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Empresas: El gran reto de Lasso

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El nuevo Presidente tiene la oportunidad de desterrar el odio que se ha sembrado la Revolución Ciudadana en Ecuador. Lea esta reflexión.

Foto: @Pressfoto – Freepik

La elección de las autoridades de la Asamblea fue el primer gran reto de Guillermo Lasso. Pudo romper una relación tóxica con el Partido Social Cristiano que, por mucho ruido que hizo, al final de cuentas no le aporto mucho según los resultados de las elecciones de abril.

Con eso terminó de convencer a muchos que aún dudaban de su capacidad de liderar. Pues muchas veces parecía que podía ser un títere de Jaime Nebot. Esta ruptura es el primer paso a su propia independencia y una demostración de querer cumplir con su discurso del Ecuador del Encuentro. 

Pero, sobre todo, como ecuatorianos vemos un inicio de un modelo político que respete la democracia y que dejemos poco a poco el racismo hacia los indígenas y el resentimiento de ellos hacia los mestizos. Queremos tolerancia en todos los sentidos ya que el autoritarismo del Correísmo sigue presente en nuestro día a día.

La gran herencia del Correísmo es ese odio entre grupos sociales. La envidia, el odio y esos prejuicios que, aunque siempre existieron durante sus 10 años de mandato, se afianzaron también en las nuevas generaciones. Y que en el gobierno de Moreno no se lograron disminuir sino por el contrario hasta que se afianzaron. Este desprecio entre grupos sociales articulado a través de leyes, sabatinas, discursos y propagandas logró fraccionarnos como ecuatorianos. Ese vacío considero que es el mayor problema para gobernar y lo pudimos ver en las protestas de Octubre 2019. 

Y aunque los posibles acuerdos para la Asamblea Nacional nos volvían a dividir, Lasso y la postura de su movimiento Creo actuaron en coherencia a sus promesas. Nos dieron fe de poder creer en las típicas promesas de campaña y de motivarnos a creer en un Ecuador distinto. 

Pero desde mi punto de vista, el gran reto de este gobierno es volver a unir a empleados con empleadores. 

Correa con su discurso le hizo creer al pueblo que el empresario era un nuevo explotador y que se enriquecía gracias al maltrato a los empleados. Sin embargo, hay que entender que son un equipo y que deben trabajar en conjunto. Cuando Lasso logre eso será entonces mucho más fácil implementar medidas laborales, tributarias y otras que son necesarias para poder de salir de la crisis actual porque así el apretón del cinturón de un grupo no es la satisfacción del otro. 

Solo así podremos aceptar, y sobre todo entender, el por qué de ciertas medidas que son cruciales. Además que existen otras que cada uno desde nuestros puestos podemos empezar a aplicarlas más allá de si vengan o no del gobierno actual que permitirán destrabar estereotipos y así tener un Ecuador del Encuentro en todos los sentidos. Nuestro problema es social y cultural. Nos dejamos llevar del odio al que surge, al que hereda, al que invierte en su país sin entender que muchos de ellos nos han permitido alcanzar nuestros objetivos profesionales y económicos por ser fuentes de trabajo. 

Por poner un ejemplo, en temas laborales hay muchas empresas con retrasos en pagos de obligaciones no por gusto sino como resultado de la crisis económica y ese resentimiento hace que los retrasos no sean comprendidos y empiecen los juicios. Entiendo que hay empresas y empresas como empleados y empleados. Como en todo habrá quienes abusen de su poder y no sean condescendientes con su equipo de trabajo, pero si ambos ven a la empresa como su segundo hogar podrán buscar juntos el bienestar de la misma con el fin de que a largo plazo todos salgan favorecidos. Nos cuesta planificar a largo plazo, en ese sentido somos impacientes como sociedad pero debemos ajustarnos hoy para en unos años poder tener más equidad y justicia en cada puesto de trabajo. 

Sin embargo, hay que tomar el tiempo de analizar realmente a qué se deben los incumplimientos de los empresarios y no que sean como mecanismo para derrotar una “opresión” que el Correísmo nos vendió. 

Es por eso que creo que el reto de Lasso es más cultural. Es cambiarnos ese chip de querernos oprimirnos unos a otros por juzgar ese estatus que representemos dentro de una sociedad. De esta manera podremos ser líderes en emprendimiento por innovación y no por necesidad. Así podremos trabajar en equipo empleados y empresarios para sacar adelante al país. Ve con mucha ilusión que una mujer indígena entregue el bastón de mando a un presidente “banquero” porque aunque sea un simple acto poco a poco iremos rompiendo paradigmas.

De igual manera me emociona mucho que la ropa de la primera dama no sea de marcas extranjeras sino de una diseñadora guayaquileña (Sofía Baquerizo), impulsando el consumo local, y también el Decreto que dicta que los familiares no podrán trabajar en el gobierno. Ambos son pequeños actos que nos dan nuevos aires y que son indicios de querer ir rompiendo estos prejuicios y malos conceptos que tenemos de nosotros mismos.

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