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Chile: el pueblo no es bobalicón

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Ya se sabía por las encuestas que la nueva Constitución chilena sería rechazada, aunque la izquierda no perdía la esperanza de la sorpresa o, al menos un margen estrecho en la derrota. El pueblo dijo: no somos borregos, queríamos una Constitución nueva, pero no ésta.

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Foto: Bolivar Parra – Flickr Presidencia de la República

¡Qué bocanada de oxígeno para la democracia! Hace tres años parecía que todo empezaba a descomponerse en Chile, que la mejor democracia de América Latina y la prosperidad económica, habían sido pura ilusión y que finalmente caía también ante el discurso populista lleno de resentimiento, vacío de racionalidad, atiborrado de proclamas y promesas vacías. Las agitadas y largas jornadas de violencia terminaron en la exigencia de una nueva Constitución para dejar lejos y por completo la herencia de Pinochet.

Latinoamérica busca un modelo

La protesta de Chile no era igual

La protesta chilena parecía tan irracional y cruel, como todas, en sus formas, pero diferente en sus contenidos. Se trataba de señalar el punto débil del capitalismo: la desigualdad. El apóstol de los dirigentes no era un revolucionario desequilibrado sino un pensador de la economía, Thomas Piketty, que ha vendido más libros que un novelista de supermercado.

Él sostiene que el problema que acabará con el capitalismo es la desigualdad y sostiene que es indispensable para la supervivencia del sistema una mejor distribución de la riqueza. La protesta en Chile terminó con la abrumadora aprobación de una constituyente para diseñar una nueva Constitución.

Esto hizo creer a los revolucionarios y políticos soñadores de la nueva generación que se abría el camino para una Constitución populista repleta de promesas, quimeras y declaraciones vacías en cientos de artículos. Los derechos ancestrales, sistemas de justicia diferenciados y mecanismos distributivos de la riqueza demagógicos, fueron incluidos con entusiasmo y creyeron los agitadores, los noveles políticos y las feministas que el pueblo tomaría de un solo bocado la rueda de molino preparada por la primera Asamblea Constituyente paritaria del mundo. Recibieron la lección democrática de su vida.

¿Querían más democracia?

La democracia consiste en la capacidad de los electores de derrotar las propuestas de sus gobernantes y devolver a sus legisladores las leyes para que hagan mejor su trabajo. Con una participación sin precedentes en las urnas, casi el 62% de los ciudadanos de Chile le dijo NO a la nueva Constitución y demostró que la sociedad no está compuesta por borregos, que los más gritones no son los más acertados y que se puede rechazar a los líderes del modo más pacífico y civilizado que se conoce.

La Consulta Popular chilena vuelve a cero la propuesta política más importante que se haya trabajado y obliga a iniciar de nuevo la tarea de darle a Chile un objetivo común, derechos iguales y reales para todos y mejor distribución de la riqueza para corregir un modelo que no ha sido bueno para todos.

¿Qué consulta se plantea el gobierno ecuatoriano?

En Ecuador se anuncia una Consulta Popular para salir de cero, abandonar el inmovilismo y plantear reformas que hagan posible la gobernabilidad, la recuperación y el crecimiento económico para darles a todos los ciudadanos la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida. El pueblo elige a sus gobernantes para que tomen decisiones, para que sean sus representantes; sólo en casos excepcionales tiene sentido pedirle al pueblo que tome las decisiones y por tanto deben ser asuntos fundamentales. No se debe consultar al pueblo banalidades solo con el propósito de medir popularidad ni hacer consultas tramposas escondiendo los verdaderos propósitos de la consulta.

La espada como fetiche

Hay muchos ejemplos de rechazo de los electores a consultas y hay que estudiar cada caso cuidadosamente. Puede ser simplemente el gusto de los electores de decirle NO a un gobierno, puede ser rechazo a la publicidad invasora y mentirosa; aprobación o rechazo de la gestión; elección de la opción menos mala; puede ser, por último, ejercicio del sentido común. Todavía no sabemos cuáles serán las preguntas del gobierno, pero sabemos cuáles son los problemas del país: inseguridad ciudadana, desempleo, narcotráfico, corrupción. Si la consulta no toca esos temas puede pensar la ciudadanía que no se trata de intereses ciudadanos sino de intereses políticos.

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