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Cómo elegir un buen aliado antes de empezar una sociedad, desde la óptica de un experto.

Foto: @peoplecreative – Freepik

¿Alguna vez te han dicho: “Deberíamos empezar un negocio juntos”? Esta frase, usualmente utilizada en reuniones sociales con el único fin de hacer la conversación más amena, ha sido escuchada, no varias,  sino cientos de veces por todas las personas; sin embargo, ¿cuantas veces, de aquella oportunidad fortuita de hacer dinero se han tomado las decisiones respectivas para emprender un negocio próspero?

La respuesta, con seguridad, es casi nunca o nunca. La razón es porque una propuesta, por más atractiva que sea para la persona interlocutora, requiere de más respuestas que solo una oportunidad expresada en palabras, denotando los importantes riesgos emocionales, económicos y de tiempo que conllevan responsabilizarse para empujar un proyecto empresarial con el objetivo de que genere ingresos y mejores condiciones de vida.

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Como emprendedor, es muy común la búsqueda continua del apoyo de personas o herramientas que se presentan en el camino como positivas para facilitar la gestión del emprendimiento, para darle mayores posibilidades de éxito. La oportunidad de generar alianzas estratégicas que de alguna forma optimicen gastos para la empresa, haciéndola más resiliente, o, caso contrario, que faciliten nuevas oportunidades de comercialización que mejoren los ingresos del negocio, son iniciativas interesantes que cualquier empresa necesita, y debe buscar, para tener mayor holgura y así garantizar su debida sostenibilidad y auto sustentabilidad.

Sin embargo, no toda posibilidad de sociedad es adecuada para el negocio que tenemos en mente y no toda oportunidad presentada vale la pena ser trabajada, puesto que existen muchas circunstancias y personas contenidas en las mismas, que requieren el debido análisis previo antes de aventurarse a arriesgar cualquier recurso.

La actual crisis económica que vive el Ecuador y cuyo peso se siente en el tramado empresarial, puesto que de aquí nacen los recursos para sacar adelante las necesidades de los distintos estratos que atiende el Estado, ha reducido significativamente la capacidad de los empresarios para iniciar sus ideas de negocio. Ante la imposibilidad de buscar financiamiento y contratar personas, por las condiciones actuales que ofrece el mercado, el emprendedor busca y aglutina continuamente sociedades para mejorar su gestión, no obstante, no siempre comprende como evaluar su pertinencia o  rendimiento a corto, mediano y largo plazo, que generan estas alianza en el negocio, derivando en ocasiones en magistrales pérdidas de tiempo y recursos que ralentizan el crecimiento de la empresa y desaniman al emprendedor.

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A continuación se presentan algunas sugerencias de como analizar la posible alianza previa a aceptar la sociedad, orientando cualquier esfuerzo empresarial para el crecimiento del negocio y evitando posibles desperdicios de tiempo y dinero:

  • Un socio de verdad aporta ingresos o ahorro a la empresa:

Por principio, cuando un empresario tiene  claro el giro del negocio al que se quiere dedicar y que procesos debe emprender para lograrlo, una sociedad tiene únicamente dos posibles aportes: generar ingresos u optimizar costos de operación. Si la sociedad propuesta no presenta la capacidad de generar impacto en alguna de estas áreas de forma específica, sin sobre explicaciones,  debe ser descartada inmediatamente. Un negocio naciente, con todo por perder si no se trabaja adecuadamente  necesita gente y herramientas que le generen recursos de forma inmediata, por ello cualquier ofrecimiento debe atraer aportes cuantificables.

  • Una sociedad, como un matrimonio, necesita comunicación:

La buena comunicación es la base de cualquier relacionamiento, mucho más si existen responsabilidades y recursos de por medio, por ello, el emprendedor debe evaluar la facilidad, fluidez y transparencia de comunicación que mantiene con su socio.

Si la contraparte no ofrece canales de comunicación adecuados, es reacia a entregar información, o esconde actividades relacionadas al negocio conjunto es posible que esta sociedad tenga problemas a lo largo de su relacionamiento, por ello debe ser descartada.

Una sociedad debe tener la capacidad de definir, de forma conjunta, objetivos relevantes para la empresa, además de coordinar acciones que ayuden cumplirlos de la manera más eficiente; y esto solo se logra con una buena comunicación.

  • Todos en la misma página:

Las expectativas que generan el negocio, los valores bajo el cual será administrado y los objetivos que se pretende alcanzar, son temas que se debe dialogar con cualquier posible socio antes de firmar ningún documento o compromiso. Existe la posibilidad que el proponente de la alianza tenga una visión muy distinta respecto del manejo de la empresa o qué tipo de orientación estratégica debe asumir, lo que causará problemas en la administración y por ende la perjudicará.

Es necesario alinear todas las expectativas que genera el potencial negocio, marcando la cancha de cómo va a funcionar debajo de la colaboración de ambos socios, con funciones delegadas claras, la posible distribución de las ganancias, el tiempo de trabajo requerido, incluso las reglas en caso de una disolución.

Es prioritario la aclaración de temas para evitar problemas en un futuro. Si una sociedad no está dispuesta a conversarlos y establecerlos de forma trasnparente, definitivamente no vale la pena.

  • Ser complementarios

Un empresario debe buscar en sus aliados competencias diferentes y complementarias a las que ejerce y conoce para su negocio, pues esto aportará conocimiento u otro tipo de valores a la empresa, para fortalecerla.

Existen áreas donde el emprendedor tiene conocimiento y experiencia que ya producen para el negocio, pero existe infinidad de otras donde no; en ese sentido la posibilidad de buscar complementariedad abre un abanico de potenciales aliados que tengan factores que solventen las necesidades que presenta nuestro negocio.

Si una sociedad no se justifica en una necesidad empresarial, no tiene sentido dedicarle tiempo.

  • El que nada debe, nada teme:

La reputación de un individuo es invaluable para una considerar el inicio de una sociedad, puesto que es el respaldo de cómo se manejará en el negocio. Si el individuo con el que se tiene la intención de aliarse ha evidenciado en otras ocasiones morosidad con sus proveedores, un manejo dudoso de sus cuentas e incluso sus finanzas personales, será un problema para el negocio sin duda.

El que nada debe, nada teme, y en ese sentido el potencial aliado debe presentar sus credenciales, experiencia, cuentas, e incluso su manejo de impuestos porque así demuestra que el negocio le merece su confianza.

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Para ello es importante solicitar referencias personales, además del número de cédula o RUC de la contraparte con el que se pretende firmar el contrato de sociedad (si existe una sociedad pro negocio, debe existir un contrato formal) y analizar su comportamiento tanto en las páginas web del Servicio de Rentas Interna como Judicatura para saber cómo ha sido su vida civil. Encontrar referencias como deudas en impuestos o juicios por cobro de conceptos, es definitivamente una señal de que la sociedad será un problema en el futuro.

Las alianzas estratégicas y sociedades son sin duda una alternativa que puede fortalecer una empresa en cualquier etapa que esté, siempre que existan aportes cuantificables, comunicación fluida, alineación en objetivos, complementariedad en operaciones  y sobre todo confianza. Un mal socio puede ser como un cáncer para la empresa y por ello es necesario hacer las preguntas adecuadas antes aventurarnos a cualquier compromiso.

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