dichos “defensores” reprimen estímulos para hacerlo.

Son decenas de miles de ecuatorianos que generan empleo en los Estados Unidos de América, en Europa, Asia y otras latitudes y también remesan ahorros que se convierten en activos de consumo o para compras inmobiliarias, pero no en inversiones, por la dureza de la legislación vigente.

Ello retrata de cuerpo entero al conservadorismo de los “luchadores populares”, que se esfuerzan por tratar de estancar a la economía ecuatoriana y adicionar población a sobrevivir con subsidios, bonos de pobreza, eufemísticamente llamados de “desarrollo humano”, ambiente, o medio ambiente tóxico para el desarrollo económico, social y político del Ecuador.

Esa “agenda de trabajo” se complementa con esfuerzos superlativos para captar instituciones del Estado que les permita no solo posicionarla y hacerla más efectiva, sino también para garantizar impunidad a los desafueroscometidos en los días que tuvieron la oportunidad de gobernar a nivel nacional y local, para lo que ya se ven unidos a tirios y troyanos, amalgamas forzadas para satisfacer intereses creados, particularmente los identificados como “delincuencia organizada”.

A esa brega parecen haber llegado los tóxicos de la política ecuatoriana que buscan ser mayoría en la Asamblea Nacional, para propiciar juicios políticos contra quienes consideran “peligrosos” de afectar la impunidadde quienes están prófugos y otros que esperan juicios porcleptomanías en el sector público.

Esta crisis ambiental no debe progresar; los medios legales disponibles claman ser utilizados, la denominada “muerte cruzada” nuevamente escala a imperativa, para dar al traste con quienes pretenden sobrevivir en la impunidad yguarecerse en supuestos colectivos ambientalistas y de derechos humanos.

Etiquetas:

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *