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Y ahora ¿qué quiere Putin?

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Putin

Un análisis de la guerra en Ucrania desde una perspectiva geográfica cercana. Un conflicto que parece no tener fin y algunos testimonios de gente que la vive todos los días con preocupación y algunos enfoques de expertos en tema de armas y estrategias militares.

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Fotos: Flickr Kremlin.ur

En toda Europa del Este se clama por la paz en Ucrania. Desde la plaza del mercado en Cracovia, a la plaza Wenceslao en Praga, en la plaza de la catedral de San Esteban en Viena, en las orillas del río Danubio en Budapest y del Vístula en Polonia y para los trabajadores rusos y ucranianos que viven en esos países y que no tienen nada que ver con el conflicto, es claro el llamado: que se acabe la guerra.

Vladímir Putin, el loco y el genio

Pero Vladimir Putin no cesa en su objetivo: masacrar civiles y escalar el conflicto. Su más reciente estrategia de bombardear varias ciudades fue una repuesta al ataque al puente de Crimea ordenado desde Kiev. Tras nueve meses de combates en una guerra que según el mandatario ruso “sería una operación de una semana, a lo mucho”, la realidad es que el otrora poderoso ejército rojo ha fracasado. Pero, al conocer la noticia del bombardeo del puente de Crimea, Putin lo tenía claro: ordenar ataques para responder.

El ataque de la semana pasada fue contundente: misiles y drones iranies fueron dirigidos contra Kiev y otras ciudades, Lviv, Ternopil, Khmelnytskyi, Zhytomyr, Poltava, Kharkiv, Dnipro, Zaporizhzhia y Mykolaiv y fueron contra objetivos civiles e infraestructura vital. Aunque en Rusia se jactaron del ataque, no pueden desconocer los golpes que el ejército ucraniano ha logrado en su avance y recuperación de algunas ciudades.

Igor Girkin, ex militar y oficial de la inteligencia rusa, ultranacionalista, acusado de crímenes de guerra y sancionado por Europa, está en contra de la reciente acción de las tropas de Putin. “Los numerosos ataques a infraestructuras críticas en la llamada “Ucrania” tendrán sin duda un efecto y repercutirán en el estado del frente ucraniano y de las fuerzas armadas ucranianas en su conjunto. Pero el efecto no será en absoluto instantáneo y no empezará a tener repercusiones hasta varias semanas después”, dijo en Telegram.

Putin prometió en su mensaje televisivo seguir con los ataques, pero extrañamente no culpó a occidente por esta acción, sino a la inteligencia ucraniana, lo que extraña a analistas occidentales y expertos en el tema ruso. ¿Se olvidó de su discurso original? ¿quiere crear otra narrativa? Muchos creen que hay que analizar éste, como otros mensajes, entre líneas. Pero la guerra de conquista de territorios no surtió el efecto que Moscú esperaba y no se cree que existan más objetivos en los planes de Putin.

Pero hay gente que quiere que la guerra siga, como el líder checheno Ramzan Kadyrov -quien prometió enviar a sus hijos menores de edad al frente- quien quiere que la conflagración prosiga: “te advertimos Zelensky, que Rusia aún no ha empezado de verdad, así que deja de quejarte como si fueras un chiflado: mejor corre antes de que te alcance un misil”, escribió en Telegram. También otros grupos del área radical que apoya a Putin piden que continúe con la masacre de civiles ucranianos.

Hay voces como la del líder chino, Xi Jingping, que piden el final del conflicto y miran como Moscú se ha empantanado en Ucrania, lo que redundaría en un fracaso militar, además del económico, aunque su país sea el principal comprador de petróleo y gas rusos a muy bajos precios.

En el frente interno Putin se enfrenta con grupos nacionalistas que exigen que siga con las acciones y mandos militares que han estado en el frente por varios meses y lucen síntomas de agotamiento y están disgustados por las intromisiones del mandatario y de sus consejeros en el frente. A eso se suma el descontento del grupo de oligarcas que aún lo sostienen. No solo China pide el fin del conflicto. La India mira como los precios internacionales de algunos productos y de los hidrocarburos siguen subiendo.

Mientras tanto, los ataques rusos cohesionan aún más a los ucranianos y a sus aliados británicos y estadounidenses que siguen proveyendo las armas que han ayudado a los sistemas antiaéreos de las tropas de Zelenski y a los soldados que son entrenados en esos países y retornan con las destrezas para manejar esos equipos militares.

Mientras tanto, el frío se sigue haciendo más fuerte en la Europa del Este y será un obstáculo en el corto plazo para ambos países por lo que se prevé una desaceleración de la guerra hasta abril próximo. Entonces la guerra pasará a desarrollarse a nivel tecnológico e informático, con misiles y otros armamentos teledirigidos que seguirán causando daños en las ciudades.

Ucrania estaba preparada para un ataque desde el 8 de octubre, cuando el puente de Kerch, que conecta Rusia con Crimea, fue dañado por una gran explosión. Para Putin “se trató de un acto terrorista” y el 10 llegó una enorme andanada de misiles sobre Kiev y ciudades de toda Ucrania, con destrucción de objetivos civiles y muerte de muchas personas.

Fue el mayor ataque desde cuando el inicio de la guerra y la primera vez en que el centro de Kiev fue atacado. Fueron, según fuentes ucranianas, 83 misiles, entre ellos misiles de crucero Kalibr disparados desde barcos en los mares Caspio y Negro, misiles de crucero Kh-101 disparados desde aviones y misiles balísticos Iskander. Las imágenes y vídeos en Kiev mostraban edificios calcinados, coches destruidos y árboles derribados.

Los analistas estiman que Rusia ha agotado buena parte de sus misiles guiados de precisión -hasta el 70% de su stock, según fuentes militares occidentales- e incluso esas armas fallaron en alcanzar sus objetivos durante la guerra. El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, denunció que Rusia atacó dos objetivos: las instalaciones energéticas y a las personas y pidió a la población que no abandone los refugios. El Ministerio de Defensa de Ucrania tuiteó desafiante: “Nunca nos rendiremos”.

No solo fue atacado Kiev. En Lviv, al oeste del país, los misiles rusos alcanzaron infraestructuras críticas, redes de telefonía móvil e instalaciones de energía y agua, por lo que tuvieron que usar generadores de reserva para bombear agua y un tercio de los semáforos no funcionan. El gobernador de Mykolaiv, una ciudad del sur en el Mar Negro declaró que Rusia había lanzado al menos tres oleadas de ataques y en la tercera hubo 47 misiles.

El ataque marca el inicio de otro capítulo de una guerra cruel. Tanto Putin como Sergei Surovikin, el nuevo comandante general de la guerra, tienen planes y la inteligencia ucraniana dice no esperar nada bueno con el nombramiento de un “hombre cruel” con pasado sangriento.

En agosto 91 fue uno de los pocos oficiales que siguieron las órdenes de los golpistas para derrocar a Mijaíl Gorbachov y aplastar una protesta democrática. Surovikin pasó seis meses en la cárcel y fue liberado sin juicio. Luego obtuvo una condena penal, anulada, por comercio ilegal de armas. Para quienes lo conocen: “es un carnicero”.

Sigue siendo cuestionable el papel de Bielorrusia, que fue un punto de apoyo para la invasión inicial de febrero, pues aunque mantiene sus tropas fuera del conflicto, su presidente, Alexander Lukashenko, acusó a Ucrania de “abrir un frente” contra su país.

La estrategia militar de Ucrania

Mientras tanto, los ucranianos han sacado provecho de la incompetencia y la rígida jerarquía de mando de las fuerzas rusas, según The Wall Sreet Journal. Tras ocho meses de la invasión, la estrategia ucraniana combina operaciones militares clásicas con un buen sentido de la oportunidad en batalla, para sacar provecho de la incompetencia de las fuerzas rusas y cambiar el curso de la guerra.

La guerra de Ucrania en el momento más peligroso

Oficiales instalados por Rusia reconocen haber perdido terreno en el este y en el sur, mientras las tropas ucranianas mantienen una racha de éxitos en el campo de batalla, mientras que los movimientos de los rusos no son tan eficientes por una estructura de toma de decisiones proveniente de la era soviética, con una cadena de mando que llega desde Moscú e impide que las tropas tomen iniciativas rápidas sobre la marcha.

En pocas semanas, Ucrania limpió de fuerzas rusas miles de kilómetros cuadrados en la zona del Kharkiv (noreste del país) y avanzan al sur, hacia la ciudad ocupada de Kherson, la capital regional. En su estrategia, Ucrania busca rodear a las fuerzas del Kremlin y cortar sus suministros, algo que ha logrado con eficacia, pues es equipamiento militar de la era soviética, además haberlos dejado sin combustibles, suministros, municiones y pertrechos.

Aunque Moscú mantiene gran parte del territorio ocupado desde el inicio de la invasión y nadie sabe cómo ni cuándo terminará el conflicto, los historiadores militares occidentales dicen que los éxitos de Ucrania en el campo de batalla serán estudiados a partir de ahora haciendo un paralelismo con estrategias militares usadas en los principales conflictos del siglo XX.

Los avances ucranianos en el este y el sur parecían ser operaciones independientes, pero fueron parte de un plan coordinado. “Lo veo como parte de un todo”, según Phillips O’Brien, profesor de estudios estratégicos en la Universidad de St. Andrews, Escocia.

Aunque la decisión de Moscú en esta región revela su importancia económica, porque controla el acceso y el suministro de agua a la Crimea anexada por Rusia, al trasladar sus tropas a ese lugar, abandonó el frente oriental y Kharkiv se quedó con una sola línea de defensa, con tropas de bajo rendimiento de los enclaves separatistas cercanos controlados por Rusia.

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Las fuerzas ucranianas aprovecharon esa debilidad y lanzaron una avanzada sorpresa abriendo una brecha en esa línea de defensa para recuperar miles de kilómetros cuadrados de territorio y el desbande de los rusos. Los historiadores militares dicen que la derrota de los rusos en Kharkiv frente a un adversario con gran movilidad -en la llamada “guerra de maniobras”-, tiene ejemplos clásicos de estrategia militar del siglo XX.

François Heisbourg, asesor de defensa de la Fundación para la Investigación Estratégica, en París, lo compara con el cruce del río Mosa del general alemán Heinz Guderian en Bélgica, contra las fuerzas francesas en mayo de 1940, abriendo el camino para el avance de blindados alemanes sobre el resto de Bélgica y el norte de Francia. También cita el movimiento sorpresa del general israelí Ariel Sharon sobre el Canal de Suez en el Yom Kippur de 1973, volcando la balanza de la guerra a favor de Israel.

“Los rusos quieren una guerra de desgaste, formaciones que choquen en masa, porque es ahí donde suelen tener ventaja”, según John Spencer, director de estudios de guerra urbana del Madison Policy Forum. “Pero los ucranianos no les dan el gusto”.

El secretario del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Ucrania, Oleksiy Danilov, dice que la gran ventaja competitiva fue introducir un modelo occidental de comando y control basado en la OTAN. Eliot Cohen, historiador de estrategia militar del Centro de Estudios Estratégico e Internacionales, en Washington, dice que los rusos “son capaces de tomar grandes decisiones, pero no se caracterizan precisamente por la agilidad de sus fuerzas militares”.

La invasión de Rusia en Ucrania: ¿la verdadera primera guerra mundial?

La invasión ordenada por Putin es “la gran batalla” entre los dos sistemas políticos más dominantes en el mundo actual, todo bajo la atenta mirada del resto del planeta gracias a las redes sociales.

La guerra de Ucrania nos devuelve al pasado

Hace algunos meses Thomas L. Friedman se preguntaba en su columna del New York Times “si este conflicto no es nuestra primera guerra mundial verdadera, mucho más de lo que alguna vez fueron la Primera Guerra Mundial o la Segunda Guerra Mundial. En esta guerra, a la que considero “World War Wired” (”Guerra Mundial Conectada”), prácticamente todos en el planeta pueden observar la lucha a nivel granular, participar de alguna manera o verse afectados económicamente… sin importar dónde vivan”.

Para este autor se trata de “la gran batalla” entre los dos sistemas políticos más dominantes en el mundo actual: el libre mercado, “democracia del estado de derecho versus cleptocracia autoritaria”.

Vale la pena recordar que la Segunda Guerra Mundial puso fin al fascismo y la Guerra Fría puso fin al comunismo ortodoxo, incluso en China. “Lo que sucede en las calles de Kiev, Mariupol y la región del Donbás puede influir en los sistemas políticos mucho más allá de Ucrania y en el futuro”, agrega Friedman.

Otros líderes autocráticos, como el de China, miran a Rusia con atención y ven su economía debilitada por las sanciones occidentales; miles de sus jóvenes tecnológicos que huyen para escapar de un gobierno que les prohíbe la Internet y noticias ciertas y un ejército inepto, aparentemente incapaz de recopilar, compartir y canalizar información precisa, agrega el autor.

La Primera y la segunda guerra mundial carecían de tecnologías como las actuales, no había acceso a información en tiempo real y era muy difícil llegar a las zonas de guerra desde una perspectiva independiente. Además, los efectos que causan guerras como la actual no afectaban mayormente las economías de los países, mucho menos dependientes e interconectadas.

Actualmente cualquiera con un teléfono inteligente y conexión puede seguir minuto a minuto lo que sucede en Ucrania y reaccionar en todas las redes sociales, aunque también ser víctimas de las noticias falsas. Actualmente hay entre 3 mil y 4 mil millones de personas que tienen un teléfono inteligente y aunque hay países con fuerte censura, como la misma Rusia y China, son más habitantes del mundo los que acceden a la información desde cualquier parte. Y la información se ha vuelto el peor enemigo de un gobierno, como el de Putin, acostumbrado a desinformar a su población.

Si Vladimir Putin creía que su guerra iba a durar poco tiempo y sus tropas regresarían victoriosas en pocas semanas a Moscú, este ha sido un duro golpe para su credibilidad, aunque mantenga su control y su poder sobre la población rusa. Muchos rusos que han preferido salir de su país para evitar el enrolamiento dicen no tener problemas con los ucranianos. En algunos de los países colindantes con Rusia, los ciudadanos rusos y ucranianos no tienen ningún problema entre ellos. Y como lo dicen, a voz en cuello: “es una guerra creada por políticos que no interesa a la mayoría de la población de los dos países”. Entonces, ¿qué es lo que quiere Putin?

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