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Atraer inversión extranjera a un país

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Para atraer inversión extranjera a un país, ¿es necesaria una macro ley que detalle cada beneficio o se lo puede tratar de otra forma? Es una de las preguntas que responde Francisco Corté en este análisis.

Foto: DilokaStudio – Freepik

La inversión directa extranjera, o inversión extranjera directa (IED), es una bien muy codiciado por todos los gobiernos del mundo. La afluencia de IED a un país, sin duda, aporta recursos financieros, tiene un gran potencial de creación de empleo, de incorporar tecnología e innovación al tejido productivo del país receptor, y, sobre todo, de fijar capital financiero al territorio, que no es sino otra forma de decir desarrollo.

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Hay cierto consenso académico para considerar IED solo aquellas inversiones que invierten en al menos un 10% del capital de la compañía en el país de destino. Es un requisito mínimo para poder empezar a hablar de cierta fijación de capital al territorio.

En general, a mi juicio, existen dos elementos clave para atraer IED: un marco legal e institucional propicio y cierto, y un tejido productivo capaz de poner en valor la afluencia de recursos que supone la IED. No toda IED se transforma en desarrollo, y más en la actualidad con la liberalización de los movimientos de capitales. Un marco jurídico que regule la IED, a mi juicio, es fundamental para evitar situaciones de dependencia crónica, de expolio de recursos naturales, de fomento de la economía especulativa, etcétera.

¿Cómo han reaccionado los mercados en aquellos países donde sí hay una ley específica de inversiones versus aquellos que no la tienen?

Que exista una ley para el tratamiento de la IED es buena, como hemos dicho, y muchos inversores lo ven como algo positivo. Es un requisito importante, pero no suficiente. Hay buenas y malas legislaciones en materia de IED. La buena legislación es aquella que crea un marco institucional adecuado, así como seguridad jurídica y económica para ambas partes. Para los inversores y para el país receptor.

Además, no toda IED genera desarrollo ni balanzas comerciales intraindustriales. Cada país, en función de su tejido empresarial y de su especialización productiva tiene que modular su estrategia y su legislación en torno a la IED para adaptarla a sus verdaderas necesidades de inversión a largo plazo, que es la que genera un sólido tejido productivo, riqueza y empleo de calidad.

Si no existe esa macro ley ¿qué camino debe seguir un país para seguir siendo atractivo internacionalmente?

Como hemos dicho, que exista una ley en principio es muy interesante, oportuno y apropiado. Pero tampoco es algo que sea en última instancia determinante, especialmente cuando es una “mala” ley. Son tantos los factores que inciden en la IED, que la legislación es solo un aspecto, fundamental, pero solo un aspecto.

Hay que tener en cuenta el riesgo país; la solidez del sistema financiero en el país de destino; un sistema fiscal justo, pero a la vez incentivador para la inversión; o la generación de ecosistemas de innovación y sistemas productivos locales, etcétera.

  • Francisco Corté García – Profesor de finanzas de la Universidad Internacional de La Rioja – UNIR

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