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¿Luchas sociales?

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Leonidas Iza CONAIE

La Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) tiene objetivos étnicos, le son extraños los de la República; su fin ulterior es tener un “gobierno propio de los pueblos indígenas”.

Foto: Daniel Molineros – API

En contraste a sus objetivos específicos étnico-jurídico-políticos, la nueva dirigencia de la Conaie está de vuelta a la escena política nacional, exigiendo al gobierno adoptar, inmediatamente, sus puntos de vista “para superar la crisis económica”, si no lo hace “estamos obligados a generar condiciones de movilización”.

El lenguaje parecería ser ultimátum, desdeñando posibilidades de diálogo con el gobierno. Tuvo respuesta del mismo tono, aunque el gobernante dijo luego, a una cadena televisiva extranjera, que tiene “la mano extendida (…), que vengan al Palacio de Gobierno si quieren conversar conmigo”.

Las exigencias de la dirigencia indígena no son nuevas, son similares a las que envolvieron desmanes en octubre del 2019: derogar decretos que, progresivamente, alzan precios de combustibles, represar políticas mineras, moratoria de un año al pago de acreencias al sistema financiero y, desde entonces, no han expuesto los “sustentos técnicos” para hacerlas factibles. 

Objetivos de la Conaie son: la consolidación de pueblos y nacionalidades indígenas; la defensa de tierras, territorios indígenas y recursos naturales; fortalecer la educación intercultural bilingüe; luchar contra el colonialismo y neocolonialismo; promover el ejercicio de los derechos colectivos de los pueblos y nacionalidades reconocidas por la Constitución; constituir una sociedad intercultural; promover la participación mediante el establecimiento de una democracia participativa, para alcanzar la descentralización del poder y los recursos económicos, la solidaridad y la equidad;  mantener relaciones internacionales con nacionalidades indígenas; fortalecer y apoyar el gobierno propio de los pueblos indígenas y su ejercicio de autoridad para que asuman con unidad y autonomía y dignidad el control de sus territorios y la realización y defensa de sus derechos humanos y colectivos.

Un relativo análisis jurídico sugeriría reformar inmediatas a dichos objetivos, no solo para encuadrar a la organización no gubernamental en el marco de las disposiciones constitucionales y legales ecuatorianas, sino para formular las exigencias de marras.

Disyuntivas

Además, la dirigencia parecería tener restringida lectura respecto a la interculturalidad, que la reduciría a la disyuntiva étnica indio-mestiza, siéndole ajenas las diferencias y complementariedades lojano-carchense, cuencano-esmeraldeño, carpintero-hojalatero, profesional-artesano, por ejemplo, porque la cultura “representa el estilo particular de vida de un grupo específico de personas”.

Respecto a “la consolidación de los pueblos y nacionalidades”, cabría preguntar a la dirigencia de la Conaie: ¿qué ha realizado o realiza para alcanzar tal objetivo?, ¿qué realiza la Conaie en torno a lograr eficiencia y productividad agropecuaria en sus pueblos y nacionalidades?, ¿cuánto de su presupuesto, oxigenado desde el exterior, destina a tales objetivos o eventualmente dotarse de centros de acopio, de industrias que generen valor agregado a sus productos primarios?, ¿han pensado en construir una refinería propia para autoabastecerse de combustibles y no depender de la producción internacional, en gestionar minería propia preservando el ambiente?

Así, con organización, gestionando presupuestos, con responsabilidad, compromiso y acciones técnicas, los pueblos y nacionalidades, alrededor del 7% de la población nacional, tendrían empleo pleno, vivienda, servicios, riqueza, bienestar, lo que sería consecuente de una auténtica democracia participativa, para alcanzar la descentralización del poder; pero no, parecería que ello no consta en su agenda, quizá por haberse acostumbrado a jugar con citadinos guiños populistas, en campañas electorales, que les prometen insertar a cierta dirigencia en la burocracia estatal, olvidando sus objetivos específicos.

La burocracia les sumerge en nuevas realidades en las que no solo les es difícil integrarse, sino asumir responsabilidades plenas, quizá por ello parece estribillo exigir “respeto” a las reformas a la Ley de Educación Intercultural, peor no disciernen que para atender la irresponsabilidad, por decir lo menos, de la Asamblea y del Ejecutivo que hace poco cesaron de sus funciones,  de aumentar sueldos y determinar jubilaciones preferenciales a los docentes se necesitan USD 3 000 millones, el 3% del PIB, anuales, cuyo financiamiento exigido constitucional y legalmente no aparece por ninguna parte. 

¿Solución fácil será elevar el IVA del 12 al 15%?, o hacerlo de los remanentes del precio del petróleo que, coyunturalmente, crece. Solo el “egonomista”, al que admira el dirigente de la Conaie, vio indefinido el precio de USD 100 por barril, por lo que decidió el desmedido aumento para la burocracia estatal, cuya planilla, en estos tiempos, debe cubrirse con deuda pública.

El 996

La burocracia de la Conaie exige respuestas hasta el 10 de agosto, seguro que no las tendrá, por lo que activará “movilizaciones”, pero movilizaciones contrarias a la actual lucha de jóvenes chinos contra la no tan novedosa abreviatura 996 de su gobierno, que les representa una real pesadilla.

El 996 chino moderno “es la abreviatura del agotador horario que se convirtió en la norma de muchas empresas chinas: se trabaja de 9 de la mañana a 9 de la noche, 6 días a la semana (…). La cultura del 996 fue impuesta por el sector tecnológico cuando las incipientes empresas chinas de Internet se apresuraban a competir con las estadounidenses de Silicon Valley. Al principio, los trabajadores estaban dispuestos a cambiar su tiempo libre por el pago de horas extras y la idea de ayudar a China a igualar a occidente. Es así como surgieron los gigantes de la tecnología como Alibaba, Huawei y ByteDance, propietaria de TikTok, que elevaron a la economía china al segundo puesto detrás de Estados Unidos y la mantienen en ascenso”, pero los jóvenes ya mueren por agotamiento en sus puestos de trabajo, refiere la agencia Infobae.

Preocupante versión; su vigencia significa que el gobierno del país asiático repudia los convenios internacionales del trabajo y de derechos humanos. Quizá esto no incomode al dirigente de la Conaie por razón “ideológica”, pero parece estar decidido a realizar “movilizaciones” para fortalecer “la lucha popular” en que se encuentran “los pueblos” del Pacífico Sur para restablecer el destemplado y severamente cuestionado “socialismo del siglo XXI”.

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