Escribe para buscar

Contexto Portada

La tercera crisis, la crisis política, muestra las orejas

Compartir

Todavía no salimos de la crisis sanitaria, la crisis económica recién empieza y los políticos solo nos ofrecen la tercera crisis, la crisis política. El gobierno ha sido incapaz de gestionar la unidad nacional, o no ha querido, y más bien delata fricciones internas que podrían llevarnos al desastre.

Foto: Eduardo Santillán – Flickr Presidencia de la República

Los últimos días hemos visto sorprendidos ciertos indicadores de una crisis política que se cierne sobre el país y que obliga a preguntarnos quién conduce la crisis sanitaria, quién diseñará la estrategia económica para la etapa de recuperación y cómo cambiaremos las leyes que, con toda evidencia, se muestran como una mala broma de políticos mediocres. Las leyes laborales que perjudican en lugar de proteger a los trabajadores, derechos constitucionales que son de cumplimiento imposible y promesas vacías como el derecho a la salud, el derecho a un salario digno, la ciudadanía universal y tantas promesas que ahora lucen quimeras, operan como camisas de fuerza que inmovilizan.

Juegos de poder al más alto nivel

Cuando periodistas y medios serios aseguran que hay discrepancias al más alto nivel del gobierno, entre presidente y vicepresidente, debe ser que cuentan con fuentes confiables, que funcionarios del mismo gobierno han filtrado esos rumores. Significa que están jugando territorio en lugar de entregarse al manejo de la crisis, que hay una lucha política entre altos funcionarios del gobierno. 

Los rumores se tornan verosímiles cuando se produce el cambio de funcionarios que alteran el equilibrio de poder o cambian el reparto de territorios entre los aliados que comparten el poder. Esos rumores coinciden con la difusión de encuestas que establecen niveles diversos de aprobación de la gestión provocando celos y resentimientos. Por deprimente que resulte, no queda más remedio que sospechar que grupos de funcionarios con distintos objetivos y con diversos cálculos políticos están dedicados a juegos de poder.

Si hay funcionarios que recorren el país disfrazados de enfermeros y difundiendo videos en los que aseguran que todo está bien, es lógico que haya gran número de incautos que crean que esa es la tarea que corresponde a los mandatarios y no sentarse a estudiar los problemas, consultar con los expertos y con los opositores, considerar los resultados que obtienen en otros países, diseñar estrategias y buscar apoyo para ellas. Las tareas de la salud deben estar a cargo de las autoridades de salud; no designamos altos funcionarios para que vayan a ver si los hospitales tienen mascarillas y medicinas. Realizar acciones que pueden parecer campaña electoral y videos que pueden parecer propaganda, incide en resultados engañosos de popularidad y desacuerdos entre funcionarios del mismo gobierno.

Economistas, periodistas, expertos, líderes de los gremios, se quejan porque sus propuestas no son consideradas. Sin embargo, al gobierno parece faltarle iniciativa y urgencia, parece estar distraído en asuntos secundarios. El padre del populismo latinoamericano solía repetir una frase que los políticos no logran entender: “la única verdad es la realidad”. La realidad no se puede cambiar con propaganda, ni con falsas esperanzas, ni con ofertas. La realidad se cambia con trabajo, con sacrificios, con solidaridad, con unidad; conceptos alejados de la política.

Juegos de poder entre gobierno central y gobiernos seccionales

Se aproxima una de las decisiones más difíciles: la hora de volver a las actividades normales. En esto no se puede errar, no cabe averiguar si tendrá réditos o costos políticos, no caben los temores. El gobernante debe olvidarse de si mismo, de su partido, de su organización; la decisión tiene que tomarse para salvar vidas.

El alcalde de Quito anunció que ha propuesto al COE nacional extender el confinamiento hasta el final del mes de mayo. Algunos tendrán la sospecha de que lo hace para mostrar iniciativa, otros pueden creer que trata de eludir la responsabilidad. Sabiendo que la decisión debe tomar el COE, será el COE el responsable si la decisión resulta errada. El gobierno, al parecer tuvo estas sospechas y devolvió la pelota al alcalde Yunda al anunciar que serán los gobiernos seccionales los que tengan la última palabra porque ellos conocen mejor las circunstancias concretas, conocen las instalaciones sanitarias disponibles en cada localidad y conocen el grado de disciplina de la gente. En ambos niveles de autoridad hay cálculo político y ambos dan mala impresión con este juego. ¿Es que ahora nadie quiere tomar las decisiones? ¿Acaso no están el gobierno y el Municipio formando parte del COE? ¿Vamos a llevar la falta de unidad para afrontar la crisis hasta los extremos?

Lo que importa es estudiar cuál es la fecha más apropiada, consultar a los expertos, buscar el consenso que requieren las decisiones difíciles y compartir las responsabilidades. El pueblo es perspicaz y distingue muy bien el cálculo político legítimo de la picardía política.

Juegos de poder en el Consejo Nacional Electoral

Otro factor en la crisis política agudizada por el coronavirus se presenta en el Consejo Nacional Electoral. La pandemia, en efecto, puede alterar el calendario electoral porque los contagios seguirán por algún tiempo y no se puede arriesgar un rebrote con eventos que provocan aglomeraciones. Se habló ya de la posibilidad de aplazar las elecciones y todos empiezan a calcular si les beneficia o les perjudica.

En el Consejo Nacional Electoral hay dos bandos, como se sabe bien desde la elección de las autoridades, los tres ganadores que formaron la mayoría por un lado y los dos perdedores de la minoría por otro. Siguiendo la conducta que han mantenido desde entonces, la mayoría toma decisiones como si no existiera la minoría y la minoría se queja ante la opinión pública como si no fueran parte del Consejo. 

Los dos de minoría acaban de anunciar que son partidarios de realizar las elecciones con un sistema que parece bueno, bonito y barato: emitir el voto por teléfono o computadora y que el costo sería el 10% de lo presupuestado. Uno de los miembros de mayoría salió también a los medios a pulverizar la propuesta preguntando cómo van a saber si votó el dueño del teléfono o la computadora o alguien más. Los de minoría ¿no podían haber hecho la propuesta donde corresponde, en el seno del Consejo?  Hubieran preparado la respuesta antes de salir a los medios y hubieran evitado que los ciudadanos perdieran un punto más de confianza en el organismo electoral.

El tema merece debate porque es dudoso que podamos realizar elecciones en las condiciones ordinarias. El voto electrónico debe tener un costo que no puede financiar un gobierno sin calderilla y el voto por teléfono es una ocurrencia de cafetería. Si los vocales de minoría conocen cómo eludir a los hackers, que se encarguen de los hackers correístas que están poniendo en peligro la democracia con sus contenidos políticamente obscenos.

Cuando se planteaba que no se puede sacrificar la economía por una enfermedad que solo afecta a los viejos, provocó indignación porque parecía un criterio de desalmado mercantilismo, pero el filósofo francés André Comte-Sponville ofrece reflexiones que consideran otros aspectos en una entrevista publicada por el diario “Le Temps” de Ginebra: “Si la esperanza de vida ha crecido considerablemente, tanto mejor, pero la tasa individual de mortalidad no se ha movido desde hace 200.000 años, sigue siendo del 100%. Tengo dos noticias que darles, una buena y una mala. La mala es que todos vamos a morir. La buena es que la gran mayoría de nosotros morirá de otra cosa, no del Covid-19”. Tradicionalmente los padres se sacrificaban por sus hijos, dice el filósofo y añade que ahora queremos hacer lo contrario porque estamos convirtiendo la salud en el bien supremo por eso “delegamos a la medicina no sólo la gestión de nuestras enfermedades, lo que es normal, sino también la de nuestras vidas y la de nuestras sociedades. Dios ha muerto, ¡vivan los seguros de salud!”. 

Las autoridades no tienen certezas y parece difícil elegir entre salud y economía cuando ambas constituyen una amenaza; no puede discriminar entre jóvenes y viejos cuando se trata de la vida; ni pueden confundir los bienes con los valores. Las autoridades políticas tienen la decisión más importante de su carrera a la hora de disponer el retorno a las actividades económicas sin las garantías suficientes de seguridad. 

Etiquetas:

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *