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La justicia es la mayor de las injusticias

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La justicia intervenida y sin acción. La corrupción ‘pan de cada día’. Descontrol en las cárceles y el sistema penitenciario. Un análisis de la realidad del Ecuador frente a su sistema de justicia y las denuncias de corrupción.

Foto: OpenClipart – Pixabay

“La justicia es la mayor de las injusticias” es una frase que mi papá me la ha repetido desde pequeña y que recién a mis veintes entendí realmente su significado. A él decirla le costó la salida de la Escuela Naval y a mi entenderla me significó la desconfianza hasta de mi círculo más íntimo.

Crecí en un entorno honesto y por eso me demoré en realmente entender el poder y el significado de aquella frase. Tras los escándalos de corrupción, a una edad ya adulta, entendí que Ecuador pese a todos sus encantos tiene un defecto y este es su sistema judicial. Es extremadamente desmotivante ver que los culpables pasean por la ciudad tranquilos mientras que hay inocentes tratando de probar su honradez. Vemos a autoridades orgullosas de sus grilletes porque el ser condenado pasó de ser una vergüenza a un halago.

Lamentablemente hemos empezado a normalizar la corrupción. Aceptamos que la política sea la palestra para que muchos puedan sacar provecho siempre y cuando realicen alguna obra en pro del pueblo. Y lo más triste aún es que hemos perdido la fe en la justicia. Hoy dudamos que quienes son declarados inocentes sean realmente honestos. Lo que viene a mi mente es que los que salen limpios es porque tuvieron tanto el poder como el dinero para poder comprar a una justicia desesperada por coimas.

Estas injusticias no solo vemos en casos mediáticos sino también en casos menos polémicos como los juicios societarios, juicios de accidentes de tránsito y muchos otros. A quienes les falta conciencia social, moral y principios no les molesta destinar recursos para cambiar la historia del problema. Las víctimas terminan siendo victimarios ya que mientras esperan que la justicia haga su trabajo, esta última ya fue alterada.

El problema no es solo de jueces y fiscales. El problema está en la sociedad, en el día a día de todos nosotros. Cada vez que no pagamos la zona azul y nos sentimos triunfadores, cuando pagamos a un agente de tránsito y lo consideramos barato y hasta cuando con solidaridad damos una moneda a alguien en la calle estamos fomentando un sistema corrupto. Normalizado estos actos hay mafias que se siguen alimentando e individuos que siguen educando sin principios a sus hijos.

Debemos nuevamente asustarnos por hechos como no respetar las filas, plagiar un documento, reportar horas extras sin ser realmente trabajadas y por abusar de la confianza de nuestros cercanos. Actos relativamente pequeños que nos permiten retomar un pensamiento crítico en nuestro día a día y no solo juzgar como corrupción los hechos mediáticos. Estos son solo el reflejo de lo que estamos nosotros haciendo en nuestro día a día.

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