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Criterios Empresa

Liderar sin autoridad

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Las trabas de carácter laboral -que se profundizaron con las crisis por la COVID-19 y el Paro Nacional- hacen que los ambientes de trabajo se vuelvan hostiles y en especial que los directivos de la organización pierdan autoridad.

Foto: @YanKrukov – Pexels

Si bien es cierto que de manera general la economía ecuatoriana se ha reactivado; las empresas están con baches que aún no logran tapar. En especial en cuanto a pagos a las Instituciones del Estado y a las relaciones laborales.

Emprendimientos con causa

De hecho, esta última es la más difícil de tratar porque el empleador siempre tendrá las de perder. Si hay baja de actividad, falta de liquidez o problemas de fuerza mayor, los empleados no son condescendientes con estos eventos ya que sus derechos no pueden ser modificados bajo ninguna ley.

Aunque el fin del Estado y de muchos empresarios es buscar el bienestar de sus trabajadores y de todas sus partes interesadas, la rigidez del Código de Trabajo actual limita cualquier medida sustituta o temporal que pueda servir al menos para pasar el tiempo de crisis.

Aquí considero importante topar un tema sobre la moralidad de ciertas acciones.

Legalmente para los empleados en crisis, como la que pasamos por la COVID-19 o la paralización de junio 2022, sus sueldos no pueden ser modificados. Sin embargo, siempre pueden existir acuerdos entre las partes y pueden pasar como días de vacaciones o licencias, pero eso depende del nivel de consciencia de los trabajadores. 

Pese a que, moralmente sería injusto cobrar por días/meses de no trabajar, pero bajo la legalidad es lo que les corresponde a los empleados.

Es ahí donde empiezan a haber desfases en las empresas y son valores que se van acumulando, ya que recuperar esos déficits puede tomar mucho más tiempo que la paciencia de las partes interesadas en general.

Si bien, durante la cuarentena del 2020 se pudieron solicitar licencias, toma de vacaciones entre otras medidas, los tres meses que la ley permitía resultaron cortos para la gran mayoría de industrias.

Ahora que empiezan a tener un ritmo relativamente normal de trabajo se empiezan a sentir esos huecos financieros. Las trabas por deberle al IESS sobre planillas que el personal no trabajó y por no lograr saldar deudas antiguas con los empleados hacen que los ambientes de trabajo se vuelvan hostiles y en especial que las autoridades de la organización pierdan autoridad.

Eso implica liderar sin autoridad ya que los empleados saben que pueden manipular y exigir sus derechos. Está correcto, pero cuando la situación que los llevó a esto no era un despilfarro sino una crisis global y nacional creo que todos deberíamos ser más empáticos.

La continuidad de la empresa es la continuidad del colaborador.  Es por eso que se necesita del trabajo de ambos para ir reduciendo paulatinamente esos déficits. No obstante, la empatía es exigida por toda la sociedad basada en resentimientos y no en hechos.

El empresario o el emprendedor no deben ser los únicos que se sacrifiquen y pierdan. La empresa es un colectivo de todas sus partes interesadas y el empuje de todas ellas es lo que les permite alcanzar el éxito. Pero como dicen en el fútbol cuando ganan son los jugadores las estrellas y cuando pierden son los dirigentes.

El compromiso de la reactivación

Podemos traducir esto a nivel empresarial y los éxitos se plasman en utilidades para los empleados y las pérdidas las afronta únicamente los accionistas o Alta Dirección.

Espero que las negociaciones a la interna de las empresas les permitan a todos mostrar su empatía y no basarse únicamente en la legalidad de los hechos.  No por ser legal una acción puede convertirse en una herramienta de manipulación cuando el objetivo de todos es salvar el barco.

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