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El futuro de la Commonwealth sin Isabel II

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¿Cuál es el futuro del Commonwealth sin la Reina Isabel II? Un análisis de su relevancia política y económica del ‘Imperio Británico’.

Foto: Flickr BBC

Desde su formación, la Commonwealth ha mantenido su relevancia y, al menos hasta hoy en día, esta comunidad de naciones nació para dar continuidad en el ámbito político y económico al Imperio Británico, cuando éste empezó a decaer.

Esta comunidad nació en 1931 mediante la Carta de Westminster con una recopilación de 16 valores por los que debía regirse la organización. En su historia, cuestiones como los derechos humanos han sido tremendamente importantes, imponiendo sanciones a países que no los cumplían, Sudáfrica y Pakistán son ejemplos de ello.

La Reina Isabel conmociona el mundo

La Commonwealth está compuesta por 56 países soberanos, cabe destacar que casi todos comparten lazos históricos con el Reino Unido. La clave está en esa palabra “casi”, ya que en los últimos decenios se han unido países que no han tenido una relación histórica. El docente de Relaciones Internacionales de la UNIR, Alfredo Rodríguez, afirma que “el ingreso al Commonwealth por parte de países que no conforman, dentro del ámbito británico, refuerza, de algún modo, la internacionalidad extra británica de esta asociación; de hecho, ya no se la conoce como Mancomunidad Británica de Naciones sino solo como Mancomunidad de Naciones.”

En sus términos, no implica algún tipo de sometimiento a la Corona británica, debido al respeto al puesto como jefe que tiene el Rey. No obstante no es una asociación vinculante; es decir, no es una organización supranacional, como puede ser la Unión Europea; por tanto, lo que sucede en cada país es responsabilidad de ese país y su Estado, agrega Rodríguez.

Los países miembros tienen el compromiso de cumplir una serie de requisitos expuestos en la Declaración de Harare (1991); todos ellos son de carácter moral o ético, comprometidos con los DDHH y el desarrollo económico y social. La inclusión de países sin pasado colonial o relación cultural con el Reino Unido llevó parejo la ampliación de los requisitos, lo que se estableció con la Declaración de Edimburgo (1995), más de orden formal: idioma común, jefe de la Mancomunidad y cuestiones similares, a las que se añade el respeto a la decisión del pueblo soberano la pertenencia o no a esta comunidad.

La trayectoria como jefa de estado del Reino Unido de Isabel II marcó un espacio relevante para la Commonwealth. Debido a su trabajo en la comunidad, ella ejerció un papel moderador y de representación, además su capacidad de liderazgo se evidenció a través de los años en su oficio. Finalizó los vestigios de un imperio y dio paso, con los demás líderes políticos detrás, a una mancomunidad moderna. De hecho, este gran liderazgo puede ser un verdadero reto para Carlos III de Inglaterra.

Con la muerte de Isabel II, la jefatura de la organización pasó directamente a su hijo, Carlos III. Sin embargo, ninguna norma establece que el rey de Inglaterra tenga que hacerse cargo de este puesto. La decisión quedó a manos de los miembros en 2018, cuando la organización anunció que el príncipe Carlos, ahora rey, sucederá a su madre, lo que no tiene continuidad para los futuros monarcas.

El Rey de Inglaterra es también el jefe de Estado de 15 de los países de la organización, como Canadá o Australia. A pesar de que, algunas de estas naciones ya han expresado su deseo de convertirse en repúblicas, la mayoría de ellas desean seguir manteniendo su plaza en la Commonwealth.

El papel del jefe de la Mancomunidad es meramente simbólico. Hay una estructura burocrática que tiene como misión supervisar el trabajo diario de la organización, y mientras, las funciones del soberano inglés son, e Isabel lo hizo así, las de reforzar los lazos entre los países de la asociación, con su presencia en viajes por estos territorios. Probablemente, Carlos III mantendrá un perfil parecido. En todo caso, lo que puede afectar es la diferencia de carácter entre ambos, madre e hijo. ¿Puede ser eso relevante? Sin duda.

En cuanto al resto del mundo, la muerte de Isabel II resulta en la pérdida de una líder con una gran experiencia; una mujer de Estado con capacidad de relación con cualquier otro líder del mundo y, por tanto, de influencia en todos ellos. El mundo no está sobrado de jefes de Estado, que piensen más en el futuro que en el corto plazo y ella lo fue. Aun sin capacidad de gobierno, Isabell, sabía imprimir el ritmo en el Reino Unido que es, no olvidemos, uno de los grandes pivotes de la geopolítica y la geoestrategia mundial.

Según Rodríguez, el futuro de la Commonwealth depende de las condiciones políticas y económicas del mundo. La salida del Reino Unido de la Unión Europea cierra caminos en Europa, así que muchos pretenden que esta mancomunidad abra otros en el plano económico. Hoy, la Commonwealth es un mercado menor y fragmentado que carece de la integración económica del mercado único de la Unión Europea; un fortalecimiento de la mancomunidad puede ser ventajoso para el reino y para el resto de los países que la integran.

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