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Exprimiendo la naranja

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¿Qué debemos saber sobre la economía naranja? ¿Podemos esperar que se convierta en la gran impulsora del crecimiento económico latinoamericano? 

Foto: Andrea Piacquadio – Pexels

Esta denominación, que refiere a lo que siempre hemos conocido como industria creativa y cultural, se debe al libro que, en septiembre de 2013, publicaron el presidente de Colombia, Iván Duque, y su actual viceministro de Creatividad y Economía Naranja, Felipe Buitrago, titulado “La economía naranja: una oportunidad infinita” (disponible en el sitio web del BID, con más de medio millón de descargas).     

Como trabajo en la industria, hace más de quince años, puedo compartirles algunas ideas.   

Participantes

En la economía naranja podemos incluir a los emprendedores, empresarios y otros participantes de la industria creativa y cultural. Las actividades que engloba la economía naranja incluyen el diseño, el teatro, el cine, la música, el turismo, el desarrollo de software y todas aquellas disciplinas que utilizan la creatividad como recurso y/o insumo principal. Podemos incluir también actividades como la gastronomía (únicamente cocina de autor) y la moda (diseño de autor). 

Si bien la economía naranja incluye, como he mencionado, a la industria creativa y a la industria cultural, voy a marcar algunas diferencias fundamentales entre ellas. Estas características nos permitirán entender la diferencia en la calidad del “jugo”.  

Proveedores de servicios Vs. Artistas 

Mientras la mayoría de los emprendedores creativos son proveedores de servicios y trabajan respondiendo a pedidos de clientes, los emprendedores culturales se consideran a sí mismos como artistas y sus propuestas no responden a pedidos de clientes sino a iniciativas personales, como producto de su necesidad y/o su deseo de expresarse.

Ingresos por servicios (e inversión privada) Vs. Financiamiento público

Otra diferencia es que, mientras (la gran mayoría de) los emprendedores creativos venden sus servicios a un cliente (y cobran por ello), una gran proporción de emprendedores culturales presentan sus proyectos a entidades públicas, de las que esperan (y muchas veces logran) financiamiento.

Dividiendo las aguas

Remarcar esta diferencia es importante, porque mientras los proveedores de servicios compiten en el mercado por ofrecer mejores propuestas y precios para sus clientes, otras iniciativas obtienen financiamiento compitiendo por fondos públicos. 

Mientras una parte de los participantes de la industria genera ingresos y paga impuestos, otra parte vive de los impuestos. Y digo que “viven de los impuestos” porque en muchísimas ocasiones, en que presenté talleres para emprendedores culturales, no había espacio para explicar, ni actitud para comprender y aceptar la naturaleza de la venta de servicios a clientes dispuestos a pagar por ellos. En esos espacios, se daba por sentado que el Estado debía financiar esas iniciativas, porque “la cultura es un derecho”.   

Desde una postura personal, considero que sería mucho más apropiado denominar economía naranja a los emprendimientos creativos (o culturales), con ingresos por venta de productos y servicios y/o financiación privada, y buscar una denominación diferente para las iniciativas, actividades y participantes del sector artístico, con financiamiento estatal. 

Si pienso en colores y/o frutas yo seguiría denominando economía naranja a los primeros, y economía limón a los segundos. 

La diferencia principal entre ambas se encuentra en quién paga por el jugo. 

Jugo de naranja o Jugo de limón 

Existen innumerables oportunidades asociadas a la economía naranja. Y quizás también existan oportunidades asociadas a la economía limón. Pero esperar que el punto de partida, a través del financiamiento público, lo provea el Estado, y que los resultados sean promisorios, es como planificar en función del milagro.  

Esas oportunidades, que pueden ser el producto de la iniciativa personal de muchos emprendedores creativos y culturales para perfeccionar productos y servicios, para exportar esos productos y servicios creativos, para dar a conocer en el mundo la capacidad creativa y la cultura nacional, sí puede requerir del Estado algo mucho más importante que el dinero: la libertad para ejercer el comercio sin tantas limitaciones y restricciones, sin presiones, generando condiciones para que el jugo comience a fluir en forma de empleo, divisas y, por supuesto, también de impuestos. 

Y allí, comenzaremos a disfrutar del jugo de la economía naranja. Salvo que solo tengamos limones. En ese caso, haremos limonada. El problema será el precio al que la pagaremos y la cantidad de gente dispuesta a tomarla de manera voluntaria. Para mí, con un poquito de azúcar, por favor. 

  • El autor es director Maestría en Administración de Empresas – MBA de la UDLA, y director de la Maestría en Emprendimiento e Innovación – MEI de la UDLA.  
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