Escribe para buscar

Empresa Noticias

La pandemia como evento de fuerza mayor en los contratos

Compartir

Hemos aprendido que hablar de Pandemia no nos absuelve de responsabilidad de manera automática. Conozca cuándo aplica esa figura legal.

Foto: Pressfoto – Freepik

Tras casi un año en un mundo en Pandemia y sus efectos: confinamientos, restricción a la movilidad nacional e internacional, limitación de aforos, cierre de vuelos y en general un duro golpe a varios sectores; hemos aprendido algunos aspectos, también, desde el campo jurídico en figuras que marcaron el 2020 y que se debatieron intensamente, entre ellas: el alcance de la fuerza mayor. Ya hemos oído repetidamente que “los contratos son ley para las partes”, en el que el incumplimiento de los acuerdos está establecida mediante rigurosas excepciones.

La figura de la “fuerza Mayor” o “caso fortuito” tiene nociones más o menos homogéneas en los sistemas jurídicos de todo el mundo. Está entendida como aquellos eventos “imprevisibles que no son posibles de resistir” y que nacen de aquellas circunstancias presentadas de manera súbita, sorpresiva y excepcional. 

Por lo tanto, se observan dos elementos fundamentales que deben ser evaluados para la liberación de culpa provocada por la fuerza mayor: 1) la imprevisibilidad del evento; y, 2) La irresistibilidad: imposibilidad material de continuar con lo pactado. 

Por un lado, la imprevisión implica la demostración rigurosa de hechos directos o indirectos que repercutieron en la posibilidad de cumplir las obligaciones pactadas, no bastando, únicamente ilustrar un evento extraordinario e inusual por más catastrófico que este sea (tifones, huracanes y la propia Pandemia). La irresistibilidad, en cambio, aparece como la circunstancia que no pueden ser evitadas, aunque se tomen las medidas razonables para prevenirlas o palearlas. 

La actual Pandemia producida por el COVID – 19, diríamos que cumple con el requisito de la imprevisibilidad e irresistibilidad, por ser imposible prever o contrarrestar, especialmente sus efectos que hemos sido testigos. Pero la aceptación de la Fuerza Mayor sí requiere de la demostración de los hechos subsecuentes que configuran la imposibilidad definitiva o parcial del incumplimiento. 

Con esto, hemos aprendido que hablar de Pandemia, per se, no nos absuelve de responsabilidad de manera automática, pues el verdadero impedimento no es el virus como tal, sino que al final del día han sido las medidas adoptadas por los gobiernos los verdaderos obstáculos del comercio y las transacciones (restricciones, limitaciones o prohibiciones), por ejemplo: el traslado a tiempo mercadería, la cancelación de eventos públicos, aforos limitados en restaurantes y hoteles, entre otros. En la doctrina estas medidas llevan el nombre de “hecho del príncipe”, atribuida a la expedición de tipo normativo o administrativo que afecta directamente a los contratos. 

Justamente, en el Ecuador la Ley de Apoyo Humanitario reguló y reformó materias desde la tributaria, movilidad, inquilinato, contratos de crédito, derecho laboral, además de normas como los Decretos Ejecutivos de Emergencia, las Resoluciones del COE y otras, fueron justamente la instrumentalización de las medidas para contrarrestar la emergencia sanitaria y afectaron la posibilidad material de cumplir algunos contratos.

También fue necesario dividir las medidas adoptadas dentro y fuera del Ecuador debido a la Pandemia, frente a las pérdidas económicas como una alegación utilizada para incumplir los acuerdos. Esto porque las fluctuaciones en los mercados financieros o las buenas condiciones de determinada economía tradicionalmente no han sido un parámetro aceptable para evaluar la posibilidad del cumplir los contratos.

La prosperidad de los negocios siempre ha sido una apuesta con resultados impredecibles, con o sin pandemia; y durante el 2020 vimos que difícilmente era sostenible este solo argumento de manera aislada.Podemos recordar la crisis financiera de 2008 producida en EE.UU. que condujo a graves problemas en la economía mundial, así como la caída de los precios del petróleo, son eventos que tampoco sirvieron como un aliciente para proponer el incumplimiento contractual, pues desnaturalizaría las solemnidades que la sociedad ha depositado en los contratos merecen.

  • El autor abogado Asociado en Bustamante & Bustamante en el área de litigios y arbitraje.
Etiquetas:

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *