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Los negocios y el corazón

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Es cierto que uno tiene que hacer lo que le apasiona y si por eso recibes una contribución económica habremos alcanzado el éxito. Al hacer lo que a uno le gusta el trabajo o los negocios no se vuelven una carga sino una pasión.

Foto: @jopwell – Pexels

Es así que un emprendimiento crece o que logramos tener una carrera profesional dentro de un negocio o empresa. Sin embargo, hay una línea muy fina entre ponerle corazón a las actividades y decidir con el corazón. A esto me refiero a que es necesario ponerle sentimiento y propósito a lo que hagamos y es esa conexión la que nos permite llegar a la meta. Esos sentimientos nos permiten afrontar los problemas, las épocas complejas y saber comprometerse hasta ver el resultado deseado.

El único ganador es el resentimiento social

La toma de decisiones, en cambio, debería ser lo más objetiva posible. Por citar ejemplos, hay fundadores que se rehúsan a ver la poca rentabilidad de su negocio y por eso se niegan a diversificarse o hasta a cerrar.  Siguiendo al corazón muchos empleados se mantienen en la organización, aunque su productividad no sea la esperada. Peor aún hasta se pueden crear puestos de trabajo para apoyar a colaboradores para que no pierdan su trabajo. Todo este gasto de energía podría ser canalizado para buscar mejoras realmente rentables y necesarias para la empresa.

Esta es una linda acción siempre y cuando uno tenga como objetivo tener una fundación, caso contrario a la corta o la larga estas decisiones sentimentales van a pasarle factura a la empresa en sí. Uno de los colaterales más fuertes es que poco a poco la lógica y la objetividad se pierden y las autoridades van perdiendo terreno mientras que los colaboradores, proveedores, o cualquier otra parte interesada van apoderándose de la toma de decisiones.

Ahora claramente uno debe escuchar la opinión y el criterio de las otras partes interesadas para tener un consenso para la implementación de cualquier plan de acción pero eso es distinto a que sean ellos quienes ejerzan mayor presión por una decisión que no sea objetiva. Algunas de las causas para perder la imparcialidad son las relaciones de consanguinidad, la devolución de favores de niñez, o cualquier otro tipo de fraternidad.

Dejándonos llevar por esto podemos poner en riesgo el negocio. De hecho hasta a largo plazo puede poner en riesgo las mismas relaciones por las que se nubló la objetividad.

Un amor a la medida

Es importante que no perdamos de vista la razón por la que iniciamos un emprendimiento o aceptamos un trabajo.  Solo así podremos mantenernos firmes ante situaciones que muchas veces nos dejamos ganar por el corazón poniendo en riesgo nuestros sueños a corto y largo plazo.

Dentro de las empresas familiares es donde más pueden ocurrir este tipo de situaciones y es por eso que se recomienda la elaboración e implementación de un Protocolo de Familia para tener las reglas claras desde un inicio y estructurar todos los procesos de toma de decisiones para que estos no pierdan la objetividad. Evitando de esta manera discusiones familiares y sentimentales que debiliten la productividad de quienes sí se quedan en la organización.

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