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Los acuerdos comerciales del Ecuador: pasado y futuro

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El actual Gobierno busca nuevos acuerdos comerciales. Esto mientras los cuestionamientos a estas iniciativas se convirtieron en mitos que se han ido desmoronando. Lea este análisis.

Foto: @dashu83 – Pixabay

Decir que Ecuador cuenta con 10 acuerdos comerciales suena a poco, en particular comparado con Chile con 30 acuerdos comerciales notificados a la Organización Mundial del Comercio, o la Unión Europea con 46 notificaciones. Pero estos números pueden resultar engañosos. 

Si damos una mirada a nuestra red de acuerdos, en primer lugar, advertiríamos que el de Nicaragua, El Salvador, Cuba, así como los actuales acuerdos con México y Guatemala, son acuerdos de alcance parcial, que cubren pocos cientos de partidas arancelarias (de un universo superior a las 7 000 partidas). 

En la práctica, el ACE 59 con los países del Mercosur también lo es, puesto que varios de los productos que se desgravan en el acuerdo no han visto sus aranceles reducirse efectivamente porque no se ha establecido las reglas de origen necesarias para la aplicación de preferencias. Además, basta ver que un acuerdo como el Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico de Chile, equivale a varios de nuestros acuerdos comerciales juntos, en términos de cobertura, signatarios y comercio abarcado.

En este contexto, ¿qué implicaciones tiene el objetivo anunciado por el presidente Lasso de suscribir acuerdos de libre comercio con las diez economías más grandes del mundo al menos, incluidos a EE.UU., China, Japón, Corea del Sur y también el grupo de Euro-Asia?

A efectos de responder esta pregunta conviene identificar dos tipos de acuerdos comerciales. Los de cobertura media y los que crean una zona de libre comercio. Hasta 2016, Ecuador contaba con un solo acuerdo de libre comercio: la Comunidad Andina (CAN), específicamente el Acuerdo de Cartagena. Gracias a él, desde 1993, existe eliminación total de aranceles para el universo de productos entre los cinco (actualmente cuatro) países andinos. 

En enero de 2017 entró en vigor el Acuerdo Comercial Multipartes con la Unión Europea (ACM), que más allá de la retórica política que resultó instrumental a su ratificación, es en realidad un acuerdo de libre comercio. 

El ACM y la CAN difieren del resto de acuerdos por tener una cobertura amplia que abarca prácticamente todas las mercancías, con una eliminación de aranceles para más del 90% del comercio, y que incluyen ámbitos como Propiedad Intelectual, Servicios, Contratación Pública, entre otros. Al ACM le sucedieron tres acuerdos de similares características: el acuerdo con los países de EFTA (2020), el acuerdo con Reino Unido (2021) y el nuevo acuerdo con Chile. Este último en el marco del proceso de entrada a la Alianza del Pacífico.

Los acuerdos anunciados con Estados Unidos, China, Japón, Corea y Unión Económica Euroasiática previsiblemente no serían acuerdos de alcance parcial, sino para establecer áreas de libre comercio. Esto abre una nueva página para el Ecuador en materia comercial. 

Un comercio basado no solo en las mercancías, sino con un importante componente de servicios, anclado a normativas de protección para la propiedad intelectual que permitan atraer inversión productiva y con un atractivo marco jurídico para protegerlas. Esto permitiría recuperar los años de ventaja que nuestros principales competidores de la región nos llevan gracias a las preferencias arancelarias derivadas de los acuerdos que negociaron oportunamente y que el Ecuador miró con suspicacia. 

El tiempo de implementación del ACM ha permitido desmitificar ficciones que se crearon entorno a los acuerdos de libre comercio. Hasta la fecha, las industrias cuyo fracaso se auguraba no han desaparecido, en muchos casos se han integrado y encadenado. Las premoniciones del desastre en materia de Propiedad Intelectual y Contratación Pública resultaron falsas (basta ver que ningún proveedor europeo ha solicitado la aplicación del ACM en un proceso de contratación pública). Su efecto positivo en el comercio y la producción han generado una base de sólida confianza en la ciudadanía y el empresariado.Ecuador entró tarde a la OMC, entró tarde al ACM, fue invitado en 2011 a ser Miembro Parte de la Alianza del Pacífico, pero privilegió el ALBA.

La agenda trazada permitirá retomar parte de ese tiempo perdido, pero requiere alineación de todas las instituciones y compromiso del más alto nivel. Esta es la oportunidad histórica para un Ecuador más abierto, competitivo, productivo, un Ecuador más eficiente.

  • El autor es Coordinador Nacional de la Alianza del Pacífico y Subsecretario de Origen, Defensa y Normatividad Comercial del Ecuador. Es también es el negociador principal de Ecuador de propiedad intelectual, contratación pública y competencia. Docente de la carrera de Negocios Internacionales de la UDLA.
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