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Mercantilismo ideológico

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Las elecciones seccionales carecerían de debates ideológicos, primarían intereses individuales y grupales.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

Los anhelos de que Ecuador despliegue acciones coherentes para cimentar la democracia parecen quimera, como hablar de la consolidación de ella parece expresión fatua, porque es criterio, generalizado, que partidos, movimientos y precandidatos para los comicios seccionales y de vocales del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, CPCS, previstos a realizarse el 5 de febrero de 2023, son huérfanos de ideologías y doctrinas, pero prevalecen intereses individuales y grupales.

Latinoamérica busca un modelo

En 1992, el politólogo estadounidense Francis Fukuyama sostuvo la tesis que la historia de luchas ideológicas había terminado, tras el fin de la guerra fría y que el planeta sería dominado por democracia liberal, pero no previó el histrionismo populista que asola en estos tiempos.

Treinta años después, la antípoda liberal, el marxismo leninismo, sobrevive con ironías acentuadas por corrupción, que pretenden institucionalizarse con la supuesta ideología del Socialismo del Siglo XXI.

Ellos han integrado camarillas en gobiernos perennizados y recientes dictaduras “democráticas”, que han amasado fortunas, por lo que los pueblos de China, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, son testigos que desde esos gobiernos se gestan y gestaron individuos y familias millonarias y multimillonarias.

El primero de los citados habla de capitalismo de Estado, pero los otros muestran elementos gobernantes con recurrentes escándalos, bajo  cifras que sobrepasan los 7 dígitos, en economías deprimidas.

Ecuador experimentó el socialismo XXI en el gobierno de Rafael Correa, experiencia que se ventila en la fiscalía y en juzgados penales. Se afirma que quienes fueron parte y relacionados al régimen, amasaron no menos de $ 70.000 millones, que se lavan de diferente forma. Las elecciones serían recipiente.

El país asistiría al nuevo proceso electoral con la corrupción de protagónica, adosada a partidos, movimientos y la generalidad de precandidatos que acechan con manipulaciones a los cimientos de la democracia: elecciones limpias, sufragio universal, respeto al voto, a la división de poderes.

Las mayores sospechas giran alrededor de los denominados socialistas del siglo XXI, por su expediente de cuando fueron gobierno y en las pasadas presidenciales incrustaron candidatos, al filo de la medianoche, por vía telemática, validados por el, también sospechoso, organismo del sufragio.

La espada como fetiche

En los comicios del 2021, los socialistas del siglo XXI concursaron a través de movimientos prestados o alquilados, pero en febrero del 2023 irán membretados como Revolución Ciudadana, con el objetivo de lograr espacios que les permitan preparar las futuras elecciones presidenciales, para pretender, nuevamente, el absoluto control del Estado y revisar todos sus expedientes penales, particularmente de Rafael Correa y Jorge Glas, el primero prófugo y el segundo que brega por lograr libertad, a través de inusitados habeas corpus, aunque desde ya presionan por hacerlo.

Aunque no se ve fácil, porque, en Quito, el cuadro de precandidaturas, muestra desarticulados  a los “revolucionarios”. Correrán, por llegar a la alcaldía, tres ex incondicionales de Correa por distintos movimientos, que se adicionan al oficial Pabel Muñoz, protagonista de dos glosas, en firme, por $ 34 millones, pero parece adversario de la ética política, para presentarse en tales condiciones.

Evidencia de intereses particulares. La incondicional Luisa Maldonado, no se ha alejado mucho, porque irá por Avanza, del prófugo de la justicia Ramiro González; del mismo talante, María José Carrión, se alinea en el movimiento Amigo, mientras Jorge Yunda lo hará por el serpenteante Pachakutik. Los tres disputarían la densa población electoral del sur de Quito, que, probablemente, tendría que escoger entre las glosas de Muñoz y la destitución de Yunda y su causa penal por insumos anticóvid-19.

Omar Cevallos, precedentemente relacionado con sociedad Patriótica, esta vez correrá por el polémico Centro Democrático, que en las presidenciales del 2021 se prestó para postular al correista Andrés Arauz.

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El antiguo militante de Izquierda democrática y exvicepresidenciable de CREO, Andrés Páez, esta vez irá con la cobija de Sociedad Patriótica; el fervoroso hincha correista, Inty Gronneberg, por el avestruz Izquierda Democrática, mientras el derechista Pedro Freile por su antípoda Partido Socialista.

Luz Elena Coloma se mantiene por CREO; Jessica Jaramillo, nueva en lides políticas, por el movimiento Todos, como Patricio Alarcón por el Partido Socialcristiano. Natasha Rojas intentará captar la alcaldía por Unidad Popular, antes Movimiento Popular Democrático, en el que milita desde joven.

Una somera relación ideológica de los precandidatos, sugiere que confrontación de este nivel solo podrían sostener Alarcón y Rojas: liberalismo y estatismo, respectivamente, como diagnosticó Fukuyama antes de caer el muro de Berlín.

Así, Ecuador asistiría a la desaparición de la lucha ideológica, cuyo fin podría impedir el órgano electoral si obliga y hace respetar las reglas para que partidos y movimientos políticos realicen investigaciones sobre realidad nacional, publicaciones y capacitación a sus afiliados y adherente, parte de la esencia de la democracia.

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