Escribe para buscar

Contexto Noticias

Pesadilla planetaria

Compartir
Politica Dictaduras

El mundo se ha reconfigurado. Y puede elegir entre cuatro caminos hacia el futuro. Lea esta reflexión.

Foto: ArtHouseStudio – Pexels

Una nube de pesimismo arroja su sombra sobre el mundo democrático. La derrota de occidente en Afganistán erosiona la confianza en las virtudes de la democracia. Haciendo una pausa ante el  griterío de los escandalizados, sería bueno unos minutos de reflexión sobre lo que ocurre en el mundo. Tal vez no sea tan malo sucumbir momentáneamente al pesimismo, aunque solo sea para despertar de la plácida etapa de falso optimismo que hemos vivido desde que la democracia, la libertad, la cultura, parecían aseguradas en este planeta. 

Un vistazo de cualquier diario, de cualquier parte, nos descubrirá que la democracia tiene la crisis más profunda en los países donde ha sido más exitosa y los países antidemocráticos, gobernados por tiranos de distinta laya, se sienten más seguros que nunca. Los sátrapas viven más confiados que los demócratas.

Los cuatro mundos del futuro

 El mundo sigue ahora cuatro caminos políticos: El primer camino es el de Estados Unidos, Europa y sus seguidores, todos viviendo de las glorias pasadas y luchando contra enemigos internos que aprovechando de la preplejidad general los carcomen por dentro. Declina el poder económico y militar, se desdibujan las libertades, falla el sistema electoral que privilegia mediocres, vanidosos e incapaces; les devora el narcotráfico y la corrupción. 

El segundo camino es el comunismo retrógrado y estúpido, empeñado  en igualar a todos en la miseria. Este camino han impuesto tiranos ignorantes, corruptos y crueles en países como Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua, Cuba y sus seguidores. Nada funciona en esos países excepto la milicia y el control de la comunicación. Viven encerrados en su concha, como caracoles gigantescos, nadie les amenaza, son soberanos de su desgracia. Pasan hambre de cuerpo y alma con excepción de la cúpula política y militar.

Foto: Flickr Eneas De Troya

El tercer camino es el comunismo capitalista que tomó lo mejor de los dos mundos. Del comunismo se quedó con la comodidad del partido único, los grandes ejércitos, el control de la información y las gerontocracias gobernantes. Del mundo democrático tomaron la obsesión por la producción y las exportaciones, la aplicación de la tecnología, la obsesión por aprender y el placer de hacer negocios. Se llenan de riqueza, no tienen huelgas ni paros, eliminaron la protesta, se libraron de la envidia por occidente; solo aspiran a ser lo que son. Este camino sigue China que lleva la bandera y le siguen Vietnam, Rusia y cada día tienen más seguidores.

El cuarto camino es el de los nacionalistas, independentistas, integristas. Supeditan la economía y la política a la religión. Sueñan en repúblicas quiméricas o paraísos idílicos. Son ortodoxos, fanáticos de sus orígenes, y, como consecuencia, racistas y xenófobos. Están repartidos por todo el mundo, los separatistas catalanes y otros nacionalistas europeos, los indigenistas latinoamericanos, los integristas islámicos, tribus poderosas en África. No saben si quieren la democracia o el comunismo, son modelos absolutamente secundarios para sus convicciones y sus propósitos.

Las virtudes de la democracia al servicio de los enemigos

La democracia ya es minoritaria en este mundo. Aunque había acumulado la riqueza, la cultura y la tecnología no tenía capacidad de supervivencia porque sus propias virtudes generaron, por exceso, los vicios que le amenazan. En el catecismo católico aprendíamos que había siete virtudes que se oponían a siete pecados: contra soberbia, humildad; contra ira, paciencia; contra avaricia, generosidad; contra pereza, diligencia; contra lujuria, castidad; contra gula, templanza; contra envidia, caridad. 

Las virtudes de la democracia, que los enemigos han convertido en armas son: la libertad, las elecciones, la igualdad de oportunidades, los derechos, la justicia, el desarrollo tecnológico y el entretenimiento. La libertad de conciencia, de movimiento, de información, de emprendimiento, ha permitido que los multimillonarios del tercer mundo compren empresas, edificios, equipos de fútbol, medios de comunicación del primer mundo y adoctrinen a sus ciudadanos, espíen a sus empresas,  levanten sus templos y aprovechen sus universidades. 

Las crisis electorales han permitido que los enemigos manipulen al electorado y siembren dudas acerca de elecciones cruciales que dieron resultados como el Brexit o la elección de Donald Trump. La igualdad de oportunidades y la apertura a todos los ciudadanos ha permitido en Europa y Estados Unidos se formen guetos de otras culturas y se produzca la colonización al revés, la fascinación de oriente y la conversión al Islam de muchos ciudadanos hastiados de las comodidades de las sociedades del bienestar. 

Los adversarios de la democracia han aprovechado la tecnología y la innovación, la facilidad y transparencia de los gobiernos para acceder a los secretos y a los proyectos con tanta facilidad que han dejado en evidencia la ingenuidad de los gobernantes y las instituciones. En cambio, las virtudes que han caracterizado a la civilización y a la democracia, esas no han sido imitadas.

Las elecciones libres han sido desechadas para imponer en su lugar el partido único y con frecuencia el candidato único. La justicia convirtieron en un aparato de investigación y sanción para los enemigos del Estado y a los jueces en meros funcionarios para servir a los intereses del Estado. La información, por último, se transformó en un sistema dedicado a difundir las verdades oficiales y promocionar las acciones del gobierno.

¿La democracia ha perdido la guerra?

Estas limitaciones y degeneraciones del sistema democrático ha llevado a algunos analistas a sostener que después de Afganistan, la democracia ha perdido la guerra. El argentino Dardo Gasparré considera que los políticos en las democracias han ingresado en una espiral autodestructiva que describe asi:

“Si cumplen las barbaridades que prometen, crearán caos económico y social en sus países y corren el riesgo de ser expulsados o de terminar siendo dictadores para permanecer en el poder. Si no las cumplen, la masa estallará en las calles, impondrá de prepotencia lo que cree sus conquistas, y los políticos profesionales tendrán que ponerse al frente de esos movimientos para obtener o conservar el poder, u optar por ser dictadores. Todo en nombre del pueblo y de la patria. Ni siquiera se puede soñar con pensar en la idea de reimplantar el orden frente a una manifestación violenta destructiva, uno de los peores sabotajes a la democracia”. 

Después de Afganistán parece comprensible la pesimista visión de un triunfo del Islam sobre las democracias occidentales. Los dirigentes de la guerra dan explicaciones recordando que nunca fue la intención quedarse para siempre en Afganistán, ni siquiera salvar a los afganos, el objetivo era evitar que se organizaran atentados contra Europa y Estados Unidos y, en efecto, han conseguido 20 años sin atentados. Pero la réplica es que fueron a la guerra contra el terror y ha triunfado el terror.Los aliados han dejado un vacío que apuradamente intentan llenar China y Rusia.

Seguramente ha cambiado el balance de poderes y quien obtendrá el mejor partido será seguramente China. Hay otros actores importantes, actores a los que Gasparré les llama países sin bandera, sin religión y sin elecciones, son las multinacionales que se acomodan rápidamente al más fuerte y serán importantes en el movimiento geopolítico. Algún representante de las multinacionales decía que el dólar es la moneda más importante porque tiene el ejército más poderoso del mundo para defenderlo; si cambian los factores, no dudarán en cambiar de moneda.

Etiquetas:

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *