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Redarquía y los equipos remotos exitosos

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Sacarle provecho a la crisis es el principal desafío para un líder. Un especialista hace recomendaciones para los equipos de trabajo.

Foto: @kjpargeter – Freepik

¿Cómo podemos saber si nuestra organización se transformó para innovar en tiempos de crisis? Es la pregunta clave en estos momentos para empresarios y emprendedores. El COVID-19 nos ha obligado a dar pasos que probablemente no se ejecutaban por falta de tiempo o recursos, y hoy es una necesidad para adaptarse con agilidad y flexibilidad para sobrevivir.

Hoy se habla de la nueva forma de teletrabajar, sin embargo, no solo es la tecnología la que ha evolucionado sino la cultura universal. Por eso los modelos de interacción necesitan dinamismo, movilidad y co-creación, que permitan obtener los resultados. Este principio se basa en las redes de confianza donde los miembros de un equipo están en la capacidad de tomar decisiones y organizar sus actividades, se relacionan de manera independiente con un objetivo en común: sacar adelante a la organización desde su frente de batalla.

La oferta de valor ha cambiado, así como la ventaja competitiva. Hoy tenemos un mercado mundial que ha marcado un ritmo del cual no se puede desacelerar, si bien el sistema jerárquico tradicional es necesario para aspectos claves de estrategia, el modelo de redarquía se ha construido con un enfoque de colaboración donde la comunicación transparente, con valores y con un constante reconocimiento a los méritos grupales sobre los individuales.

El engranaje permite un alto sentido de participación, coherencia y libertar para contribuir desde su experticia, pues hoy por hoy todos estamos pasando por una fase de aprendizaje y reaprendizaje profundo, aplicando herramientas que nos facilitan nuestra gestión y que permiten ser más efectivos.

El nuevo reto de estos nuevos equipos remotos, es sin duda la comunicación ágil y directa, sin interrupciones por la movilidad de traslado y optimizando recursos al máximo en tiempo y dinero; pues la conexión actual se puede intercambiar información; organizando agendas de manera sincrónica de muchas personas de distintos lugares locales o internacionales. 

Sacarle provecho a la crisis será el principal desafío para un líder, lo importante es no saturar estos canales de comunicación con aspectos irrelevantes, volver los procesos menos complicados para que las decisiones sean asertivas con la finalidad de minimizar el estrés de la multifunción y mejorar la productividad del equipo.

Manejar adecuadamente la energía, desarrollar ideas claras y lograr acuerdos con preguntas específicas, convirtiéndose en un verdadero agente de cambio que permite pasar a resolver el siguiente problema y no estancar al equipo en una situación por no tener la capacidad de ir al punto, dilatándola por entrar en rol de víctima en vez de ser protagonista, por ello es clave el uso del tiempo en reuniones de análisis más profundas y otras de decisión más rápidas dirigidas con metodologías para explotar la creatividad del equipo.

Los comportamientos individuales se van a alineando de acuerdo a la coordinación y sincronización de la exposición del problema y nos garantiza obtener mejores resultados que solamente exigirlos, es decir el líder debe estar preparado para hacer sacrificios al igual que su equipo. 

Una segunda acción clave en este nuevo modelo es la capacidad de sintetizar y utilizar mensajes claros y concisos, bajo la premisa “menos es más”, apoyarnos en la multidisciplinariedad y la diversidad de criterios que nos den otras perspectivas, juega un rol que impulsa el rendimiento del equipo.

Las ideas prioritarias permitirán un debate saludable, que permitirá una fácil interpretación de cada tema, no se debe mezclar varios temas a la vez porque eso interrumpirá el flujo de información y es mejor una cosa a la vez así se resuelve de manera ágil y se puede continuar con las demás.

La búsqueda incansable de sintonizar teniendo en cuenta que debe existir reglas de oro como prender la cámara para establecer una conexión emocional, tener la habilidad de moderar las videoconferencias para que no se pierdan las señales no verbales que mejoran la cooperación y la inteligencia colectiva.

Así el tono de voz, la mirada, los gestos faciales, deben ser parte de esta conversación digital que debe ser lo más armonizada posible para que no exista interrupciones, las personas sabrán cuando es apropiado intervenir si hay la apertura, y el grupo asentirá si se ha llegado colectivamente a una decisión.

Los datos numéricos importantes, las exposiciones relevantes, las presentaciones deben ser muy concretas, visuales y atractivas para vender las ideas, buscar los puntos a discutir, entender la problemática y, sobre todo, como se puede llegar al plan de acción.

Así los nuevos equipos remotos son más inteligentes, y con el apoyo de la redarquia se han vuelto más ágiles, hay que tener presente que toda esta transformación digital requiere de una inversión de tiempo, dinero y mucho aprendizaje. Si queremos que la cultura de nuestra organización no se quede atrás se debe tomar en cuenta estos aspectos para ser parte del ecosistema y no quedarnos fuera para que la innovación empresarial sea una competencia estratégica de la empresa o emprendimiento.

  • El autor es Jefe de la Escuela de Negocios Cámara de Comercio de Quito.
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