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De gala periodismo de investigación

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Las herramientas de la investigación científica al servicio del periodismo llevaron a juicio y sanción a la “estructura criminal conformada por funcionarios públicos y contratistas” liderados por Rafael Correa.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

La sentencia del caso “Sobornos 2012-2016” es consecuencia del trabajo del periodismo profesional, de la investigación periodística, de su ética y de su auténtico compromiso con la sociedad, cualidades que durante 10 años, 4 meses y 9 días constituyeron piedras en los zapatos de Rafael Vicente Correa Delgado y de su “estructura criminal”, varios de los cuales ahora condenados a presidió ocho años, la pérdida de derechos políticos fundamentales, entre otros.

La sentencia del caso, que periodísticamente titularon “Arroz verde” los colegas Christian Zurita, Fernando Villavicencio y Cristina Solórzano, adiciona otro hito a la rica historia del periodismo de investigación ecuatoriano.

Recuérdese la de Pedro Moncayo, en “El Quiteño Libre”, quien determinó que el primer presidente del Estado del Ecuador, Juan José Flores, fue un soldado de fortuna “que subió desnudo a la Presidencia”, mutando en millonario, similar a Correa y su estructura delincuencial.

Acaso la investigación periodística cimera en el Ecuador es la realizada por Luciano Coral Morillo, quien fue incesante en descifrar cables y otras formas de comunicación en 1894 y 1895, para, sistemáticamente, exponer, a través de los diarios “El Tiempo”, primero, y luego en “El Grito del Pueblo”, el arrendamiento de la bandera ecuatoriana a Chile, para que este país venda una nave de guerra al Japón que estaba en guerra con China.

La investigación de Coral Morillo, generalmente vedada por la historiografía convencional, consignamos con cierta amplitud en dos libros de quien escribe estas líneas uno, “Ecuador: Huellas de la Prensa” (a la disposición en las librerías Española y Rayuela), tuvo como epílogo la trascendental y “única revolución” producida en el Ecuador: la liberal del 5 de junio de 1895.

Los de “El Quiteño Libre” y Coral Morillo, rubricaron la máxima del Prócer Francisco Xavier Eugenio de Santa Cruz y Espejo: “La prensa es el depósito del tesoro intelectual”, consignada en la “INSTRUCCIÓN PREVIA sobre el Papel Periódico intitulado Primicias de la Cultura de Quito” publicada en noviembre de 1791.

La feliz frase resume que el periodista profesional es un trabajador intelectual, infatigable lector, ético, investigador, analista, pensador, previsor, comprometido socialmente, cumplidor de su deber de informar sobre temas de interés general, confluyendo en su trabajo acontecimientos reales, contrastados, analizados, advirtiendo eventuales afecciones legales, con relato colorido, sencillo e inteligible y proyección.

Espejo previó que las fuentes informativas se blindarían por turbiedades en gestión pública, advirtiendo que “si nos niegan la amplitud de noticias, penetración de materias y grandeza de observaciones, nos conceden ingenio, sagacidad, talentos y aptitud para entrar con decoro al palacio de las ciencias abstractas y naturales”; así, estableció que la herramienta fundamental del periodismo sería la investigación.

“Estructura criminal”

Y si los arrendadores de la bandera ecuatoriana a Chile terminaron embolsando 80 000 Libras Esterlinas, los beneficiarios del “Arroz verde” sumaron más de USD 7 millones, por los que la Fiscalía General del Estado leyó los insumos periodísticos judicializándolos como caso penal, denominado “Sobornos 2012-2016”, tipificándolo como delito de cohecho al tenor de los incisos 2 y 4 del Art. 280 del Código Integral Penal (COIP), colocando como acusador particular al Procurador General del Estado contra Rafael Correa y varios de su “argolla” gubernamental y empresarios que se beneficiaron de incuantificables sumas de dinero a través de contratos de obra pública.

La investigación fiscal y la sentencia judicial determinaron culpabilidad del expresidente Rafael Vicente Correa Delgado, el exvicepresidente Jorge David Glas Espinel; a los entonces ministros Roldán Vinicio Alvarado Espinel, María de los Ángeles Duarte Pesántez, Walter Hipólito Solís Valarezo, Alexis Javier Mera Giler; a la legisladora Viviana Patricia Bonilla Salcedo, al ex legislador Christian Humberto Viteri López; a la exasesora y exsecretaria Pamela Martínez Loaiza y Laura  Terán Betancourth, en su orden; a los empresarios Víctor Manuel Fontana Zamora, Ramiro Leonardo Galarza Andrade, Alberto José Hidalgo Zavala, Edgar Román Salas León, Pedro Vicente Verduga Cevallos, Bolívar Napoleón Sánchez Rivadeneira, Rafael Leonardo Córdova Carvajal, Teodoro Fernando Calle Enríquez, Phillips Cooper Willian Wallace, William Phillips, Mateo Choi o Choi Kim Du Yeón, sentenciados a 8 años de prisión y pérdida de “derechos de participación” y otros, por haber formado “una estructura criminal” que operaba con “sobornos”.

En el curso del proceso, Yamil Farah Massuh Jolley fue excluido del caso, mientras Martínez Loaiza y Terán Betancourth se convirtieron en delatoras de la “estructura criminal”, por lo que sus penas fueron sustancialmente reducidas. La delación confirmó la seria investigación periodística de Zurita, Villavicencio y Solórzano.

La tarde del lunes 7 de septiembre de 2020 hubo satisfacción en alto número de ecuatorianos al concluir la sentencia oral contra los malandrines de los fondos públicos, principalmente contra Correa y Mera, porque a menos que sobrevenga un juego político inesperado, que podría darse en el Ecuador, habrá concluido la vida política del sujeto irascible, quien pretendió revivir el medieval sino monárquico de que “el Estado soy yo”.

Quizá sea la primera sentencia contra Correa, Mera y otros de la oscura “argolla” gubernamental, porque se pesquisan cerca de 200 casos investigados por el periodismo, donde han tenido protagonismo en la acumulación de beneficios no menores a USD 70 000 millones, gran parte de los cuales ya estarían lavados, enjuagados y secados y otros reposarían en lavanderías de paraísos fiscales o en arcas de gobiernos dictatoriales, o financiando movilizaciones desestabilizadoras de gobiernos, pretendiendo instaurar los agobios del “Socialismo del siglo XXI”.

Al tenor del Art. 113.2 de la Constitución, los sentenciados no podrán ser candidatos de elección popular y se espera que la norma se amplíe a través de reformas de la maltrecha Constitución, por ser delitos de lesa Patria.

Para Correa y Glas se esfuman sus pensiones vitalicias que suman cerca de USD 90 000 anuales y sus nombre,s como los de los otros sentenciados, quedarán registrados para que nunca jamás formen parte de servicio en el sector público.

Probable cambio de identidad

La situación de Correa iría más allá, porque el Estado ruso sería observado por tener un prontuario en las pantallas de RT y las dictaduras y gobiernos deshonestos le pagarían conferencias sobre cómo destruir un país con riquezas e ingresos millonarios.

Si a futuro no ocurren cambios drásticos en la política interna del Ecuador, Correa proseguirá ambulando en el exterior, por países que protegen cleptómanos y otras layas, manteniéndose prófugo de la justicia, y no sería extraña la mutación de fachada, identidad y pasaporte.

Posible es que a Correa no le inmute la sentencia de 8 años de prisión, pagar indemnización de USD 778 000 porque le sobra dinero, menos pedir disculpas públicas en la Plaza de la Independencia por ser efímera, o colocar la placa en el Palacio de Gobierno con la inscripción: “Los recursos públicos deben ser siempre administrados honestamente, el servicio público no es otra cosa que un servicio a la comunidad, con sujeción a los ´principios de la ética”, porque la podrían eliminar sus zombis.

Lo grave para Correa y sus discípulos sería realizar el curso de al menos 300 horas académicas sobre ética laica y transparencia en la administración pública, porque afectaría su personalidad, su razón de ser. Se irritarían contra principios que contradigan los suyos que tienen a las coimas como “acuerdos entre privados”. Asistir al curso sería cerrar la escuela de la “estructura criminal conformada por funcionarios públicos y contratistas”, gloriosa  durante diez años.

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