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¿Qué hemos aprendido de los confinamientos?

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El país aprendió muy poco en este año. Los procesos digitales todavía son incipientes y lastiman el día a día.

Foto: César Muñoz – API

Ha pasado más de un año desde que inició el confinamiento en Ecuador y creo que ni las empresas ni la sociedad han aprendido las lecciones de este tipo de cuarentenas. 

Nos habían advertido que estos aislamientos intermitentes iban hacer una costumbre por un buen tiempo. Sin embargo, en nuestro país una vez que las medidas se levantan la gente vuelve a aglomerarse, los trabajos vuelven a ser presenciales y es que las ventajas que debió dejarnos el confinamiento no están siendo utilizadas en el largo plazo. 

En las instituciones públicas, en cada confinamiento, se detienen los procesos. Por ejemplo, en el Ministerio de Trabajo ciertas audiencias se suspendieron hasta el 20 de mayo 2021, y es que no ha existido ninguna innovación en las instituciones públicas para dinamizar los procesos gracias a la tecnología. 

Las audiencias virtuales podrían reducir los costos de alquiler de oficinas y, por cualquier complicación que tengan las partes, siempre será siempre más fácil conectarse a un computador o celular que movilizarse. 

Los certificados médicos del IESS podrían presentarse de manera digital y así el afiliado no necesitaría trasladarse ya que dependiendo de su enfermedad puede ser imposible trasladarse pero quizás sí factible usar un computador.

Dentro de poco se posesionarán los nuevos asambleístas y quizás la Asamblea puede modificar ciertas cosas. Entre ellas las sesiones virtuales que permiten ahorrar no solo el alquiler de la sede, los gastos de limpieza, viáticos, etc. sino que las discusiones fluyen mejor sin tanto roce físico. Pero seguramente este no es un negocio para asambleístas a quienes les encanta recalcarnos que han optado por convertirse en eso con el fin de luchar por un país mejor. 

Todas las instituciones públicas podrían haber evaluado en este año qué tareas pueden mantenerse de manera virtual y quizás modificar ciertos puestos de trabajo por el bien de los usuarios. 

El digitalizar ciertos procesos puede generar miedo en los burócratas y, aunque es verdad que algunos puestos de trabajo no serán más necesarios, habrán otros que se requerirán y ahí habrá un equilibrio. Entiendo que nadie quiere perder su trabajo pero es responsabilidad de los directivos de estas instituciones buscar mejores prácticas para las mismas.  

Este análisis e innovación también deben realizarlo en la empresa privada y la banca. Es increíble que un banco no reciba un documento con firma electrónica y que insista en que sea física y que sea presentada de manera presencial. En casos como estos podrían tener call centers para verificar información con los usuarios hasta educarnos a la digitalización de sus procesos y tener verificadores de la información en lugar de quienes hoy en día las reciben físicamente. 

No hay que tener miedo al uso de la tecnología porque aunque parecería que ciertos puestos de trabajo se perderían, se van a necesitar otros. Claro que las habilidades que se requieran para estos puestos serán un poco más complejas. Sin embargo, todas las empresas tuvieron un año para capacitar a su personal o para pedirle que se capacite para que puedan dar estos grandes saltos tecnológicos. 

Las empresas no han puesto en una balanza las verdaderas ventajas del teletrabajo y es que aunque a las gerencias de la vieja escuela les cueste aceptar el personal que realmente está comprometido trabajará en esta modalidad y quien no pese a estar ocho horas sentados en la oficina no lo harán. 

Los costos de suministros, luz, agua, teléfono, alimentos disminuyen y el personal se siente beneficiado generando un mejor clima laboral. Si las empresas mantienen desde ahora el teletrabajo al menos dos días a la semana el tráfico va a disminuir y  también las aglomeraciones permitiéndonos así hacer las cosas en menor tiempo. El teletrabajo fue empujado por la pandemia y por eso no solo debe ser usado como mecanismo de protección frente a una pandemia o enfermedad. Entendamos que es una modalidad de trabajo que trae beneficios para el empleado y el empleador. Cuántas citas se podrían dar en el IESS por telemedicina para liberar un poco los espacios para otras especialidades que deben ser físicas. De esta manera un paciente no tendrá que esperar entre cuatro o cinco meses para una cita de control. 

Es importante recalcar que en el colapso de los hospitales públicos no es solo por el COVID-19, ya que antes de esta pandemia también estaban saturados para otro tipo de enfermedades como el cáncer, para el cual no tenían medicamentos o especialistas, o que se tiene que esperar un tiempo extremadamente peligroso para una cita lo que podría complicar más el caso clínico. 

La pandemia sólo hizo más visible las grandes falencias en cada una de las actividades de las instituciones públicas y privadas. El confinamiento debe dejarnos lecciones de proactividad y no suspender todo y retomarlo una vez que se levantan las medidas porque sino una verdadera innovación de los servicios y la atención al cliente no se dará en el país. Cada una de las empresas tiene la tarea de buscar cómo agilizar y simplificar sus procesos para poder así fidelizar a sus clientes que cada vez prefieren más los canales digitales.

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