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Efect-Lasso

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El triunfo del Presidente electo cambió las percepciones del país. Viene la etapa de recuperar valores y principios.

Foto: Juan Ruiz Condor – API

Esta semana siento es otro país. Siento que la ilusión y la fe se apoderaron de los ecuatorianos porque el triunfo de Guillermo Lasso llegó como esa luz al final del túnel.  No solo porque casi el 53% de la población no quería que gane Andrés Arauz, sino porque veíamos imposible que el correísmo pierda. También se le demostró al país que no solo la corrupción es la que gana. Que aunque nos cueste creer en la transparencia y la honestidad, estas aún pueden ser vencedoras. 

El domingo 11, por la noche, me transporté a un partido de fútbol de la Selección. Ese día donde no importa de qué equipo eres, todos soñamos con un triunfo de la Selección. Al ver y escuchar a toda esa gente en las calles, en los autos, en las plazas lo que se sentía fue a los ecuatorianos festejando el triunfo de la democracia y no solo el triunfo de Lasso. 

La economía se reactivó. Amigos emprendedores se muestran contentos con sus cifras de ventas solo con los tres primeros días de la semana pasada. El Riesgo País cayó más de 400 puntos únicamente con los resultados de las elecciones. El estado de ánimo de las personas también mejoró y se lo puede ver en los ojos de los ciudadanos que denotan paz y esperanza. No se siente tanta hostilidad ni tanta defensiva por parte de quienes vivimos en Ecuador. 

Muchos no estaban de acuerdo con las propuestas o los intereses que Lasso representa o que nos hacen creer que representa; pero el sentido de equipo valió más. Varios renunciaron a sus ideales políticos por el bienestar de un país, puede que sea momentáneo, pero lo hicieron. A su vez nos demostró que aún no hemos perdido del todo la memoria y que nada vale más que el ejemplo. Las palabras tranquilas y conciliadoras del discurso de Lasso era lo que la sociedad tanto buscaba. Ya nos cansamos de los bailes, de los insultos de las agresiones de ganadores contra perdedores. Esto es lo que se vio ese domingo en las calles.

Los festejos demostraron eso. Familias unidas. Este creo que fue un factor clave ya que Guillermo Lasso, en especial, en la segunda vuelta apareció no solo como un candidato a Presidente sino como padre, esposo, hermano y abuelo. Un ser apegado a su entorno y esa importancia de la familia que se reafirmó tras la pandemia sumado a la crisis moral que vivimos nos llenó de positivismo a los ecuatorianos. Como latinos somos seres familiares y, por eso, revalorar el rol de la familia dentro de nuestros éxitos fue ese empujón que necesitaba Lasso en su estrategia de campaña. 

Así también se mostró en los medios internacionales, como la entrevista en CNN en español. En este mismo sentido, el papel de su hijo Santiago fue también vital. Él fue el intermediario entre el candidato y la juventud. Quizás lo pudimos ver más cercano, más real, y hasta más “trending” pudiendo así llegar a una audiencia que lo veía muy anticuado. 

Otro factor que me parece importante es su personalidad. En sus anteriores campañas fue criticado por eso. Por no ser carismático, bailarín, gritón, decían que perdía votos. Pero el contexto actual demostró que la población ya no quiere más de eso y su serenidad le sirvió para ganar. Este fue su momento para mostrarse real porque en la primera vuelta quiso ser lo que otros habían sido y más bien perdió aceptación. 

Dentro de este deseo de paz y oportunidades que buscamos la mayoría de ecuatorianos hasta el discurso de Andrés Arauz me sorprende. Me voy a quedar con la idea de que quizás sus intereses políticos siguen intactos y quiere postularse a otra candidatura después. Hemos estado tan acostumbrados a las groserías e insultos que el poder tener discursos tranquilos tras una derrota me llaman la atención cuando debería ser lo más normal. 

Esperemos que esos valores y principios que dejamos en el armario porque el ejemplo de las autoridades de su momento nos hacía creer y valorar otras ideas, quede para el olvido y decidamos empezar un nuevo capítulo de este lindo país. Confío en que ese autoritarismo y prepotencia del correísmo, que llegó a contagiar a toda una población, quede como un mal recuerdo de los peores 14 años que nos tocó vivir.

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