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“Estrés, no vuelvas otra vez”

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Los efectos de la pandemia son a todo nivel, incluso el personal. Para enfrentar el estrés diario, en la empresa, el trabajo y el hogar, hay que ajustar la rutina. ¿Cómo?

Foto: @Energepic – Pexels

Los efectos de la pandemia han tenido serias repercusiones en toda la humanidad y por supuesto, los emprendedores y los empresarios no han sido la excepción. Las medidas adoptadas por la mayoría de Gobiernos, tales como el distanciamiento social, los toques de queda o el confinamiento, así como las desproporcionadas bajas en las ventas y en las utilidades, aumentan la ansiedad y provocan serios casos de estrés.

El estrés puede considerarse como un estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal que a la vez causa frustración, sentimientos de temor, cambios en los niveles de energía, enojo u otro tipo de sentimientos y/o emociones negativas, todos los cuales afectan seriamente la salud.

Ahora bien, es necesario entender que el estrés en sí mismo no es nocivo, pues es un elemento fundamental de supervivencia humana, ya que es la respuesta fisiológica y sicológica del comportamiento de las personas, en especial para adaptarse a distintas situaciones. 

De hecho, es un factor que activa el organismo para defenderse de situaciones como la rutina y las zonas de confort. Por ejemplo, cuando estamos pensando en una nueva estrategia empresarial, en un cambio en una zona de ventas o en hacer un nuevo plan de trabajo, el organismo está alerta, preparado mentalmente para aceptar retos y entonces estaríamos frente a finalidades provechosas a través del “estrés bueno”.

Desde el punto de vista laboral, el estrés es “malo” especialmente cuando existen situaciones extremas que no se saben manejar y repercuten negativamente en las personas. A continuación relaciono seis casos precisamente considerados dentro de este esquema:

  • El “Loco acelerado”:

Es de habla rápida, interrumpe frecuentemente a los demás, pone en todo lo que hace, más del esfuerzo requerido sin saber su prioridad e importancia. En el trabajo es conocido como el que se siente insatisfecho si no trabaja más que los demás. 

  • El “Señor preocupación”:

Piensa que preocupándose se arreglan los problemas, pero de hecho no hace nada por solucionarlos. Vive frecuentemente amargado, haciéndose preguntas para las que no encuentra respuestas. No le queda fácil entender que antes que preocuparse, debe es buscar ocupaciones productivas.

  • El “Autodestructivo”: 

Tiene deficientes hábitos de salud y alimentación, fuma y/o bebe en exceso, usa tranquilizantes, estimulantes, antiácidos u otro tipo de fármacos que le recomiendan amigos o relacionados que han estado en su mismo trance. Siempre está con algún tipo de enfermedad. 

  • El “Sin Objetivos”: 

Tiene grandes dificultades en diferenciar lo que quiere, de lo que realmente necesita. Considera su vida como un transcurrir rutinario y sin retos. Con inusitada frecuencia se queja de todo y por todo. Parece en perpetua “crisis de mediana edad”.

  • El “Solitario”: 

No sabe cómo establecer relaciones de confianza con la gente. Se siente como una inmensa carga para los demás, tiene inseguridad en sí mismo y desconfía de todos sin ningún motivo válido. Pone excusas para no trabajar en equipo y es asocial.

  • El “Siempre débil”: 

Sufre frecuentes dolores y períodos de intensa depresión. Cree que las demás personas están aprovechándose de él. No realiza emprendimientos o nuevas formas de hacer los trabajos pues tiene la creencia que cualquier actividad es demasiado difícil para hacerla. 

Los ejemplos anteriores y otros que pudieran darse, usualmente se presentan en tres fases:

  1. Alarma: La respiración es entrecortada y acelerada, aumenta el ritmo cardiaco y la presión arterial, hay sensación de tener un nudo en la garganta o en el estómago y hay ansiedad, angustia.
  • Resistencia: En   esta   etapa se adoptan conductas diferentes.   Algunos   se    preparan (a veces excesivamente) para afrontar   el   estrés, mientras otros, a pesar de saber que deben tomar decisiones importantes, dejan pasar el tiempo sin tener el cuidado de buscar y analizar soluciones.
  • Agotamiento: Durante esta fase es muy común que la persona afectada desarrolle algunos desequilibrios que provoquen que el organismo pierda su capacidad de activación y en consecuencia, no se quiera realizar ningún tipo de actividad.

Cualquiera que sea la razón que produce el estrés, es prudente tener en cuenta las siguientes consideraciones y de esa forma podamos asegurar ya sin temor a equívocos: “Estrés, no vuelvas otra vez”:

  • Duerma lo suficiente para que el organismo reciba su descanso natural.
  • Tómese descansos breves durante las horas laborales (pausas activas).
  • Limite el mirar o escuchar noticias (la gran mayoría de ellas son nocivas).
  • Aliméntese de forma saludable y disminuya las “comidas chatarra”.
  • Desarrolle ejercicios frecuentes sin que llegue al agotamiento.
  • Comuníquese con sus familiares y amigos y proponga temas diferentes al de la pandemia.
  • Practique yoga o ejercicios de relajación con los que pueda regular el equilibrio emocional, mental y la paz interior.
  • Los métodos de control de respiración y meditación son también excelentes fórmulas para mejorar sus hábitos de vida.

Finalmente, recuerde que un nivel moderado de estrés no solamente es normal sino necesario y por ello, no rehúya los desafíos sanos, la creatividad, los retos empresariales y sociales y esté alerta a tener objetivos que valgan la pena y lo mantengan activo para ser muy productivo en el actual y competido mercado laboral.

  • El autor es Docente invitado en talleres de Gerencia Estratégica, Inteligencia Emocional y Sostenibilidad y Sustentabilidad en la UIDE y en la Cámara de Comercio de Quito-. Además, es Consultor Empresarial en los temas relacionados y Autor de tres libros de temas empresariales.
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