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¿Sinceridad o grosería? Las claves para una comunicación asertiva

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Las palabras crean realidades. Aquí la guía de un especialista para comunicar mejor las ideas en distintos escenarios cotidianos en el trabajo.

Foto: @fauxels – Pixels

-¡Yo digo lo que siento, si les disgusta no es mi problema!, declaraba exaltada Ana, la Gerente de Ventas.  

-Por eso no soy bolita de oro para gustarle a todo el mundo, dijo a modo de cierre de su intervención. 

Los miembros de su equipo se quedaron atónitos, después de haber escuchado que eran mediocres y que no servían para nada, sus sentimientos estaban por el piso y su motivación notablemente afectada. 

¿Es necesario ser groseros cuando expresamos nuestros sentimientos? ¿Es forzoso comunicar todo lo que pensamos? ¿Cómo afectan a los demás nuestras palabras? ¿Siempre es el mejor momento para verbalizar emociones?

“La diferencia básica entre ser asertivo y ser agresivo es lo que nuestras palabras y comportamiento afecta a los derechos y el bienestar de los demás”, Sharon Anthony Bower

Existe el paradigma que ser honesto es sinónimo de ser grosero, expresar pensamientos, necesidades o emociones sin considerar cómo estas palabras afectan a los demás. De hecho, muchas personas se jactan de poseer una comunicación clara sin considerar la cantidad de heridas emocionales que van dejando a su paso. Esta conducta es más recurrente en quienes se sienten envestidos por una posición de autoridad: jefes en el trabajo, padres, docentes o cualquier otro tipo de rol que denote potestad sobre las otras personas; pero ¿cómo afectan las palabras al compromiso, motivación y empoderamiento de los demás?

La comunicación asertiva es la capacidad de expresar ideas, sentimientos, necesidades y opiniones de forma clara, directa, segura y honesta, al mismo tiempo que eres empático y respetuoso con los sentimientos de otras personas. Algo primordial es tener claro que nadie es dueño absoluto de la razón y nadie está totalmente equivocado, por eso, cuando compartamos nuestros puntos de vista y defendamos nuestros derechos, también debemos respetar los derechos, creencias y emociones de otros; para esto se deben gestionar adecuadamente las emociones, tener empatía y ser conscientes de lo que estamos expresando. 

Los elementos que se deben considerar para lograr el asertividad como estilo de comunicación son aquellos que responden a las interrogantes: qué, cómo, cuándo, para qué y dónde decir las cosas.

¿Qué decir?

Consiste en cuestionarse si lo que va a expresar es real o es un supuesto, si no estamos seguros, es mejor expresar como una ‘percepción’, más no como aseveración; por ejemplo: en lugar de asegurar “le pones pocas ganas a tu trabajo”, podría decir “percibo que estás desanimado”. Como se puede notar, la segunda opción deja una ventana abierta al diálogo, incluso al feedback

¿Cómo decir las cosas?

Es vital identificar la forma en que se expresan las ideas, la carga emocional que se le imprime al mensaje le da sentido de agresividad, pasividad o asertividad; por eso es necesario ser conscientes de los tonos, matices y lenguaje corporal que se utilizan en la comunicación. En ocasiones aseguramos que otras personas se recienten por palabras inofensivas, en estos casos es prudente evaluar cuál fue la carga emocional con la que se trasmitió el mensaje, seguramente esta le dio una connotación diferente. 

¿Cuándo decir las cosas?

No siempre es el mejor momento para abordar un tema de conversación, muchas veces los estados emocionales del receptor le impiden procesar con imparcialidad el mensaje y le dan una interpretación negativa a todo lo que receptan. El comunicador asertivo mantiene calibrada su percepción emocional y sabe que, cuando su interlocutor se encuentra en un estado poco receptivo, las palabras ayudan poco y muchas veces robustecen el conflicto. Es aconsejable darnos un tiempo para que las emociones vuelvan a su cause normal y retomar el diálogo.  

¿Para qué decir las cosas?

Consiste en cuestionarnos cuál es el objetivo de la comunicación, ¿mis palabras, ayudarán a la solución de la situación, aportarán valor? O, por el contrario, ofenderán y agudizarán el problema. No todo lo que sentimos merece la pena ser expresado, por ejemplo, si percibe que una persona se está comportando de forma infantil y arrogante, ¿realmente solucionará en algo que se lo diga?

¿Dónde decir las cosas?

El lugar donde se comunica le da sentido simbólico al mensaje. Existen zonas viciadas de memorias emocionales disfuncionales o que implican autoridad para una de las partes, por ejemplo: la oficina del jefe no es el mejor lugar para entablar un diálogo personal en el que se experimente rapport, ya que prevalecerá el sentido de autoridad implícito en el espacio. 

Como estrategia se recomienda evitar estos espacios viciados y optar por hablar en un ‘terreno neutral’; por ejemplo: salir a un parque cercano, caminar por la acera del edificio o, si se dispone de tiempo, ir a una cafetería para entablar el diálogo.

“Sean cuales sean las palabras que usamos, deberían ser usadas con cuidado porque la gente que las escucha será influenciada para bien o para mal”, Buda.

Ser consciente y tomar acciones para cambiar la forma en que nos comunicamos puede cambiar nuestro mundo, la manera en que influimos en las personas y las huellas que dejamos en los demás ya que también son parte de nuestra misión como seres humanos, más aún si ejercemos un rol de autoridad.

Jamás olvidemos que hay palabras que quedan tatuadas en el corazón de las personas y que podrían ser determinantes en su autoestima y desarrollo personal. 

  • El autor es Doctor en psicología industrial, Licenciado en lengua y literatura, Máster en dirección y gestión de recursos humanos, Postgraduado en gerencia estratégica del desempeño empresarial. Además, es coach internacional certificado y Máster practitioner en PNL e hipnosis. También es colaborador de la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio de Quito.
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1 Comentario

  1. La comunicación asertiva es una aliada en la construcción de relaciones funcionales y un gran recurso de los líderes para solidificar su influencia positiva en los demás.
    Gracias Criterios Digital por publicar mi artículo.

    Responder

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