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Si quiere hablar de fascismo, vaya a Auschwitz

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Auschwitz, lo que fue el fascismo y lo ligeros que son los políticos ecuatorianos para usar ese término para descalificar a sus oponentes y rivales.

Fotos: Cortesía Ugo Stornaiolo

La visita es inquietante. Desde el viaje de 43 kilómetros en tren desde la ciudad de Cracovia abundan los pensamientos sobre cómo habrá sido el viaje final que cientos de miles de judíos deben haber hecho en trenes de carga, hacinados sin ventanas (se calcula que en un espacio para 40, ponían a 100 personas en cada vagón, con un calor o frío insoportables dependiendo de la estación, además del sopor y el hedor).

Y ahora ¿qué quiere Putin?

¿Qué habrán sentido cuando llegaban a la cita con un destino inevitable, lamentable y reprochable? En Polonia no se le llama Auschwitz, sino Oświęcim y esto es explicable, porque muchos habitantes de la región fueron exterminados en este campo de concentración y prefieren olvidar ese nombre.

A la entrada del memorial, un letrero en la barra de entrada dice «el trabajo les hará libres» (arbeit macht frei, en alemán), forjado por los nazis. Tras pagar los boletos para ingresar el guía Marek (Marco, en castellano), un polaco de unos 65 años, en un perfecto italiano inicia con un pequeño grupo la visita guiada, en donde lo primero que se puede observar son bloques de barracas y de construcciones ordenadas. El lugar no es para una visita turística, sino para meditar sobre las atrocidades y barbaridades que dejó la locura del fascismo de Hitler en la segunda guerra mundial.

Si se piensa un poco, en ese lugar estuvieron alrededor de un millón trescientas mil personas (de las que solo sobrevivieron doscientas mil). La mayoría eran de procedencia judía (el 90 %, alrededor de un millón), pero también hubo polacos, gitanos, prisioneros de guerra, comunistas, disidentes del régimen y cualquiera que, por alguna razón, terminaba allí.

El complejo de campos comprendía Auschwitz I -el campo original- y a pocos kilómetros, cerca de la actual estación de tren está la denominada Auschwitz II-Birkenau -que fue un campo de concentración y exterminio-. También había Auschwitz III-Monowitz –que fue un campo de trabajo- y 45 campos satélites más. En Birkenau (foto) se pueden observar los restos de las barracas y de los crematorios, que fueron desmontados en 1945, cuando se conoció que los aliados estaban ganando la guerra, mientras los soviéticos tomaban ciudades y los oficiales alemanes ordenaban su destrucción.

Oświęcim tuvo su apertura el 20 de mayo de 1940 y funcionó hasta el 27 de enero de 1945, cuando sería liberado por el Ejército Rojo. Este campo tuvo la supervisión del siniestro oficial nazi Heinrich Himmler y fue dirigido por el oficial de las SS Obersturmbannführer Rudolf Höss hasta el verano de 1943, luego reemplazado por Arthur Liebehenschel y Richard Baer.

Höss, capturado por los aliados, juzgado en Núremberg y condenado a muerte en la horca en 1947, frente al crematorio de Auschwitz I. Liebehenschel fue juzgado por un tribunal polaco y ejecutado en 1948. Baer se fugó y mantuvo identidad falsa hasta que, fue reconocido y arrestado en Hamburgo. Se suicidó en la cárcel antes de su juicio en 1963.

El museo memorial de Oświęcim fue fundado en 1947 con la denominación de Museo estatal Auschwitz-Birkenau. Se trata de un monumento a los crímenes de guerra alemanes en la Polonia ocupada, con dos campos de concentración, Auschwitz I y Auschwitz-Birkenau. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como uno de los símbolos del Holocausto o Shoah judío.

Una visita necesaria

Es lógico que quienes hacen esta visita se sientan incómodos, defraudados y hasta desencantados, porque lo que se muestra es un gran inventario de atrocidades, torturas, asesinatos y desapariciones. Oświęcim es una pequeña ciudad que también tiene otras atracciones, como iglesias católicas y memoriales de la comunidad judía que tuvo su vida en ese lugar.

Para construir los campos de concentración, los oficiales alemanes decomisaron las propiedades y las que estaban en mejor estado, cuenta el guía Marek, “fueron asignadas a los oficiales de las SS que iban a residir en esta ciudad”. El 1º de septiembre de 1939, cuando Alemania invadió Polonia, para justificar su acción, la propaganda nazi acusó a Polonia de perseguir a los alemanes étnicos que vivían en su territorio y alegó falsamente que Polonia, con sus aliados Gran Bretaña y Francia, planeaba rodear y desmembrar a Alemania. Casi como sucede ahora con la guerra de propaganda de Vladimir Putin para justificar los ataques en Ucrania.

“Quién olvida su historia está condenado a repetirla”, una frase del filósofo español Jorge Ruiz de Santayana, es otra de las que recibe a los visitantes de Auschwitz. “Kto nie pamięta historii, skazany jest na jej ponowne przeżycie” (en polaco) y “The one who does not remember history is bound to live through it again” (en inglés). En traducción textual al castellano sería: “quien no recuerde la historia está condenado a repetirla nuevamente”.

Pero los campos de concentración no fueron las únicas barbaridades cometidas por los nazis en Polonia. Según el diario La Vanguardia hubo otras: “la primera gran atrocidad que cometieron los nazis en Polonia no fue en el gueto de Varsovia, ni tan siquiera en los campos de exterminio de Auschwitz o Treblinka, donde hubo centenares de miles de víctimas. Apenas unas semanas después de que se declarara la Segunda Guerra Mundial, las tropas de Adolf Hitler se enseñaron con la región de Pomerania, a orillas del mar Báltico”.

Agrega: “el ataque fue brutal, una masacre indiscriminada en la que murieron entre 30.000 y 35.000 personas. No eran soldados caídos en el campo de batalla, eran civiles que fueron sacados a la fuerza de sus casas y trasladados a campo abierto para ser asesinados a sangre fría. Uno de esos lugares, situado cerca de Chojnice y conocido por los lugareños como el Valle de la Muerte fue excavado hace poco por arqueólogos de la Academia de Ciencias de Polonia”.

Los testimonios

Marek cuenta a los visitantes que su abuelo y su tío fueron asesinados en Auschwitz. Cuando se le pregunta si se conoce exactamente lo que pasó con ellos, confiesa que “de mi abuelo sí, pero de mi tío nunca se volvió a saber nada, ningún dato ni información”… Cuando se le consulta por qué los polacos o los judíos no reaccionaron ante tanta maldad, se queda triste, meditando, y dice “no tengo respuesta”.

El lugar fue escenario de torturas, trabajos forzados, deshumanización sistemática, ejecuciones y muerte en masa en cámaras de gas. Al menos 1,1 millón de personas, 90% judías, murieron allí, antes de que el campamento fuera liberado, el 27 de enero de 1945, por tropas soviéticas. El objetivo inicial de este campo de concentración (que antes había sido un cuartel del ejército polaco) fue para albergar prisioneros políticos polacos que ya no cabían en las cárceles, Auschwitz I fue el campo de concentración original y el centro administrativo del complejo que se construyó luego (cuya construcción se mantiene en buen estado).

Las condiciones de vida en las barracas mostraban la situación, que variaba de acuerdo con particulares períodos de la existencia de los campos. El número de prisioneros asignados para cada barraca variaban entre 700 y 1 000. El típico ordenamiento de un dormitorio de los prisioneros, entre 1941 y 1945 era con literas de madera de tres pisos, construidas a acuerdo con estándares militares. Usualmente dormían dos prisioneros en cada nivel. Por lo menos había una quince literas por dormitorio.

La alimentación de los prisioneros era escasa y consistía en sopa aguada hecha con carne y verduras podridas, pan duro, algo de margarina y un té algo amargo parecido al café. Marek cuenta que en las barracas había literas de hasta tres pisos, amontonadas a lo largo de los dormitorios. Los baños no tenían ninguna condición sanitaria. A los prisioneros que hacían sus necesidades en el exterior se los castigaba o torturaba. En invierno (con temperaturas de hasta 15 bajo cero) se ordenaba abrir las ventanas, mientras que en verano (calores de casi 40 grados) se las mantenía cerradas, agrega el guía.

Cuando se llevaba a los prisioneros a estos campos de concentración, muchos de ellos sacados de los guetos de Varsovia, de Cracovia y de otras ciudades polacas, en los trenes (foto) los oficiales nazis les decían que cuando lleguen iban a hacerse una ducha (lo que les hubiese permitido beber agua tras un largo tiempo en los trenes). Pero esa palabra, como simbolizaba Marek, era para simplemente entrar a las cámaras de gas, en donde de unos tubos con agujeros no salía agua, sino gas, lo que sirvió para exterminar a por lo menos cien personas por cada operación. A la salida de la barraca 11 (foto) aparece un muro de fusilamiento, utilizado contra quienes se rebelaban.

Brasil y América Latina en manos de la izquierda

Como decía el gobernador nazi en la ocupada Polonia, Hans Frank, en un cartel que está colocado en el campo de concentración: “los judíos son una raza que debe ser totalmente exterminada”. Otra frase de este salvaje nazi se puede leer en la fábrica de Oskar Schindler: “si tuviera que colocar un poster por cada siete polacos asesinados, los bosques de Polonia no tendrían suficiente madera para fabricar papel”.  “Debemos liberar a la nación germana de polacos, rusos, judíos y gitanos”, mencionaba entonces Otto Thierack, el ministro de justicia del III Reich, en otro cartel en el campo.

Los ancianos, las personas discapacitadas, mujeres y hombres débiles y hasta niños y niñas eran simplemente asesinados. Marek cita el caso de “una persona que llegó al campo pesando 90 kilos y al final (fue uno de los que se salvó), pesaba 26”.

A todos los prisioneros se les confiscaba todos sus bienes: maletas, ropa, zapatos y manteles, elementos con los que hacían oración e incluso se les extraía el oro de sus piezas dentales. En el memorial aparecen algunos de estos objetos. Incluso se les arrancaba el cabello, que fue utilizado para la industria textil. Fue muy duro haber tenido que constatarlo.

Auschwitz fue el más grande campo de concentración nazi y desde 1942 fue convertido en el mayor campo de exterminio para judíos. Entre 1940 y 1945 los nazis deportaron a por lo menos a 1 300 000 personas a este campo: entre ellos 1 100 000 judíos, 23 000 gitanos, 15 000 prisioneros de guerra soviéticos y 25 000 personas de otros grupos étnicos. 1 100 000 de ellos murieron en este campo (90% de las víctimas eran judíos). Las SS los mataron a todos en las cámaras de gas.

Foto: Flickr Juan Pablo II

Uno de los personajes que estuvo en la resistencia en Cracovia fue el sacerdote, futuro papa Karol Woytila (en esta foto cuando era obispo de la ciudad), quien es muy venerado en toda la región. Se puede constatar su presencia en estatuas, memoriales y otros recuerdos en Cracovia.

Su imagen es venerada en la universidad donde estudió filosofía y teología, la Jagellónica, en los memoriales de las minas de sal de Wielizcka y en los campos de concentración. El día de la visita al campo hubo un nutrido grupo de sacerdotes polacos que fueron a hacer una ofrenda en memoria de los que murieron en ese lugar.

La fábrica de Oskar Schindler

En el corazón de Kazimiersz, el barrio judío de Cracovia, se encuentra la fábrica de Oskar Schindler, también convertida en un monumento a la dignidad de millones de judíos fallecidos por la tenacidad de un hombre que sintió la injusticia a la que estaban sometidos e hizo bastante para salvar a algunos de ellos.

Schindlera en polaco) fue una factoría ubicada en la calle (ulica en polaco) Lipowa 4 en el distrito de Zabłocie (Chabuoci es la pronunciación). Actualmente se ha convertido en un museo del holocausto.

Con anterioridad a que Oskar Schindler comprara los terrenos, hubo una primera empresa de productos metálicos de Pequeña Polonia, inaugurada en 1937, en el mismo sitio. En un letrero (foto) en la entrada del museo aparece la frase: “quien quiera que salve una vida, salva al mundo entero”. Este empresario alemán salvó la vida unos mil doscientos judíos durante el Holocausto, al emplearlos como trabajadores en las fábricas de utensilios de cocina y munición, ubicadas en Polonia y la República Checa.

Como se aprecia en la película “La Lista de Schindler”, cuando en 1939 adquirió la fábrica de menaje esmaltado en Cracovia, empleó a unos 1750 trabajadores (mil eran judíos) hasta 1944. Gracias a sus contactos con la cúpula nazi, Schindler pudo proteger a sus trabajadores judíos de la deportación y la muerte en los campos de concentración. Parece que al principio su motivación era económica pero, poco a poco, empezó a emplear a más judíos (muchos que no le hacían falta, incluso algunos con alguna discapacidad). Conforme avanzaban los procesos de exterminio de judíos en Cracovia, sobornó a oficiales nazis con regalos costosos obtenidos en el mercado negro para mantener a salvo a sus empleados.

La fábrica es actualmente un museo interactivo en el que se sigue una línea de tiempo, desde la anexión de Polonia por los nazis en 1939 hasta el final de la guerra.

Un papel importante en ese período lo desempeñó la segunda universidad más antigua de Europa del Este (luego de la Universidad Carolina de Praga), la Universidad Jagellónica (en polaco Uniwersytet Jagielloński; en latín: Universitas Iagellonica Cracoviensis.

También conocida como Universidad de Cracovia es una universidad pública de investigación que fue fundada en 1364 por el rey de Polonia  Kazimiersz (Casimiro) III el Grande. Es la más antigua de Polonia y la universidad eslava más antigua, la segunda universidad más antigua de Europa Central y una de las universidades más antiguas del mundo.

El 6 de noviembre de 1939, tras la invasión nazi de Polonia, 184 profesores fueron arrestados y deportados al campo de concentración de Sachsenhausen en una operación llamada Sonderaktion Krakau (Operación Especial Cracovia). La universidad, junto con el resto de la educación superior y secundaria de Polonia, estuvo cerrada durante la Segunda Guerra Mundial.

En los parques contiguos a la Universidad existe un memorial para algunos de ellos (foto). El anfitrión, coordinador de programas de postgrado en la Universidad Jagellónica, Gaspar Kot, hace un recuento de la historia de esta placa y de la resistencia de los docentes de ese centro al fascismo.

El fracaso de Putin en la guerra contra Ucrania

Al final de este reportaje cabe mencionar, a modo de reflexión, que preocupa constatar que en países como el Ecuador se siga utilizando las palabras “fascismo” o “fascistas” con mucha ligereza, calificando a quienes no piensan como ciertas personas lo que demuestra mucha intolerancia. Vale recordar que las atrocidades de este sistema político que tuvo a Europa en vilo entre 1938 y 1945, fueron el resultado de gobiernos autoritarios, dictatoriales y autocráticos, que buscan perennizar la imagen y la presencia de un líder y un partido único y que buscarán a través de la propaganda y la represión dominar los pensamientos y las actuaciones de los pueblos.

Cuidado con pensar que gente como los mariateguistas, guevaristas, indigenistas, senderistas o algunos grupos de izquierda recalcitrantes puedan convertirse en liberadores o salvadores de estos países o también que quienes lo hagan sean los partidarios del socialismo del siglo XXI. Por el contrario, todos ellos impondrán un partido y una ideología únicos, un pensamiento homogéneo y sistemas de control que serán imposibles de deshacer, una vez que alcancen el poder. Polonia es un país que vivió el fascismo y el comunismo en carne propia y prefiere olvidarlos. Por eso, si quiere hablar de fascismo, vale la pena que conozca Auschwitz.

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