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El turismo está más allá de Airbnb

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Reglamentar el hospedaje por Airbnb podría desincentivar el turismo. Además, la demanda de los hoteleros obligaría al Estado a incidir en una decisión que le compete solo al turista. Los beneficios de la aplicación van más allá del alojamiento.

Foto: @Pressfoto – Freepik.es

¿A quién no le gusta viajar? La respuesta es sencilla, prácticamente a todos. No importa si es dentro o fuera del país, es agradable ir a un lugar nuevo o repetir algún destino, sea este en un sitio caluroso, frío o con un clima templado. Nos encanta, aunque el presupuesto no sea para un hotel cinco estrellas, a muchos les basta con que esté limpio, tenga camas cómodas, cuente con facilidades de acceso y servicios básicos (lo que incluye internet).

También agradecemos muchísimo el trato, no solo la amabilidad, que sobra decir es de buena educación y necesaria, sino que nos den información útil: a dónde ir y que no necesariamente esté en las recomendaciones de internet, los lugares imperdibles que visitar, horarios de apertura y cierre de los sitios clave, espectáculos que se ofertan, recorridos a lugares cercanos, buses turísticos, las vías que tomar si se escoge caminar, ir en bicicleta o en monopatines. Y nos ponemos de mejor humor si incluso nos dicen cuáles son las líneas de autobuses y del metro que nos dejan a poquísimas cuadras de nuestro hotel, hostal o residencia, acompañadas de un mapa físico, sobre el cual rayan con las explicaciones de en qué sitio de la ciudad está y cómo ubicarse.

Nos fascinamos cuando nos sentimos seguros caminando por la ciudad con la mochila a la espalda y nuestras pertenencias dentro de ella. Nos relajamos si no necesitamos sujetar con fuerza los bolsos, los celulares o las cámaras fotográficas. Y qué mejor si hasta nos toman algunas fotos los transeúntes.

Nada como seguir deambulando pasadas las 19:00, porque queremos ver algún sitio específico a la luz de la noche, se nos hizo tarde o salimos a cenar. Qué alivio no tener que mirar cada 20 segundos si nos están siguiendo o si alguien nos saltará encima, desde algún lugar, para quitarnos no solo nuestras pertenencias, sino la tranquilidad.

Qué bien se siente ir en un bus que puede ir lleno de personas, pero no como sardinas en una caja, y que este pase en un horario exacto, que en las paradas se indique dónde estás, cómo se llama esa parada y que puedas tener transporte hasta pasadas las 23h00.

Disfrutamos de que nuestros hijos (adolescentes o adultos jóvenes) se sientan seguros, que –sin desconocer que siempre habrá algún riesgo- puedan viajar solos, con sus compañeros o amigos.

La pregunta es entonces, ¿qué nos falta en Ecuador para que las calles de las hermosísimas ciudades y balnearios que tenemos estén llenas de extranjeros y nacionales, disfrutando de lo que ofertamos a lo largo del año y especialmente en la época vacacional? Saquen ustedes las conclusiones.

Construir una política sobre el turismo, que se ha dicho hasta el cansancio, puede producir ingresos al país y a varios sectores económicos, no empieza por regular el Airbnb, sino por corregir el montón de problemas que tenemos en los sitios turísticos del Ecuador que, para nuestra buena suerte, son muchos, pero que requieren de un mayor esfuerzo. Hay muchos emprendimientos locales, comunitarios, personales y de empresa, pero se requiere que las autoridades nacionales y locales se preocupen por transporte, servicios básicos, rutas, promoción y sobre todo seguridad.

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