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¿Nuevo Orden Mundial? Rusia y China contra EE. UU. y Europa

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Entender el conflicto entre Ucrania y Rusia, sus aliados, las sanciones de EE.UU y las reacciones Europa, OTAN y Naciones Unidas.

Foto: kremlin.ru

Una nueva “guerra fría”, tan peligrosa como la surgida al final de la segunda guerra mundial, amenaza los equilibrios mundiales si estallan hostilidades en la lejana Ucrania, por los afanes imperiales del “zar soviético” Vladimir Putin y sus aliados de las ex repúblicas soviéticas que le hacen el juego, más la peligrosa injerencia de China, que pone en vilo a los países de la Alianza Atlántica (OTAN), a EE. UU. y a los vecinos de esos países que, vale recordar, tienen armamento nuclear para arrasar con todo.

Sin embargo, esto no puede reducirse solo a una confrontación ideológica entre democracias occidentales (encabezadas por EE. UU. y Europa) y los nacionalismos imperiales de origen comunista (deocracias) de Rusia y China. Sí, existe ese componente, pero la lucha es por la supremacía mundial, con los mercados copados por los chinos. Lo de Rusia es como una nostalgia de épocas de “la gloria” imperial de los zares del siglo XIX o las “hazañas” –masacres y genocidios- del tiempo soviético, especialmente en tiempos del “carnicero georgiano”, Josef Stalin.

Si algo nuevo hay en la crisis ruso-ucraniana es un realineamiento geopolítico de las potencias mundiales y su rol en las relaciones internacionales de los próximos años. EE. UU., la principal potencia militar del planeta mira por sus intereses (los traficantes de armas están a la espera), ante la perspectiva de una escalada bélica en Europa Oriental, mientras que los europeos se muestran débiles ante al problema, desde posturas como la británica, hasta tibios intentos de franceses y alemanes para frenar el conflicto. Por lo pronto, Alemania paralizó la autorización del gasoducto Nord Stream 2 y la Unión Europea y EE. UU. aprobaron sanciones contra Rusia. Putin respondió prometiendo una respuesta “fuerte” y “dolorosa” y ordenó el envío de tropas a Lugansk y Donetsk.

Difícil ignorar el actual rol de Rusia y China en el mundo y, cabe recordar que ambos países son parte del Consejo de Seguridad de la ONU y tienen poder de veto ante los otros tres miembros del organismo -EE. UU., Francia y Gran Bretaña- si hay resoluciones que afectan sus intereses. El veto fue una cláusula incorporada en la Carta de San Francisco de 1945 para que ninguna de las potencias de entonces (Rusia tomó el lugar de la extinta URSS) se arriesgue en aventuras bélicas que pongan en peligro “la paz y la seguridad internacionales”, como declara la carta de la ONU.

Como señala el articulista y académico Joaquín Hernández, “se produzca o no la invasión rusa a Ucrania, lo cierto es que en medio de tantas noticias alarmantes y negociaciones fallidas, lo que está apareciendo es el diseño de otro orden mundial diferente al que conocemos”.

Y recuerda cuándo se instauró ese orden mundial. Tras la Paz de Westfalia de 1648, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años y luego de dos siglos de enfrentamientos, se ejecutó tras el fin de la segunda guerra mundial (de 1945 a 1991, con la caída del muro de Berlín y la extinción de la URSS). Henry Kissinger advertía en su libro World Order (Orden Mundial): “en el mundo de la geopolítica, el orden establecido y proclamado por los países occidentales se encuentra en un punto de inflexión”…”conceptos como democracia, derechos humanos y derecho internacional reciben interpretaciones divergentes que las partes beligerantes invocan regularmente unas contra otras como gritos de batalla”. El antiguo secretario de estado estadounidense, cerca de cumplir 100 años, publicó estas ideas en 2014. Como sostiene Hernández, “el libro de Kissinger anticipa lo que está sucediendo en la crisis ucraniana, donde se cuestiona no la validez de los conceptos de democracia, derechos humanos, derecho internacional, sino la interpretación de estos que hace Occidente como la única válida”.

China y Rusia se han acercado mucho, contrastando una rivalidad que, por décadas, tuvieron ambas naciones, especialmente durante la guerra fría, cuando tanto chinos como soviéticos hablaban de “su” sistema comunista perfecto que, en la práctica, desecharon decantándose por un fuerte socialismo nacional (¿nazismo?), pero generando dos líneas de pensamiento que llegaron a Latinoamérica. En la universidad ecuatoriana, hasta hace no mucho, se hablaba de la línea “soviética” y la “china” como formas antagónicas de la lucha revolucionaria.

Los presidentes de los dos países -Putin y Xi Ying Ping- firmaron una Declaración Conjunta, el 4 de febrero en Beijing, en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno. Allí exponen lo que Rusia y China piensan sobre este orden mundial. Para los dos países la democracia es un valor humano universal, pero no existe un modelo único. Critican a Occidente por imponer su propia visión de democracia. Tanto para Putin como para Xi Ying Ping deben respetarse otras perspectivas del mundo.

Mientras tanto, en Ucrania…

Las fotos satelitales visualizan ejércitos rusos (junto a sus aliados bielorrusos) rodeando Ucrania, a pretexto de maniobras militares, especialmente en los territorios prorrusos de Dombás y Donestk, incluso abriendo fuego cerca de las tropas ucranianas. En 2014 los rusos se anexaron la zona de Crimea, asegurando un puerto en el mar Negro. El objetivo estratégico de Putin ahora es adueñarse de un puerto de aguas frías en el mar de Azov.

En la coyuntura actual se maneja cuatro escenarios para una invasión rusa. Desde los más probables hasta los más lejanos: la anexión del Dombás y Donestk y un ataque híbrido a Kiev, posibilidades que se barajan en el Kremlin. Occidente amenaza con su argumento más fuerte: paquetes de sanciones a Rusia y a sus aliados, que no harían mella en Putin y que pueden disiparse por las buenas relaciones entre Moscú y Beijing. El presidente francés Macron trata de mantener el hilo de la diplomacia, hablando con los presidentes Biden, Putin y Zelenski.

El presidente de EE. UU. Joe Biden sostiene que la invasión de Ucrania es inminente, según la Inteligencia de su país, que interceptó la orden de Putin de preparar el ataque a Ucrania. “Tenemos razones para decir que atacarán Kiev”, dijo el mandatario, que lleva adelante una ”guerra de información”, revelando cualquier informe de inteligencia que, por definición, debería ser secreto. No está claro cuándo será el ataque, pero lo cierto es que, de suceder, sería el conflicto más importante desde la Segunda Guerra Mundial o, quizás se produzcan ataques menores, partiendo desde Bielorrusia para apretar el cerco sobre Kiev.

Los generales estadounidenses, en contacto con sus pares ucranianos, examinan esos escenarios. El más probable es una invasión del Donbás, que parece ser la acción más simple para el Kremlin. Los soldados rusos entrarían oficialmente por el este de Ucrania  (controlado de facto por fuerzas prorrusas desde 2014), sin enfrentamientos con tropas ucranianas que permanecen en la capital provincial, Donestk. Los prorrusos acogerían a los soldados como “héroes o libertadores”. El 11 de mayo de 2014 ya hubo un referéndum para decidir la independencia del Dombás, ratificado por Putin en estos días. El Kremlin podría imponer otro, para anexarlo a la Federación Rusa.

El más temible de los escenarios sería una ofensiva híbrida a Kiev. Según valoraciones del Pentágono, las fuerzas rusas acantonadas en la parte norte de la frontera avanzarían desde Bielorrusia, pero serían insuficientes para conquistar la capital ucraniana. Putin podría ordenar una ofensiva híbrida, con incursiones telemáticas, para inhabilitar la red de calefacción doméstica y las telecomunicaciones, provocando el caos en Kiev.

Foto: Cortesía

Los prorrusos, al tanto de esas maniobras, entrarían en escena maniobrando en el parlamento para provocar la caída del presidente Zelenski y haciendo “llamados por la paz” a Moscú. Si no es suficiente, a inicios de marzo, los rusos podrían atacar las ciudades de Sumy o Kharkiv (noreste del país) y amenazar con una avanzada hacia Kiev. En este caso, la reacción militar occidental sería inmediata.

Una opción más agresiva sería controlar el Mar de Azov. La hipótesis del Donbás y Donestk tiene otra variante más peligrosa: los rusos no se contentarían con la anexión que ya proclamó Putin y llevarían a cabo un plan concebido en 2014: expandirse al sur, conquistando el puerto de Mariupol (477 mil habitantes) para llegar hasta Crimea.

Así, los rusos controlarían el Mar de Azov y privarían a Ucrania de un importante enclave comercial, aunque menor que los del Mar Negro. Al mismo tiempo, el Kremlin resolvería su abastecimiento a Crimea, hasta ahora conectada con Rusia solo por un puente peatonal y ferroviario. La UE solo protestó verbalmente en 2018 y 2019 cuando entraron en funcionamiento esos pasos. En el plano militar, sería una operación al alcance del ejército ruso por sus posiciones actuales. Los ucranianos serían rodeados por los enemigos que llegan del norte desde Dombás y desde Crimea, en el sur.

El más “costoso” de estos escenarios tendría como objetivo pasar por Odessa. La ofensiva rusa podría iniciar desde el Mar Negro. Moscú tiene la base naval de Sebastopol, en Crimea. Podría darse, si no un desplazamiento de tropas, al menos una amenazante presencia en las rutas a Odessa, la maravillosa ciudad ucraniana de 990 mil habitantes, históricamente considerada como “la madre de la nación rusa”, baluarte fundamental para la economía de Ucrania.

Por su puerto pasa el 50% de exportaciones e importaciones del país. Zarpan barcos con cereales, carbón y metales y llegan bienes de primera necesidad, pero el volumen de negocios ha bajado diez veces respecto a 2014, cuando los rusos ocuparon Crimea y Donbás. Desde entonces, Odessa vive una situación precaria que empeoraría con la presión de la flota rusa. La OTAN desplazó unidades marinas en el mar Negro, pero no se excluyen rápidas incursiones terrestres desde Crimea, además de ciberataques.

¿Si se produce la invasión?

“Putin es un asesino”, fue una de las primeras cosas que dijo el presidente de EE. UU., Joe Biden, apenas electo. Su juicio podría confirmarse. Entre los miles de escenarios diseñados por la inteligencia occidental el peor sería la ocupación rusa de toda Ucrania, la toma de las principales sedes del poder en Kiev y la necesidad de Vladimir Putin de aniquilar, rápidamente, cualquier foco de oposición y resistencia.

En un informe de los servicios de inteligencia americanos entregado a la responsable de la ONU para los Derechos Humanos, la expresidenta chilena Bachelet, hay una lista de “ucranianos para eliminar o encarcelar” apenas se produzca la toma de Kiev por un gobierno prorruso. El diario The Washington Post cita una carta, fechada en enero, que identifica los principales nexos del poder ucraniano y el plan del Kremlin para eliminarlos en una campaña de asesinatos selectivos, secuestros, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y torturas.

Foto: Cameron Smith – Flickr The White House

La lista negra de disidentes ucranianos, en caso de ocupación rusa, fue enviada a Bachelet por la embajadora de EE. UU. ante la ONU en Ginebra, Batsheba Nell Crocker: “Se espera”, escribía la diplomática, “una catástrofe en el plano de los derechos humanos”.

Un antecedente de todo esto se dio en Crimea, donde hubo la invasión de 2014 sin disparar un tiro e incluso con la celebración de un referéndum sobre la anexión (con el detalle de soldados con fusiles mercenarios de Wagner en las calles y centros de votación) en una “elección pacífica” seguida de meses de represión contra una minoría tártara obligada a marcharse, sus líderes encarcelados y con procesos judiciales.

Los rusos lo previeron casi todo, dicen en EE. UU., en particular las revueltas populares en muchas ciudades ucranianas. Para esto tendrían listas “medidas letales para dispersar protestas pacíficas o contrastar ejercicios de resistencia de la población civil”, con infiltrados en las manifestaciones y cacería de disidentes en organizaciones nacionalistas de extrema derecha ucranianas y para enfrentar operaciones de guerrilla en las calles.

El presidente Zelenski hizo un llamado a occidente: “los ucranianos somos el escudo de Europa, ayúdennos”. El mandatario ya habría enviado al exterior a su familia, por precaución. Se desconoce si en la lista rusa hay otros líderes ucranianos, pero se sabe que el expresidente Petro Poroshenko y la “pasionaria” de la “revolución naranja” de hace ocho años, Yulya Tymoshenko, estarían preparando su escape.

La prensa de Kiev cuenta que los servicios secretos rusos -la inteligencia militar, el FSB (que heredó la estructura de la KGB soviética) y el SVR, que se encarga de los intereses en las exrepúblicas soviéticas cuentan en su país con una red de agentes y espías, gente impensada (obreros, profesores, sindicalistas y operadores informáticos) que apoya la causa rusa y que, una vez iniciada la invasión, colaboraría con sabotajes, delaciones y apoyo a las tropas rusas. ¿Como en las películas de espionaje? Difícil de entender. Pero, los estadounidenses están seguros: la fantasía y determinación de Putin, un experto ex agente de la KGB, no conocen límites.

Putin: ¿un líder astuto o temerario?

Vladimir Putin, un exfuncionario que se desenvolvió en los servicios de espionaje soviéticos en la Alemania Democrática y que, en 1999, accedió al poder por obra del expresidente Yelstin, puede ser cualquier cosa menos un tipo frío. Lo que hace al desplazar tropas a todas las fronteras con Ucrania pudiera ser incluso un juego de estrategias para hacer creer a occidente que se prepara para un ataque.

¿Qué tipo de líder es Putin? En Rusia muchos analistas creen que el presidente ruso es racional y que conoce los riesgos si invade Ucrania. Otros consideran que, al ordenar el desplazamiento de soldados, tanques y pertrechos, es porque parece haber perdido su visión del mundo y se ha vuelto más temerario y osado. En su más reciente discurso dijo que “la Ucraina moderna es una creación de la URSS”, citando a Lenin, Stalin, Jrushchov y Gorbachov. A sus espadas, la bandera de la dinastía imperial de los zares Romanov.

Para algunos observadores, la mesa de seis metros de largo que Putin utilizó para alejarse de los líderes europeos que lo visitaron para persuadirle de la vía diplomática, denota que estaría más lejos del mundo que antes. En los dos años de la pandemia, Putin se encerró en sí mismo, evitando contacto con líderes occidentales. La mayoría de veces lo hace por teleconferencia, solo en una sala y distante de sus propios ministros.

Complicado especular sobre su salud mental, aunque sus razones puedan ser lógicas. Es cierto, Ucrania al intentar ingresar en la OTAN rompería los Acuerdos de Paz de Minsk, firmados en 2015 (donde occidente aseguró a Putin que Ucrania no se uniría a la alianza militar europea, pero Putin ha hecho lo mismo al reconocer las repúblicas separatistas de Lugansk y Donetsk). ¿Y casa adentro? Putin ganó todas las elecciones desde 2008 y aprobó una reforma constitucional para gobernar Rusia hasta 2036, algo no visto en ese país desde la dictadura de Stalin (1922/1952). Putin mantiene un mandato iniciado en 1999 hasta 2008, con un interregno como primer ministro entre 2008 y 2012, cuando retomó la presidencia hasta ahora y que pretende alargar 14 años más.

A Putin se lo ve cada vez más irritado, impaciente y sin voluntad para buscar algo diferente, lo que podría atribuirse a un cansancio en el ejercicio del poder, aunque lo sigue ejerciendo con mano férrea. “Putin le muestra al pueblo que, prácticamente, ha estado en aislamiento, con cada vez menos pausas, desde la primavera de 2020”, decía una crónica del New York Times.

“A Putin no le interesa en lo más mínimo empezar una guerra a gran escala”, sostiene Anastasia Likhacheva, decana de economía mundial y asuntos internacionales de la Escuela Superior de Economía de Moscú. “Me resulta muy difícil encontrar una explicación racional al deseo de llevar a cabo una campaña de este tipo”, agrega.

Fyodor Lukyanov, analista de política exterior de Moscú y asesor del Kremlin, expresa que la meta de Putin fue “forzar el cambio parcial del resultado de la Guerra Fría”. No cree que haga una invasión abierta, sino que recurrirá a “medios especiales, asimétricos o híbridos”, para hacer creer a Occidente que va a atacar. Muchos analistas rusos sostienen que en EE. UU. tienen una idea equivocada de Putin como “un malvado”. Ante el fracaso ruso para negociar con occidente el control de armas y la expansión de la OTAN, el Kremlin quiere llamar la atención sobre hasta qué punto puede negociar sus intereses en esta crisis con Ucrania.

Pero, cuidado con tomarse a la ligera a Putin. En 2014 se apoderó de Crimea sin disparar un tiro, cuando los expertos no creían que eso pudiera pasar. Algunos rasgos de su actual estado se demuestran más en la política local, como la represión y cárcel al disidente Alexei Navalny, cuando se creía que toleraba cierta disidencia interna.

El rol de China

En su encuentro personal en Beijing, antes del inicio de los Juegos Olímpicos de invierno, el presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo chino Xi Jinping señalaron el inicio de una nueva era en la relación ruso-china. En una declaración conjunta ambos líderes acusaron a la OTAN de adoptar tácticas “tipo guerra fría” y señalaron su preocupación por el pacto de seguridad Aukus, entre EE. UU., Gran Bretaña y Australia. En su declaración no hablaron de Ucrania ni de la tensión entre Rusia y Occidente. A los ojos de ambos mandatarios, la relación de los dos países “nunca estuvo mejor”.

Foto: kremlin.ru

Entre los acuerdos firmados hay un plan para que la multinacional rusa del gas, Gazprom, aumente las exportaciones a China de 38 mil millones a 48 mil millones de metros cúbicos anuales. Para Occidente, cuanto más se acerca Rusia a China, menos efectivas serían las sanciones económicas anunciadas.

Para el articulista Alfredo Sábat “a la guerra fría actual con China y Rusia se la llama, en forma degradada, competencia sistémica. Se habla de un conflicto con “occidente”, pero esta es una palabra envejecida porque, hoy la deocracia es una fuerza global, con bases en Asia, África y América Latina, y no apenas en el cuarto noroccidental del planisferio. Por eso atrasa hablar de “occidente” y también retrasa y debilita la defensa de la democracia, pues esta tiene una fuerza universal y no solo “occidental”. Hay que sacar la defensa de las libertades de esa prisión geográfica”.

Esto explicaría que, al hablar de un nuevo orden, se puede señalar que lo que existiría actualmente es “un nuevo desorden” que todavía está muy lejos de organizarse, con un riesgo bélico de difícil pronóstico y de impredecibles consecuencias…

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