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Complejo escenario electoral

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A tres meses del inicio de las elecciones presidenciales, el Ecuador esperanza propuestas y acciones que le rediman de la aguda crisis económica y social.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

¿Se imaginan cómo serán las elecciones presidenciales y legislativas programadas para febrero del 2021?, ¿cuánta incidencia tendrán, en ellas, las pandemias de corrupción, el déficit presupuestario, el desempleo, el COVID-19?, ¿cuál es la valoración de financistas de campañas electorales?

Las respuestas aún son inciertas, porque la mayoría de cúpulas organizacionales que intervendrán en los comicios todavía entretejen posibilidades, decantan vinculaciones con burocratismo gubernamental o con la multifacética pandemia de corrupción, en tanto que financistas e inefables “pescadores políticos (oportunistas)” se apegan a encuestas para apostar por posibles triunfadores, teniendo en cuenta que la que viene no será campaña de mítines y concentraciones populares, sino tecnológica, audiovisual y electrónica, con inclinada autoridad electoral.

En rigor, las ofertas de campaña no variarán a las expuestas desde hace décadas, porque subsisten, agravados los problemas financieros, el desempleo, la producción, la salud, la educación, la vivienda, sobre los que cada candidato presidencial tratará de ser más generoso que otro, mientras los aspirantes legislativos atiborrarán discursos fiscalizadores y legislaciones demagógicas, generalmente incumplidos por negocios políticos.

Por ello importante será valorar, si presentan, planes y proyectos emergentes que pretendan iniciar, sostenidamente, procesos de reversión de la calamitosa situación, sobre bases realistas y  no demagógicas, como la personalidad descontaminada de corrupción de aspirantes, quienes deben caracterizar su entereza, decisión y energía para materializarlos en un escenario mayoritario acostumbrado a sobrevivir con facilismo, egoísmo, indisciplina y sosiego, renuente a concertar esfuerzos propios con acciones consecuentes al progreso, desarrollo y bienestar general.

Basta de sosiegos 

Los postulantes deben reñir con el juego del facilismo, porque hacerlo significará continuar con la demagogia imperante desde el 2007 que ha llevado al grave estado de crisis nacional. Claro es que la caja fiscal está en soletas, que la producción, empleo, educación, salud y vivienda se debaten en grave estado de emergencia. Tienen que eliminar la creencia general de que solo el gobernante debe solucionar los problemas, sino el activo conjunto de la sociedad la que debe hacerlo, sobre la base de directrices coherentes con la urgente redención económica, política y social.

El Ecuador entero tiene que trabajar, archivando calendarios de sosiegos, concertando acciones que sobrepasen novelerías políticas institucionalizadoras de pobreza, fijando techos para la organización y despegue de beneficiarios de bonos como actores económicos, aliviando la caja fiscal. La agenda emergente tiene que privilegiar inversión en obra pública consecuente con el aparato productivo y establecer un sistema burocrático profesional, eficiente, no parsimonioso como el existente.

Colectivos de nombre 

Pese al temprano  “debate político” en redes sociales, evidente es el vacío de conciencia y cultura política por el ningún empeño capacitador de más de 280 organizaciones constantes en el registro de partidos y movimientos. Si los registros fuesen rigurosos, el Ecuador contaría con 9 millones de militantes políticos, pero es quimera. Ese 60% de la población es huérfano de doctrina e ideología política, aunque hay un grueso que sigue un referente acaso por ser parte de los “estómagos agradecidos” de la “robolución ciudadana”. La amplia mayoría de “estructuras políticas” carecen de sedes, que las activan solo en momentos electorales, por ello la orfandad de investigaciones, publicaciones (diagnósticos, tesis y propuestas) sobre temas trascendentes para el país, como determina el llamado Código de la Democracia.

Tal recurrente crisis de las organizaciones tiene a estas en desesperación ante la proximidad de los comicios por su carencia de “cuadros políticos” propios para optar por dignidades de elección popular, ausencia que les ha hecho recurrir a sujetos de presencia local o nacional por situaciones mediáticas en medios audiovisuales, que van desde actores, presentadores, ahora empastelados con dejos de corrupción, por lo que, seguramente se agudizan las dificultades para estructurar listas de asambleístas y Parlamento Andino.

Graves problemas

En efecto, la grave crisis nacional obliga a las organizaciones, si desean éxito, a presentar candidatos con insoslayables requisitos éticos, con temperamentos que conjuguen acciones propositivas para accionar procesos orientados a revitalizar el país, ajenos a carnavales financieros.

Tales perfiles son imprescindibles porque las estadísticas hablan de la calamidad nacional. Los primeros 76 días de confinamiento costaron al país USD 15 863 millones y al finalizar el año se predice que el Producto Interno Bruto (PIB) decrecerá entre -6,3% y -9,6%, esto es la más grande recesión desde 1967, año desde el cual el Banco Central del Ecuador lleva registros económicos. El Ecuador urge de recetas certeras para aliviar diagnósticos que muestran graves patologías.

Así, la situación financiera no es mejor por la agobiante liquidez. Al cerrar el primer semestre del 2020, el gobierno ha registrado atrasos de pago por USD 3 131 millones, entre ellos a seguridad social  USD 1 300 millones, a intereses por deuda USD 588 millones, a salarios USD 300 millones, a proveedores de bienes y servicios USD 200 millones. Aparte de la sostenida reactivación de la economía, urge renegociar los pagos de deuda pública. 

La situación de empleo también es dramática, puesto que mientras el sector empresarial proyecta, hasta fin de año, la pérdida de 400 000 plazas de trabajo en este año, organismos internacionales acumulan casi 900 000. Imposible que el gobierno asuma el pasivo laboral, pero si proyectar mecanismos de largo plazo que estimulen producción y consumo, consecuentemente empleo.

El sistema educativo también debe entrar en ajuste riguroso, fomentando auténticos procesos sobre derechos y responsabilidades ciudadanas en situaciones convencionales y de crisis, ajenos al inmediatismo, al facilismo, a la dádiva, fortaleciendo principios éticos, cívicos, económicos y sociales, intercambios de experiencias, para neutralizar aventuras de populismo y corrupción.

Es de reiterar que los problemas del Ecuador no los resolverá el gobierno por sí solo, sino el conjunto de actores del Estado, en un proceso que relativice ansiedades de acumulación de poder económico, político y social, potenciando capacitación, disciplina y eficiencia, conductas que harán pretéritas culturas de ansiedad, angustia, miedo, desesperación, consecuentes con la agresión, el cinismo, la deshonestidad, la hipocresía, el tremendismo, la corrupción.

Sin duda, ello no es tarea fácil, pero la lid electoral debe esperanzar, para dejar atrás 14 años de desenfrenado burocratismo y discrecionales políticas de gestión repletas de corrupción a costa del erario y del bienestar nacional.

La República del Ecuador del 2021 al 2025 reclama acciones exentas de corrupción, que la rediman, sin discursos, de la situación calamitosa, teniendo claro, desde el primer día, que habrá sacrificios pero consecuentes con procesos que destellen luces de bienestar y mejores días para la población ecuatoriana.

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1 Comentario

  1. Arturo 06/07/2020

    Un análisis muy objetivo. Esperemos que tenga buena acogida estos aspectos que plantea Criterios. Esperemos buenos resultados

    Responder

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