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‘Mi papá, el empresario’

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En una empresa familiar pueden darse grandes diferencias entre sus miembros. Pero hay más aspectos positivos que debe conocer.   

Foto: @KateMangostar – Freepik

El trabajar en la empresa familiar es un reto no solo por los inconvenientes y las responsabilidades sino por el crecimiento interno que esto implica. Cuando interactuamos con la familia en ámbitos que no son los habituales, te enfrentas a un proceso de crecimiento interno. Descubrimos similitudes y diferencias que no habíamos notado, nos orgullecemos de los éxitos de la familia pero también nos decepcionamos de malas decisiones que de una u otra manera involucran a toda la familia. 

Uno cree conocer bien a nuestro núcleo familiar pero al interactuar en ámbitos con actores distintos como son los demás colaboradores y en problemáticas nuevas y muy complejas suelen llevarnos a conocer lados que desconocíamos de estas personas, en especial, de quienes consideramos más cercanos como pueden ser nuestros padres. 

La crisis saca a relucir características que no sabíamos que teníamos o que nuestros familiares tenían. Podemos admirarlos más por ser resilientes y fuertes, pero también cierto tipo de decisiones pueden que tengan un distinto impacto en un contexto de crisis y que nos afecten más que en otras situaciones. 

Por lo mencionado anteriormente es importante aceptar que nuestros padres son humanos y que cometen errores y que no siempre serán los superhéroes que los catalogamos. El descubrirlo y asimilarlo puede ser un proceso doloroso en muchos casos. Verlos caer por sus errores es duro ya que los hemos creído invencibles, míticos y perfectos. Sin embargo, dentro de este proceso, aunque resulte contradictorio, es cuando más aun los admiramos porque el hecho de compartir un mundo real fuera de la burbuja familiar hace que ese ser mítico cobre vida. 

Es una oportunidad única el trabajar en la empresa familiar porque no siempre se puede aprender de ellos en un ámbito cien por ciento laboral. Su experiencia es valiosa no solo para replicarla sino para saber lo que quizás no sería bueno copiar. 

Por las razones que han sido expuestas la decisión de trabajar no es la más fácil ni la más cómoda. Es un reto día a día porque hay que aprender a manejar la nueva dinámica familiar que puede verse afectada o beneficiada por el éxito y los problemas de la empresa. Pero es también la oportunidad de poner en práctica ideas que en otra organización nos puede tomar más tiempo y esfuerzo llegar a implementarlas. 

La clave está en que ambas generaciones deben entender que el bienestar de la empresa familiar es lo que las dos generaciones quieren pero que lo ven de distinta manera por el contexto en el que crecieron y se desarrollaron y también por las prioridades y preferencias que cada generación representa. 

Los choques entre los miembros de la familia pueden afectar la continuidad de la empresa y las relaciones no solo entre miembros de la familia sino entre todos los colaboradores. Hay que saber escoger que peleas vale la pena luchar y que otras es mejor ceder mientras se da la transición de poder entre una y otra generación.

No es fácil, pero si hay que saber cambiarnos de lentes constantemente para poder ver, por ejemplo, a nuestros padres con los lentes de empresarios o visionarios que en su momento fue líder de lo que hacía y en la casa con los lentes de padre. Es un ejercicio constante, pero trabajar en una empresa familiar es una ventaja que no vale la pena desperdiciar porque no solo haces crecer el esfuerzo de una familia sino que puedes crecer personal y profesionalmente junto a la gente más importante en la vida. 

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