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Proyecto estatista, sin reivindicaciones indígenas

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En la CONAIE urge autocrítica, organización identitaria, no sujeta a manipulaciones de movimientos ni partidos que la manipulan para licuar sus líos judiciales.

Foto: Daniel Molineros – API

La dirigencia de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, intensifica acciones para mutar a la organización no gubernamental en movimiento político o “fuerza de choque”, alineada a quienes ansían impunidad por los delitos cometidos en la caja fiscal entre el 2007 y 2017, desmarcándose de los objetivos para los que surgió en 1986.

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Dichos objetivos incluyen: consolidar a los pueblos y nacionalidades indígenas del país; luchar por la defensa de tierras, territorios indígenas y los recursos naturales; fortalecer a la educación intercultural bilingüe; luchar contra el colonialismo y neocolonialismo (empresas transnacionales en comunidades indígenas), impulsar la autolegislación comunitaria y desarrollar el comunitarismo integral; fortalecer su identidad y sus formas de organización social; promover el ejercicio de los derechos colectivos de pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador, reconocidos en la Constitución Política de la República;

Construir una sociedad intercultural; promover la participación mediante el establecimiento de la solidaridad y la equidad; lograr la igualdad y la justicia en los pueblos y nacionalidades indígenas, por ende, en la sociedad en general; y, mantener las relaciones internacionales entre las nacionalidades indígenas del continente ABYA-YALA, a fin de viabilizar una comunicación alternativa entre los pueblos indígenas, y con otros sectores sociales comprometidos con la causa.

Para materializarlos, generó su brazo político Pachakutik, con el que integró constituyentes, parlamentos, control constitucional y ejecutivos; es decir, en casi 35 años de protagonismo político, introdujo preceptos constitucionales, insustancial norma secundaria, pero no pasa de exigencia de subsidios de toda índole, los que pretende lograrlos bajo amenazas y cercos a la cotidianidad económica y social.

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En estos días, cual “fuerza de choque” exige el cumplimiento de un decálogo que reproduce experimentos que tienen, por ejemplo, a los pueblos de Venezuela y Nicaragua, en agudo desempleo, extrema pobreza, migraciones masivas y en cárcel a todos cuántos piensa diferente a los ungidos en el poder.

Paradójico es que objetivos de la CONAIE sean solidaridad, equidad y justicia “en la sociedad en general”, pero se “moviliza indefinidamente” para distanciarse de ella, con violencia, con protervos intereses como mayores subsidios al diésel, gasolinas extra y ecopaís, aunque la amplia mayoría, de sus presuntos representados, carece de vehículos de carga, de transporte colectivo y livianos.

Por sus “letrados” saben que la proyección del costo de dichos subsidios, en este año, bordearía $ 3.000 millones, para lo que no identifican fuentes de financiamiento, lo que generaría perversas alternativas, como incremento de deuda pública o impuestos, de perniciosas consecuencias en la población. La CONAIE y sus aliados políticos de turno en la Asamblea Nacional, son adversos a promover inversión productiva, flexibilizar reglas laborales, niegan generación de empleo consecuente con bienestar ciudadano, nuevos contribuyentes a la caja fiscal, al IESS, etc.

Igualmente, pretende congelar la estructura del servicio de telecomunicaciones. Ficticia es la consigna privatizadora. Real, sí, delegar su administración para gestionarla al ritmo de la dinamia de la ciencia y tecnología específicas, para ofertar calidad y eficiencia en comunicación global.

Los dogmas y consignas de la dirigencia de la CONAIE y sus visibles aliados, les impiden valorar que, desde hace 7000 años, la minería y el petróleo son agentes del vertiginoso desarrollo humano, como no ocurrió miles de millones de años atrás. Sin dichas fuentes de minerales y energía, por ejemplo, la movilización de la CONAIE aún sería bípeda y no por tracción y sus comunicaciones guturales. Importante es exigir(se) minería con siderurgia, petróleo con petroquímica, por lo menos. Leonidas Iza sabe de estos beneficios cuando vacaciona en los Estados Unidos de América.

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Otros puntos del decálogo no resisten valoraciones elementales; pero, existen dos entrelazados que la CONAIE ha ignorado en sus 35 años de vigencia, pese a transitar por las estructuras del Estado, como el desarrollo de comunitarismo integral, que permitiría obtener precios justos para sus bienes primarios y promover costos razonables en mercados locales.

Si la CONAIE enarbola “promover la participación” de sus miembros para generar “bienestar”, solicitaría, por ejemplo, a cada uno de sus miembros, más de un millón de habitantes autoidentificados como indígenas, por una sola vez, el aporte de $10 a cada uno, cuya suma constituiría un fondo matriz para generar proyectos económicos y sociales, modernizadores de producción agropecuaria, obtener precios justos y posibilitar adecuados en mercados, desarrollar una entidad financiera para atender a sus asociados y competir en el sistema, realizar extractivismo responsable y sustentable.

Planear, gestionar y ejecutar iniciativas evitarían a la CONAIE permanecer extendiendo la mano para recibir subsidios y canonjías por coyuntura o presión; sería importante protagonista económica, social y política. Tendría aversión a movimientos que la manipulan para “sacar a Lasso cueste lo que cueste. No haremos ningún diálogo”, no sería “fuerza de choque” de protervos intereses que perturban iniciativas de dinamia económica y social. No debe ser carne de cañón de quienes desesperan por su impunidad y desvanecer procesos de sus turbios negocios cuando ejercieron el poder del Estado.

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Elogioso sería, para la CONAIE, realizar autocrítica ética y transparente, desafectarse de individuos y grupos con cuentas judiciales, articular acciones con entidades públicas, privadas y comunitarias, nacionales e internacionales, para materializar bienestar en sus miembros, que redundará en el país.

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