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Reinvento de la transnacional política

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El correísmo no agoniza ni ha muerto. Está en plena reinvención para mimetizarse democráticamente en futuras acciones políticas.

Foto: Marcos Pin – API

Varias lecturas se han dado sobre la elección presidencial ecuatoriana: que triunfó el anticorreismo; que evidencia el desgaste de Correa, que el correísmo agoniza, que el correísmo desaparece; que el triunfo no fue de Guillermo Lasso sino de los ciudadanos, que la mayoría del Ecuador no desea que el Ecuador se venezolanice y, un largo etcétera.

Sin embargo, durante las campañas de febrero y abril del 2021 se tejieron cabos sueltos extendidos entre el 2007 y el 2021, que sin duda se registrarán en las páginas de la historia política nacional: que el candidato derrotado fue el de transnacionales políticas, de poderosos grupos monopólicos beneficiarios de contratos suscritos desde el 2007, los que ya están en alerta y análisis para corregir fallos, mutarse y reconstruirse para nuevos procesos que permitan hacer real la dinastía gobernante de 50 años que pretendieron inaugurar con Andrés Arauz.

Registros indican que la campaña de Arauz fue monitoreada desde México, sede del grupo de Puebla, en estrecha coordinación con el de Sao Paulo, también activos en procesos políticos legales y estallidos sociales para instaurar y reinstaurar su modelo “socialista del siglo XXI”, que nada asemeja a doctrina socialista, sino a truculencias en el manejo del sector público, y que tienen en mira las elecciones del Perú, Chile, Colombia, Brasil, tras el revés ecuatoriano.

Lo de las transnacionales políticas en América no es nuevo; el siglo XX es rico en experiencias de diferentes tendencias e ideologías, pero lo inédito es que la del “siglo XXI” tiene visibles saldos populistas engrasados de concentración de poderes, articulado engaño y pletórico índice de corrupción.

En el Ecuador han sido verdaderos mutantes: debutaron como “Alianza PAIS”, pretendiendo cobijar a un país desarticulado por parcelas políticas huérfanas de principios e ideologías; pero, tras su saldo calamitoso, luego de 14 años, renacieron con la dadivosa “Unión por la Esperanza”, ofreciendo, desde el inicio, regalar USD 1 000 a un millón de familias, sabiendo que el fisco tiene saldos rojos desde cuando fueron gobierno.

Baraúndas legales

A las elecciones se presentaron con baraúndas legales, con un novel político-candidato, entonces solo conocido por la íntima burocracia comandada por Correa y este sentenciado penalmente, prófugo, sin derechos políticos, pero destinado a promover al presidenciable desconocido, a quien, de a poco, se lo encontró como actor de una amañada meteórica carrera burocrática, devenida en estigma, por presunto cómplice y autor de no pocos negocios públicos cuestionados por la ley.

El temprano auto augurio de Arauz de ser la primera ficha de un eventual proceso gubernamental dinástico de una embadurnada tendencia para 20, 30, 50 años, fue relacionado con posibles soportes económicos basados en concesiones portuarias y otros contratos realizados, por casi similares períodos, por su mentor político Rafael Correa con diversos países, en los que estarían vinculados poderosos grupos económicos, quienes también habrían disfrutado las mieles del poder.

La probable relación permite leer que futuras acciones políticas correístas, de diferente tesitura, no tendrían problemas de financiamiento, haciendo lejana su agonía y desaparición del espectro político nacional, más si son parte activa de los denominados foros de Puebla y de Sao Paulo, con acciones en el continente americano y algunos lugares de Europa.

Es que por los informes legales de los países donde ya han gobernado los miembros de esos foros, tendrían suficiente capital para ¿lavarlo? en cualquier evento político que despierte sus intereses. No son pocos los señalamientos de sus actividades en los vandalismos de octubre de 2019 en Ecuador, como tampoco en los registrados en Chile y en los Estados Unidos de América.

Alerta política 

Se ha señalado que están atentos a los movimientos reivindicacionistas para incidir en ellos con huestes y capital, adaptándose a las idiosincrasias de los respectivos países, es su calidad mutante; por ello, las respectivas estructuras políticas convencionales deben valorar que el denominado “socialismo del siglo XXI” no es un movimiento cualquiera, ni que representa un cacicazgo local, que es el instrumento, sino que extiende tentáculos desde centros bases de operación internacional para asolar países reivindicando derechos, ocultando deberes, haciendo blanco de su depredación organizaciones de derecha, centro o izquierda que no comulguen con sus motivos e intenciones.

Si los partidos y movimientos políticos no tienen clara esta lectura, no se ponen alertas, podrían caer en complicidad de los designios camuflados de los supuestos socialistas, quienes basan la generación de empleo en el burocratismo, la ética en concentrar para sí los poderes del Estado, para desatar corrupción y desprecio a la inversión no estatal.

Los signos de recambio del discurso irónico, egocéntrico, fue expresado al final del balotaje del 11 de abril: al cierre de las urnas, Arauz, con su lenguaje auténtico, proclamó su triunfo sobre la base de amañadas estadísticas de tres encuestadoras ligadas al correísmo, pero cuatro horas después, diluyó su fanfarria para hacer el “democrático” reconocimiento de su derrota y felicitar a su oponente ganador, actitud “sorprendente” que reiteró Correa, o este lo instruyó así, tratando de lavar la pronosticada imagen violenta ante el revés inadmisible para ellos.

Está trazada la nueva forma del discurso político, por la rápida lectura de una de las razones del revés. Reconocer la derrota, felicitar al ganador y utilizar el signo democrático podrían mimetizar su conocida identidad, para generar comentarios como del vencedor del balotaje, a quien “le sorprendió gratamente el tuit del expresidente Rafael Correa” y aunque “no se trata de creer o no creer en lo que dice (…), los hechos son los que valen: mostrar si esa actitud, ese tuit, tiene atrás una verdadera intención de colaborar con la democracia”.¿Es el inicio del reinvento político del correísmo, para progresar con otras formas de apropiarse de todas las Funciones del Estado y establecer la dinastía proclamada para 50 años? El tiempo lo dirá, si movimientos y partidos políticos no leen adecuadamente a los mutantes políticos del denominado “socialismo del siglo XXI”.

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