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Lasso Iza CONAIE

La actual dirigencia de la Conaie se esfuerza por borrar la historia de la organización, huérfana de iniciativas y repulsa las que se le presentan para bienestar del pueblo indígena.

Fotos: Bolivar Parra – Flickr Presidencia de la República

Con más de 30 años de historia de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, (Conaie), sus miembros, los pequeños productores campesinos, ya podrían haber alcanzado importantes niveles de bienestar, si sus dirigentes no hubiesen mutado sus fines y objetivos institucionales por consignas y estribillos que buscan posicionar intereses inconfesados.

Desde hace casi seis años las dirigencias de la Conaie han girado en un terreno alternándose según conveniencias extrañas a su razón de ser, a estructuras organizativas ancestrales que siempre dinamizaron al indigenado con el desarrollo económico y social.

Ciertamente que las asimetrías coloniales y republicanas han relegado y relegan el desarrollo de potencialidades innatas del trabajo individual y comunitario, por lo que la Conaie surgió como respuesta a las crecientes desigualdades con fines y objetivos reivindicativos, de bienestar de los pueblos y nacionalidades, del Ecuador en general.

Si en los discursos políticos-electorales se sueltan andanadas de promesas de volver la mirada al campo para no solo reconvertir débiles procesos productivos, sino también desarrollar servicios esenciales, pero una vez en el poder todo lo relativizan, por carencia de objetivos de integración nacional.

Si esas son recurrentes posturas de los gobiernos, la Conaie no ha quedado atrás, por su indiferencia a la valoración diferenciada de las manifestaciones culturales de los pueblos andinos, amazónicos y del litoral, que se lee no solo en su arte, sino en sus procesos productivos, conductas psicosociales, entre otros elementos importantes.

Desde hace mucho tiempo la Conaie se dirige con mentalidades urbanas, probablemente ignorantes a realidades productivas en diferentes pisos climáticos, por ello no han visibilizado propuestas de trabajo conjunto con juntas parroquiales, municipios, consejos provinciales, con el gobierno central.

Si la dirigencia de la Conaie se preocuparía por la suerte de sus miembros, ahí estarían sus tareas objetivas, por ejemplo para posicionar procesos productivos con sello verde, transferencia de tecnología, organización de cooperativas de crédito, de comercialización interna y externa, acuerdos con gobiernos locales para la construcción de centros de acopio y de ventas al detal. ¿Por qué no valorar eventuales beneficios individuales y comunitarios con producción minera técnica, preservando el ambiente, contribuyendo al desarrollo nacional e internacional?

Impulsar la materialización de iniciativas como las descritas no solo generaría apoyo poblacional, gubernamental, sino asistencia internacional, cuyas consecuencias tangibles serían sistemas viales de primer orden, servicios eficientes y de calidad en salud, educación, fortalecimiento de identitarias expresiones artísticas, turismo; en general: producción, empleo, bienestar.

Pero, no, el discurso de la dirigencia de la Conaie posiciona consignas añejas, amenazas de vandalismo, disociada de la realidad, que por ejemplo parece ser indiferente al trabajo de una “mesa temática” que está por determinar focalización de subsidios a los combustibles, pero el dogmático vocero exige pararlos, probablemente escuchando órdenes exógenas a la organización.

Parece estar cimentado el dogma en el vocero de la Conaie, por su enfado al escuchar la necesidad nacional de sincerar los precios de combustibles, por lo que anticipa amenazas de convulsiones sociales, pese a que algunos de sus acompañantes valoran iniciar diálogos temáticos de interés para las bases de la organización.

Daría la impresión que la Conaie estaría regentada por un comodín, que expresa conductas externas dictatoriales de gobernabilidad, relegadas en la última justa electoral. Si la dirigencia fuese responsable, ética y transparente con sus miembros y la sociedad, el dialogo con el gobierno era oportuno para exhibir estudios sobre puntos de interés para tratar de enrumbarlos en beneficio nacional.

Pero no, impulsa a la Conaie, no como organización de perspectiva para alcanzar fines y objetivos institucionales, por lo que la organización debe reflexionar, profundamente, sobre si puede lograrlos con las particularidades de su vocero, erigido como tal, tras desconocer la resolución de la asamblea previa, que se pronunció para que en estos tiempos sea una mujer quien la dirija.

La credibilidad de la dirigencia de la Conaie está en entredicho: resume “ninguna apertura” del régimen al cese de la eliminación del subsidio de los combustibles, sin valorar lo que sus propios colegas han mostrado interés por acuerdos logrados e instalar “mesas temáticas” para identificar soluciones tangibles a la marginalidad rural.

Parece que dirigencia de la Conaie se esfuerza por borrar la historia de la organización, al poner en evidencia su repulsa a toda iniciativa de desarrollo económico y social, de bienestar para el pueblo indígena, que es bienestar nacional.

Las amenazas están dadas: “se analizan acciones de respuesta”, no se descarta “una masiva protesta nacional contra el gobierno”, ¿la dirigencia de la Conaie coincide con la activación de sicarios políticos o políticos sicarios que surgen en momentos particulares, para tratar de continuar haciendo lo que hicieron: endeudando onerosamente, despilfarrando y sustrayendo inmensos recursos del fisco nacional?

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