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El registro de un color como marca

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Los colores también son utilizados para crear una marca. Y sí hay la posibilidad de registrarlos. Pero hay varios puntos a tomar en cuenta. Aquí más.

Foto: @NareshkumarShaganti – Pixabay

Una marca es cualquier signo susceptible de representación gráfica, que tenga la capacidad de distinguir un producto o servicio, en el mercado. Dentro de la gama de signos que pueden constituir marcas, encontramos: las palabras, imágenes, símbolos, gráficos, sonidos, olores, letras, números, formas de los envases, combinaciones de colores y colores delimitados por una forma, entre otros.

La norma comunitaria andina prevé la posibilidad de registrar como marca un color delimitado por una forma, o una combinación de colores. Así, es posible registrar una marca que esté constituida únicamente por un color, siempre que se encuentre comprendido en algún trazo, forma o silueta; y, claro está,  que no se encuentre comprendido en alguna de las causales de irregistrabilidad previstas en la Ley.

Si se trata de un color aisladamente considerado (no delimitado por ninguna forma), éste, en principio, no podría registrarse. Esta prohibición tiene fundamento que la cantidad de colores puros o fundamentales es limitada, por lo tanto, permitir a un solo titular apropiarse de alguno de ellos le daría una ventaja competitiva desmesurada y afectaría notablemente el acceso de terceros al mercado. 

Ya ha dicho el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina, que: “Es posible el registro como marca de un color aislado si es que este se encuentra delimitado por una forma específica y, además, así visto en conjunto, y sin incurrir en otra causal de irregistrabilidad, goza de distintividad. Por tanto, el color no debe ser común a un género o línea de productos o a su envoltorio o envase, como tampoco ser característico de un determinado producto. Así, por ejemplo, los extintores son característicamente de color rojo. Para gozar de distintividad, el color no debe estar ligado a la naturaleza del producto de que se trate ni la obligación de su utilización debe estar prevista, por ejemplo, en una norma técnica de seguridad. El uso del color debe ser arbitrario, de modo que permita identificar el origen empresarial”, (Interpretación Prejudicial 619-IP-2019).

La Oficina de Propiedad Intelectual, al momento de examinar el registro de una marca constituida por un color, deberá tener en cuenta, no solo los elementos jurídicos aplicables y las prohibiciones previstas en la normativa, sino, además, el contexto real del mercado y considerar el principio de primacía de la realidad. Así, es importante que se incluya en la evaluación el hecho que los colores no aparecen aislados en el comercio, sino que están acompañados de formas, envases, palabras y otros elementos diferenciadores que, a fin de cuentas, son los que los consumidores aprecian al momento de identificar un producto o servicio.

  • La autora es Abogada Asociada de Corral-Rosales.
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