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El rol de la sociedad civil ante las diferencias sociales

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La sociedad civil organizada ha sido imprescindible para ayudar en las distintas crisis del país. Hay muchas organizaciones a las que usted puede ayudar.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

En época de elecciones todos se fijan en las diferencias sociales, en los vacíos del gobierno saliente pero una vez en el poder, las grandes inequidades quedan en eso, en simples promesas de campaña; mientras que, grupos menos poderosos, trabajan calladamente para reducir las desigualdades. 

Es la sociedad la que, miles de veces, ha tenido un rol fundamental para disminuir esa gran brecha social que existe en el país. El gobierno de turno sea de derecha o de izquierda nunca ha podido acortar esa diferencia ni tampoco equiparar las oportunidades, por más que la famosa “Revolución Ciudadana” se encargó de alabarse por buscar la igualdad. Hoy podemos analizar que, en los momentos más trágicos como fue el terremoto de abril del 2016; las necesidades de la comunidad no fueron más que excusas de momento para encontrar la forma de robar. 

En ese mismo momento fue la sociedad civil que, a través de múltiples organizaciones que se tomaron el problema al hombro, dotaron de implementos de primera necesidad a las poblaciones más vulnerables. Recuerdo haber visto a cientos de voluntarios en el parque La Carolina clasificando donaciones de muchos de quiteños que llegaban con ropa, juguetes, y comida. Y es que, si no fuera por la sociedad civil, la tragedia que viven aún miles de personas en Manabí sería mucho peor. 

Lo mismo ocurrió en la pandemia, ya que el Estado se encargó de destinar el dinero de los hospitales para seguir alimentando mafias de corrupción por la compra de mascarillas, fundas para cadáveres y demás implementos a precios excesivamente altos; en cambio, la sociedad civil se organizó para donar mascarillas y comida a la gente de escasos recursos y a quienes viven de las ventas del día a día. 

También dotaron de útiles escolares, como son ahora las tablets, computadoras o celulares a los niños para que no dejen de estudiar. La lista de útiles siempre ha sido un rubro fuera del alcance de muchas familias. Antes veíamos a niños durante las vacaciones vendiendo chicles, frutas, etc. para ayudar a sus padres a reunir el dinero de los útiles escolares. Ahora, un computador y un servicio de internet son valores demasiado altos para muchas familias. Pero gracias a manos solidarias muchos niños han conseguido tener acceso. En las noticias vemos por ejemplo los días jueves, en Teleamazonas, varios pedidos de tantas necesidades que vive la población. Enhorabuena muchas de ellas son atendidas por empresas privadas o por fundaciones y organizaciones sin fines de lucro. 

Con estos ejemplos quiero contextualizar el papel que ha jugado la sociedad civil para sacar adelante al país y para reducir las necesidades de la población más vulnerable y la que únicamente es recordada en época de elecciones.

Pero me refiero a la sociedad que articula sus esfuerzos de manera organizada y que ayuda a su comunidad, no aquella que simplemente da caridad. Es importante diferenciar la caridad de la ayuda organizada. La caridad parte del hecho de que uno lado es superior y da algo que le sobra. Es solventar un problema con un parche, por ejemplo, el regalar un juguete a un niño de escasos recursos le quitará la tristeza de ese momento pero sus problemas de educación y alimentación siguen ahí. Esto no ayuda a que la sociedad avance, los vacíos y prejuicios siguen ahí. La ayuda organizada en cambio es el estímulo que muchas veces les hace falta a ese grupo de personas para que puedan hacer de su condición algo transformador y encontrar la resiliencia para salir del apretado momento que viven. Es como se dice enseñar a pescar. Es dotar de ciertas condiciones que sean el comienzo de un cambio real. 

He palpado el duro trabajo de fundaciones como Cecilia Rivadeneira que ha afrontado el problema de los niños con cáncer y sus familias. Un problema de salud pública que ha sido tratado por un grupo de voluntarios con un gran espíritu de transformación. 

Ellos han logrado mejorar la calidad de vida de muchos niños y cambiar el enfoque con el que se vivía el cáncer en el país. Han influenciado en la economía de sus familias gracias a un proyecto de té sustentable como es Wayu. Gracias a las obras de teatro en la que participan los niños y sus hermanos cada año se han podido mejorar problemas de autoestima, de desarrollo infantil y potenciar  sus habilidades. 

Es impresionante y gratificante ver cómo un grupo de jóvenes asumen un papel activo para cambiar la sociedad sin esperar a que el gobierno de turno solucione las cosas. Ellos, desde sus espacios, van dejando huellas y llenando de optimismo y esperanza a tantas personas que les ha tocado realidades bastante más duras. Es un trabajo lento pero que después de muchos años se ven sus frutos. 

Por ejemplo, la Escuela Granja fue un sueño de la fundación Cecilia Rivadeneira y hoy alberga a niños con cáncer y sus familias para que puedan recibir su tratamiento en un lugar más humano que un hospital, para que puedan seguir con su educación, para que tengan un espacio de distracción y para que sus familias puedan también recibir talleres y capacitaciones. 

He sido voluntaria desde que tengo uso de razón porque mis padres me han enseñado que la mejor manera de vivir es haciendo algo por los demás. Ver el progreso de niños y familias es de los recuerdos más lindos que tengo. Esa sonrisa sincera de quienes se sienten beneficiados no tiene precio. El voluntariado me ha enseñado que no es necesario ser autoridad, político o famoso para poder transformar la vida de las personas positivamente. Con un pequeño esfuerzo podemos buscar una sociedad más justa y equitativa. Ser agentes de cambio y de bien para una sociedad no debe depender de quien nos gobierne, sino de nuestra fuerza por no dejarnos llevar por los valores y conceptos que definen la política ecuatoriana.

Hay muchas organizaciones que tienen programas estructurados de los cuales podemos ser parte, empresas privadas que tienen enfoques de responsabilidad social con los cuales nos podemos identificar. No esperemos a que un político con un pasado turbio y salpicado de corrupción venga a solucionar los problemas de equidad y justicia que él mismo ha fomentado. Les dejó una frase de Edward Bulwer que seguro hará despertar en usted al agente de cambio que necesita el país: “El hombre nunca es tan feliz como cuando da felicidad a otro”.

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