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Ansiedad y el rendimiento académico

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De acuerdo con UNICEF, la depresión y la ansiedad representan el 40% de los problemas de salud mental en la población entre 10 y 19 años.  

Foto: @8photo – Freepik

En un sondeo realizado a 8.444 adolescentes de entre 13 y 29 años en América Latina y el Caribe en 2021, un tercio de los entrevistados afirmó sentir ansiedad o depresión durante los últimos siete días. Es decir, los síntomas de ansiedad son problemas de salud comunes en la niñez y la adolescencia que pueden afectar a este grupo de la población en diversos aspectos. Uno de ellos se evidencia en el proceso educativo, puesto que la ansiedad es considerada un predictor importante del rendimiento académico.

La ansiedad es un estado emocional que incluye sentimientos de aprensión, tensión, nerviosismo y preocupación que vienen acompañados de un estado físico de alerta. La literatura ha demostrado que su presencia afecta al proceso de aprendizaje. Si la ansiedad se experimenta en repetidas ocasiones, en mayor intensidad o se considera un rasgo de personalidad del individuo incide en procesos cognitivos como la memoria de trabajo, la atención y la capacidad para retener información. Por ejemplo, en el caso de la ansiedad relacionada con las matemáticas, una persona ansiosa al ser examinada experimenta un aumento en la activad de las áreas del cerebro que se activan frente a una amenaza (la amígdala) y un decremento de la actividad neuronal que se asocia con el razonamiento lógico matemático y la memoria, como el hipocampo.

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Además de la relación con los procesos cognitivos, la ansiedad también se asocia con procesos no cognitivos. Las habilidades no cognitivas son los patrones de pensamiento, sentimientos y comportamientos que están ligados a rasgos de personales, actitudes y motivaciones. Así, dentro de las habilidades no cognitivas están las sociales y emocionales. Estas explican cómo los estudiantes gestionan sus emociones y las de los otros. Por ejemplo, los estudiantes que sufren de ansiedad normalmente se sienten abrumados por pensamientos y sensaciones psicológicas durante evaluaciones lo que afecta sus resultados en las mismas. Esto, a futuro afecta su motivación académica, capacidad para trabajar bajo presión, afrontar retos académicos y gestionar emociones en circunstancias de estrés.

En suma, la ansiedad implica efectos negativos en el proceso de adquirir conocimientos y por tanto al éxito escolar. Al mismo tiempo afecta a los rasgos de la personalidad y los skills no cognitivos que también son una parte importante del éxito estudiantil; y más tarde incluso, del éxito en el mercado laboral. Por tanto, además de los efectos negativos sobre la calidad de vida de niños y adolescentes, los problemas de salud mental pueden afectar el bienestar fututo de dichas personas.

La educación es uno de los ejes centrales del capital humano, tanto para el desarrollo integral de las personas como para el crecimiento económico y la productividad. Por tanto, los problemas de salud mental también implican costos a nivel de sociedad. Un estudio de London School of Economics calculó el costo mundial de las enfermedades de salud mental entre 0 y 19 años. Para realizar esta estimación se entiende primero la contribución que una persona tendría al año al Producto Interno Bruto, donde se asume que las enfermedades de salud mental pueden interrumpir dicha contribución. Se estima que se pierden anualmente 340 200 millones de dólares (en PPA) y la ansiedad genera un tercio de dicha pérdida.

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Para el caso ecuatoriano, se cuenta con datos sobre la frecuencia con la que se experimentan sentimientos relacionados con ansiedad en el entorno educativo como parte de las preguntas realizadas en las pruebas PISA-D del 2018. Estas pruebas evalúan a estudiantes de 15 años en matemática lenguaje y ciencias, pero también recogen información sobre factores asociados con las características del estudiante, donde se incluyen variables relacionadas con sentimientos de ansiedad y depresión. En este caso se tiene que alrededor de la mitad de los estudiantes perciben sentirse muy miedosos o temerosos, al 20 % le preocupa que los otros estudiantes piensen que es tonto, la mitad de ellos siente preocupación a que el maestro le haga una pregunta, al 23% le preocupa lo que los otros estudiantes piensen de él, aproximadamente el 19% de los estudiantes lloran sin razón aparente y un tercio se siente solo. Es decir, en el contexto local se evidencia, al igual que en la estadística a nivel internacional, cierta frecuencia de estos sentimientos en adolescentes, que deben tomarse en cuenta como parte del proceso educativo.

El contexto actual y la pandemia han demostrado que los jóvenes son un grupo de edad vulnerable con respecto a los problemas de salud mental. Por tanto, las estrategias a nivel escolar deben apoyar a los estudiantes con mecanismos para gestionar emociones generadas por el estrés escolar e identificar posibles trastornos de salud mental. Dichos esfuerzos son necesarios como parte de los procesos de mejora en la calidad educativa.

Sobre los autores

Andrea Yánez. Docente. Universidad de las Américas

Karla Meneses. Docente. Universidad de las Américas

Carlos Carranza. Asistente de investigación. Universidad de las Américas

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