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La clave es el enfoque

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¿Esfuerzo, suerte, voluntad, perseverancia… qué más? Alcanzar el éxito es consecuencia de muchos factores. La clave sigue siendo el enfoque.  

Foto: @aatlas – Pixabay

A principios del siglo XX, muchos expedicionarios estaban interesados en conquistar el Polo Sur siendo los primeros en llegar. 

Hacia el año 1911, dos expedicionarios iniciaron esa travesía casi al mismo tiempo. El primero, inglés de nacimiento, llamado Robert Falcon Scott; el segundo, de nacionalidad noruega, llamado Roald Amundsen. 

Habiendo partido casi al mismo tiempo, cada uno eligió para su travesía un enfoque diferente: Robert Scott decidió que su expedición caminara todo lo que el cuerpo le permitiera los días de buen clima, para descansar los días en que el clima no acompañara. Por el contrario, Amundsen impuso la disciplina de caminar todos los días aproximadamente veinte millas, sin importar cuál fuese el clima. Días de buen clima: veinte millas. Días de mal clima: veinte millas. Días de tormenta: veinte millas. Días de sol radiante: veinte millas.   

Los resultados

El resultado obtenido en cada caso fue distinto.  

Amundsen llegó al Polo Sur el 14 de diciembre de 1911, mientras que Scott lo hizo el 17 de enero de 1912. Amundsen llegó primero y, además, lo logró el día proyectado. Adicionalmente, al regresar al campamento base, y caminando disciplinadamente como lo había hecho a la ida, también regresó el día previsto. 

En comparación, Scott no solo llegó al Polo Sur casi cinco semanas después de Amundsen, sino que no logró regresar al campamento base pues murió junto a su expedición en el camino de vuelta (alrededor del 30 de marzo). 

El enfoque es clave 

Este enfoque de las veinte millas implica que, no importa cuál sea el clima, mantendremos la disciplina de caminar todos los días lo que hayamos definido, para alcanzar nuestra meta de la forma y en el día previsto. 

Esto aplica al cumplimiento de metas personales y profesionales. No importa cuál sea el clima, no importa cómo se sienta, no importa qué haya sucedido ayer. Todos los días tiene que hacer algo que lo acerque al cumplimiento de su meta.

La pregunta clave: ¿tiene metas? 

Sin metas, usted trabajará en un listado de tareas – diario, semanal, mensual – sin orientar su esfuerzo a lograr algo valioso. Con metas, usted trabajará en un listado de éxitos a conseguir que le permita “levantarse todos los días con decisión, para irse a la cama todas las noches con satisfacción”, como escuché en alguna oportunidad. 

Juan Carlos de Pablo, economista argentino, dice que “hay que levantarse todos los días con la intención de encontrarle la vuelta al trabajo, a la empresa, a la vida”. Porque, como a nuestro alrededor todo cambia todos los días, lo que hoy funciona mañana no funcionará. Y la idea, compartida por muchos, de encontrar una solución que resuelva total y definitivamente la vida, de hoy en adelante, no es cierta.

Proyectar una solución que resuelva la vida definitivamente es una de las habituales formas de planificar en función del milagro. Y todos (o casi todos) sabemos que esa manera de trabajar no es del todo efectiva. Entonces, todos los días tendrá que hacer algo –lo que haya definido hacer– para acercarse a cumplir sus metas. 

Metas concretas, posibles y probables, permiten trabajar todos los días sin angustia y frustración. Una meta inalcanzable (por ejemplo, una meta muy grande en un plazo demasiado corto), puede lograr que abandone demasiado pronto. 

El abandonar demasiado pronto puede ser consecuencia de no comprender el impacto de la demora en el sistema en el que nos encontramos trabajando. Todo sistema tiene demoras – situaciones y/o eventos que retrasan la consecución de los efectos deseados – y si no sabe cuáles son, o no comprende su natural existencia, puede caer fácilmente en los brazos del desánimo.   

Compromiso y disciplina

Entonces, haga sol o esté lloviendo, se sienta bien o se sienta mal, esté de buen o de mal humor, camine sus veinte millas diarias para acercarse, todos los días, un poco más a su meta. 

Identifique su meta, plantéela en términos concretos y empiece a caminar. Descubra las demoras del sistema y no abandone. Porque la mejor forma de lograr lo que quiere es identificar qué es lo que desea alcanzar, listar las tareas que diariamente lo acerquen un poco a ello y ponerse a trabajar. Haga lo que pueda y hágalo lo mejor que pueda. Un paso a la vez, un día a la vez. El compromiso le permitirá comenzar y la disciplina le permitirá terminar.

  • El autor es Director de la Maestría en Administración de Empresas – MBA de la UDLA.
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