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Brasil y América Latina en manos de la izquierda

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Esta vez acertaron las encuestas en Brasil al adjudicarle la victoria a Lula da Silva, aunque muy estrecha, con menos de dos millones de votos de diferencia entre más de 118 millones de votantes. Con la mitad del país en la derecha y sin mayoría legislativa, el gobierno de Lula no será fácil.

Foto: Ricardo Stuckert – Flickr Lula Oficial

Brasil es una potencia mundial, es la economía más grande de la región, dueña de la mayor parte de la Amazonía y parte de los “BRICS”, países emergentes con grandes extensiones de territorio y población (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica). La sola posibilidad de que se reactive el papel de estos países que tienen un peso muy grande en la gobernanza financiera y reclaman mayor representación en los organismos multilaterales, le confiere a la elección importancia de carácter global, por eso entre los primeros en felicitar al nuevo presidente han estado los líderes de Estados Unidos y de Rusia, Joe Biden y Vladimir Putin.  La guerra de Ucrania y el desafío de Putin a occidente confieren a esta elección un valor geopolítico de enorme trascendencia.

La última oportunidad política

Polarización política extrema

La decisión de los electores brasileños entre Lula da Silva y Jair Bolsonaro ha sido tan polarizada que la diferencia es de menos de dos puntos porcentuales. La izquierda gana la presidencia, pero la derecha tendrá mayoría en la legislatura. Después de una campaña muy agresiva y la división en bandos de difícil reconciliación, el gobierno enfrenta el reto de cumplir promesas casi imposibles.

Lula da Silva tiene a su favor la corriente latinoamericana inclinada a la izquierda, las cinco economías más grandes son de izquierda, también su pasado será una ventaja porque tiene experiencia, hizo un gobierno bien calificado por todos y logró sacar de la pobreza a millones de brasileños. Sin embargo, pesan en su contra las acusaciones de corrupción no solo de él mismo que pasó por prisión, sino de otros funcionarios del Partido de los Trabajadores.

La frase más elocuente de Lula después de la victoria fue: “Intentaron enterrarme vivo y aquí estoy”. Lula es un resucitado, pero el pasado no vuelve, y las circunstancias de gobierno serán muy diferentes. Las prioridades que ha planteado el presidente electo: reconciliar a los ciudadanos de Brasil, combatir el hambre y la pobreza, poner a Brasil en el centro del tablero mundial y poner fin a la deforestación en la Amazonía. Ante sus esperanzados electores Lula prometió garantizar tres comidas diarias a 100 millones de brasileños que viven en la pobreza. Es inaceptable que haya ciudadanos que no tienen garantizada la alimentación, dijo, siendo Brasil el tercer productor mundial de alimentos y el mayor productor de proteína animal.

Las dificultades en el camino de Lula

El peor enemigo de Lula será la polarización política extrema que no solo afecta al electorado sino a los medios de comunicación y a las instituciones y organizaciones de la sociedad. Los ejemplos abundan; desde las encuestadoras que le daban a Lula la victoria en primera vuelta y que Bolsonaro consideró errores de mala fe, hasta las alarmantes denuncias de los medios de izquierda sobre una eventual negativa a entregar el poder a Lula. Durante la campaña electoral los defensores del medio ambiente aseguraban que la victoria de Bolsonaro sería la liquidación de la Amazonía y los medios le han tildado de ultraderechista y fascista.

Helsimara Tellez, presidenta de la Asociación Brasileña de Encuestadores Electorales (ABRAPEL), atribuye a Bolsonaro la corrosión de la confianza en las instituciones de la democracia, aunque es un mal generalizado; la expansión de las iglesias pentecostales, como si la aprobación del presidente tuviera un carácter religioso; la corrupción política con el reparto de recursos y la creación de subsidios para los pobres, como si la izquierda no fuese especialista en estas prácticas. Tellez concluye diciendo: “Brasil ha ganado una batalla, pero aún no ha ganado la guerra contra la derecha radical, que está enquistada en muchos corazones e instituciones del país”. Para los ganadores la tarea más importante es la reconciliación, pero el temor a Bolsonaro y sus partidarios agita todavía las pasiones y coloca a Brasil en estado de guerra.

Bolsonaro todavía no ha concedido la victoria y quedan dos meses para que se posesione Lula, los factores de división son numerosos y, tal vez, el más importante puede ser la conducta de algunos partidarios de Lula que sostienen que el presidente derrotado debe ser llevado a los tribunales por sus responsabilidades en el manejo de la pandemia, el uso de los recursos del Estado en la campaña electoral y la participación de los hijos del presidente en los asuntos públicos.

Lula da Silva fue candidato a la presidencia por el Partido de los Trabajadores y en la cuarta elección llegó al poder. El primer obrero metalúrgico que ha llegado a la presidencia en la que estuvo siete años hasta el 2010. Acusado de corrupción estuvo preso durante año y medio hasta que fue finalmente absuelto por un juez alegando que no había tenido un tribunal imparcial.

Es difícil predecir qué clase de izquierda encarnará Lula en su retorno. La experiencia de un gobierno exitoso de tendencia más socialdemócrata que de extrema izquierda podría acercarle a Boric y Petro hacia una izquierda más civilizada. El apoyo de los populistas de izquierda para su renacimiento y la presión de la derecha pueden llevarle a extremos en su segundo mandato. El primer presidente que le ha visitado ha sido Alberto Fernández de Argentina que representa la izquierda fracasada y acorralada por los errores de su programa económico.

La espada como fetiche

Lula nació y vivió en la pobreza hasta que se convirtió en obrero metalúrgico; por su pasado es visto por los pobres como uno de los suyos y como la gran esperanza para salir adelante. De acuerdo con su biógrafo, cuando Lula quiso retirarse de la política, después de haber perdido tres veces, Fidel Castro le dijo: “Escucha Lula, no tienes derecho a dejar la política. No tienes derecho a hacerle esto a los trabajadores”. A los 77 años, después de haber llegado a la gloria (Barach Obama le dijo que era el presidente más popular del mundo), y después de haber caído y haber pasado por la cárcel, Lula empieza de nuevo y vuelve a ofrecer esperanza a los pobres de Brasil y a los populistas de América Latina.

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