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SOS, Galápagos

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Laboratorio natural único, admirado por propios y extraños, la provincia de Galápagos es ignorada por el gobierno central, la UNESCO y padece ecocidio chino.

Foto: Flickr Parque Nacional Galápagos

Entusiasmo, satisfacción, orgullo existe en los ecuatorianos cuando el Archipiélago de Galápagos, las Islas Encantadas, la Provincia de Galápagos, está en amena conversación de propios y extraños. No es para menos, están hablando de un gran Patrimonio Natural de la Humanidad declarado por la UNESCO, admirado por todos los visitantes del Planeta.

Cómo no puede ser así, si constituye fábula viva de la naturaleza, porque alberga 3.500 especies, que incluyen tortugas gigantes, pingüinos, lobos de mar, iguanas, tiburones martillo, ballenas, cisnes color durazno, fragata de buche rojo, piqueros patas azules, que fascinan a la humanidad, cuya existencia amenazan depredadores asiáticos.

Gran parte de las islas, ubicadas a casi 1 000 kilómetros al occidente de las costas continentales ecuatorianas, de las que 13 son grandes, 6 pequeñas y más de 40 islotes que suman casi 8 010 kilómetros cuadrados, están al sur del Paralelo 0, o Línea Ecuatorial, emergidas hace 5 millones de años como resultado de erupciones volcánicas submarinas, por lo que residentes y visitantes pisan formaciones de lava y roca volcánica.

Desesperación poblacional 

Así, Galápagos es una provincia especial, distinta a las del continente, que entre junio y agosto de cada año sufre amenazas y embates depredadores de pescadores asiáticos, que los lugareños llaman “ecocidio chino”, ante cuya presencia descomunal sus casi 30 000 pobladores poco o nada pueden hacer ni las autoridades gubernamentales, que no sean denuncias que se lleva el viento por su falta de firmeza, porque los instituciones  internacionales de defensa de la naturaleza  parecerían formar parte de un complot contra las islas.

Y mientras destacados ecologistas ecuatorianos piensan posibilidades de alianzas estratégicas para defender el Patrimonio natural mundial, la población tiene angustias para sobrevivir por la ausencia de sus 260 000 visitantes anuales, y la amenaza permanente de la patología COVID-19.

La angustia es tal, porque el denominado Consejo de Gobierno parece ser solo diligente para cobrar puntualmente su oneroso sueldo, ya que ignora las iniciativas de la población, que sugieren una apertura escalonada al turismo con las previsiones sanitarias respectivas.

Los habitantes carecen de adecuado abastecimiento de alimentos que llegan desde el continente; la banca no entiende la ausencia de turistas, la ausencia de trabajo y amenaza con juicios coactivos y embargos a los desesperados y desocupados deudores, quienes subsisten desprendiéndose de ciertos bienes a precios de “gallina enferma”.

La población adopta medidas para preservar su salud, pese al precario servicio sanitario; “por ahora no nos mata el COVID-19 por las precauciones, pero creo que nos matará el hambre”, dicen pobladores abrumados por los “engaños del ministro del Consejo de Gobierno”.

Ecocidio chino

Pero si los problemas domésticos y de subsistencia mantienen tensa a la población, bogando por una escalonada reapertura del turismo bajo previsiones sanitarias, el mayor problema que no solo compete a las islas, sino a todo el Ecuador, a la UNESCO que las declaró Patrimonio Natural de la Humanidad, es la estacionaria depredación pelágica que realizan centenares de barcos pesqueros chinos, quienes también emanan desechos a las aguas y llegan también a las playas, convirtiéndolas en basurero, degradando al laboratorio natural.

El Ecuador realiza sus esfuerzos para mantener el Patrimonio natural, pero no parecen tener la misma conducta la UNESCO ni las organizaciones naturales de defensa de la naturaleza, por su sospechoso silencio ante la depredación pelágica china, tampoco se ha escuchado la voz del representante ecuatoriano ante la UNESCO, ¿hay complot para desaparecer la condición de Patrimonio Natural a las Galápagos?

¿Por qué los pesqueros chinos se estacionan, anualmente, entre junio y agosto, frente a las costas ecuatorianas?, porque saben que en dichos meses llegan a esta latitud enormes migraciones de especies marinas desde diferentes puntos del océano. En las islas converge la espléndida corriente del paralelo 0, de Quito o Ecuador, conocida como Cromwell, que tiene una magnitud igual a 1.700 ríos como el Mississippi, con un caudal de 30 millones de metros cúbicos por segundo, 143 veces superior al del gran río Amazonas y transporta, de oeste a este, gran cantidad de nutrientes y plancton, abundante oxígeno.

La corriente de Humboldt, originada en el Antártico y se desvía en el Cabo Pasado hacia el occidente, también lleva nutrientes y especies que se aparean en las aguas galapagueñas o dan luz a sus hijos, por lo que la acción pesquera china, no solo es depredadora sino de ecocidio contra las especies pelágica. El silencio de la UNESCO invita a pensar que entró en fase de desentendimiento de preservar los patrimonios naturales, igual que las organizaciones ecologistas internacionales, ¿hay razones políticas?

Denuncia a Convemar

La masiva y agresiva presencia de pesqueros chinos no es lejana, se registra desde 2012, cuando el gobierno del Ecuador se adhirió a la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Mar, CONVEMAR, creada el 10 de diciembre de 1982, a la que los precedentes gobernantes ecuatorianos rehusaron sumarse por mermar los derechos marinos de 200 millas contemplados en la Declaración de Santiago, firmada por Chile, Perú y Ecuador, incluida en la legislación nacional, ratificada por los Congresos de los tres países y registrada en la ONU con el Código “Convenio NN.UU. 14758”, por lo que su acatamiento es universal y hace  jurisprudencia sobre las 200 millas de mar territorial, suelo y subsuelo marino.

Especialistas coinciden en señalar que la adhesión del gobierno de Rafael Correa Delgado a la Convemar raya en delito de “traición a la Patria”, porque mediante ese instrumento “afectó la soberanía marítima sobre 1’124.951 kilómetros cuadrados”, reduciéndola a 60 383 kilómetros cuadrados, por lo que exigen fiscalización y judicialización de este “acto atroz contra la soberanía nacional”, como reitera el biólogo Hugo Loza Paredes.

Cálculos de especialistas también señalan que con la renta que les produce la pesca a los chinos, el Ecuador podría pagar el oneroso sueldo anual de su obesa burocracia, o terminar su déficit fiscal, porque les ingresan alrededor de USD 9 546 millones por la captura de 4’500.000 de toneladas de Jael, 1’200.000 de pata o calamar gigante y, 5 700 millones de kilos de otras especies menores.

Nuevo imperialismo

Por lo anterior urge reflexionar sobre la certeza de si “la cultura china concede gran importancia a la ética personal y al cultivo de sí mismo y, por ende, la búsqueda de la perfección moral. Abogando por la moderación, busca el equilibrio y la armonía entre todas las cosas”, como propaga la Dirección General de Relaciones Culturales con el Exterior de su Ministerio de Cultura.

Si destacan que “La importancia atribuida a la ética moral y el amor a la naturaleza constituyen la médula del espíritu del arte y la literatura en China”, ¿podrán elevar a tan altas expresiones el ecocidio que cometen frente a las costas ecuatorianas, peruanas, chilenas, argentinas?

También ya estaría incómodo el pregón chino de que “si uno quiere estar en pie debe poner en pie al prójimo y si quiere prosperar debe hacer prosperar a este también”. ¿Cómo encajan en ello los contratos de crédito secretos, onerosos y prendados con petróleo, su obra pública defectuosa, como Coca Codo-Sinclair?

¿Se está destapando un velo?, ¿China nuevamente esta en momentos imperiales acumulativos y expansivos?, ¿será posible que profundamente reflexione sobre otro de sus principios milenarios: “no hagas lo que no quieres que otros te hagan a ti”?.

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