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Rostros y rastros

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De presunta primera fuerza política del Ecuador, el correísmo ambula hoy alquilando colectivos políticos, rebelándose contra su propia legalidad electoral persecutoria.

Foto: Daniel Molineros – API

En el desfile de precandidatos a presidente y vicepresidente de la República para registrar su aceptación, como tales, en el Consejo Nacional Electoral (CNE), los arrendatarios del movimiento Centro Democrático (CD) llegaron con franca rebeldía de incumplir la exigencia reglamentaria de hacerlo personal e indelegablemente, establecida por ellos mismos en el 2012, exigiendo que no se lo aplique a quien firmó el decreto: Rafael Correa Delgado.

Fiel a su personalidad, Correa, con hosco rostro, llegó irascible (irritable, colérico, violento, arrebatado, etc.) en la pantalla de un Tablet, como pretencioso pre aspirante vicepresidencial, quizá pensando en la eventual sumisión de la mayoría del CNE a sus designios, como se afirma al interior y exterior del organismo, pretendiendo el registro de su precandidatura vicepresidencial por delegación, socavando el reglamento de democracia interna que él expidió en noviembre del 2012, por el cual el registro de precandidaturas y candidaturas para dignidades de elección popular es personal e indelegable ante el CNE.

Tal registro abortó por acción propia, por lo que, a menos que CD lo sustituya en la papeleta presidencial, el movimiento no contará con aspirantes a las máximas dignidades del país, pero hasta el cierre de esta nota parece que Correa mantendrá su exasperación y ha instruido a los suyos realizar la campaña invocando su nombre, aunque no conste en la papeleta electoral. Centro Democrático, si no ha alquilado toda la su condición de operador político, y le resta alguna independencia de gestión, aún podría completar el binomio.

Hasta el cierre de esta nota, Rafael Correa mantenía su exasperación y deseo de estar presente en la campaña ¿electrónicamente?, sin registro legal de su candidatura, porque su pre candidato presidencial, Andrés Aráuz, eufórico, en una cerrada reunión con ortodoxos seguidores, ha dicho que su cúpula política ha ratificado al binomio y así entrarán al proceso electoral, es decir de facto, para alcanzar alguna notoriedad, victimizándose. El CNE está en la obligación de valorar la eventual actuación y adoptar las medidas correspondientes.

¿Victimización y violencia?

Por ello, es impredecible la incidencia del ilegal protagonismo electoral de esas candidaturas de CD y la estrategia del hasta ahora fallido binomio presidencial, pero es improbable descartar actos de violencia. El CNE, la fuerza pública y la justicia desde ya deben estar alertas sobre los eventuales movimientos de facto del malogrado binomio que podrían generar no pocas turbulencias.

En una reunión cerrada con sus partidarios, Aráuz ha dicho que, pese a la no calificación del CNE, promocionarán al binomio por todo el país, que traducida a la normatividad electoral significaría campaña expresa por el voto nulo, vedado por la ley, pretendiendo así afianzar su presunto papel de víctimas, pero de su propia normatividad expedida en el 2012 para bloquear la candidatura del otro populista, Abdala Bucaram, porque le habría hecho seria competencia en freír hielo.

Así, parece que los resultados del escrutinio del voto nulo probablemente serían reivindicados por el correísmo, pero hay cifras históricas que oscilan en el 10% por los tradicionales reacios a integrarse en el establishment político electoral.

Las instrucciones correístas a sus seguidores, según dicha reunión, será escribir la expresión “Aráuz-Correa” en la papeleta o varias veces 1; de ser así, los delegados políticos a las mesas electorales tendrán la posibilidad de registrarlos en el proceso de escrutinio, para saber cuántos son los que todavía amplifican la tipificada “delincuencia organizada”, por ahora restringida a innúmeros funcionarios que gobernaron el Ecuador desde el 2007.

Importante será conocer el registro de papeletas con dichas inscripciones, legalmente votos nulos, lo que podría dar certeza de si en verdad Alianza País llegó a tener más de 1’000.000 de afiliados, como se jactaron más de una vez. Las elecciones del 7 de febrero del 2021 constituirán termómetro para saber la real fuerza política que subsiste de la denominada “revolución ciudadana”.

Por ahora hay incertidumbre, mucho más si se recuerdan los dos rostros de Correa en dos momentos diferentes de la semana anterior: el propio, el real, el irascible, estuvo presente en la Tablet durante el fallido registro como precandidato vicepresidencial en el CNE; el otro, el utilizado en los momentos de fervor populista y demagógico, el compungido, desaliñado, abatido, que se presentó al cierre de la audiencia penal de casación por el caso Sobornos, donde se estableció que Correa encabezó la exigencia de dinero a empresas para financiar sus campañas electorales. El fugitivo aduce ser “perseguido político”, mientras los jueces de primera y segunda instancia determinaron su culpabilidad de liderar dicha extorsión.

Blanqueo político

Si lo anterior no solo es un problema ético para el movimiento prestado o alquilado a Correa, también tendría otros al momento de la calificación de listas para la Asamblea Nacional y el Parlamento Andino, porque no pocos nominados para las candidaturas tendrían sesgadas hojas de vida, pretendiendo blanquear o lavar sus rostros políticos, pero al ser valoradas en forma transparente serían rechazadas del proceso.

CD parece que dará mucho trabajo al CNE, por lo que sería importante que, para no pasar apuros en la calificación, el órgano electoral ya solicite a la justicia ordinaria y a la Contraloría General del Estado informes sobre aquellos probables candidatos, preinscritos, que podrían estar envueltos en sospechosos movimientos por la administración pública y que estarían optando por escaños para obtener inmunidad y vocería en importante estamento de la función pública.

La calificación de las precandidaturas es otro desafío para el CNE, porque si acepta postulaciones de sospechosos enervaría a buena parte de la población y estaría haciendo realidad memes que circulan en redes sociales, como el que grafica urnas para votar por candidatos ladrones, prófugos, con grilletes electrónicos, presos y corruptos.

De cualquier forma, por decisión de su dirigencia, CD ya tiene ganada una página en la historia política ecuatoriana, al haberse convertido en burro pie o albergue de gente estructuralmente sindicada como “delincuencia organizada”, de quienes se acostumbraron a gastar dinero “a manos llenas (y) siguieron construyendo obras faraónicas para enriquecerse más”, según el presidente Lenín Moreno.

En su enmarañada gestión, el CNE ha aplicado el Reglamento de democracia interna, en cuyo proceso, paradójicamente, incumplió quien lo inspiró y expidió para que rija en el Ecuador, instrumento que ha sido intocado por el sucesor, guardando fidelidad a no pocas normas perversas expedidas para hacer laberintos en el Ecuador. 

Si el CNE tamiza bien las candidaturas, con ética y transparencia, presentadas por las organizaciones políticas, se podría pensar que el Ecuador inicia rutas de fortalecimiento en su representatividad política; si no lo hace, evidenciaría un rostro cómplice de posicionar a la corrupción, disfrazada de política, para que continúe esquilmando y degradando al país, cuyas principales instituciones se encuentran en momentos deplorables, como la Asamblea Nacional con el 2% de credibilidad y la presidencia de la república con menos del 10%, en tanto la justicia, bambolea con supuestos topos correistas para posiblemente encubrir la alegre y discrecional administración del Estado desde el 2007.

Así, se espera con ansiedad la reinstitucionalización del país que debe complementarse con una consulta popular para dejar atrás todas las turbulencias constitucionales y legales que han hecho mucho daño al proceso de desarrollo y bienestar del Ecuador.

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