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Iza y Correa: teoría de la revolución molecular disipada o cómo poner al país de rodillas

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Ecuador: otro enfoque sobre las razones de la violencia y el surgimiento de las guerrillas urbanas que están actuando durante el paro de los indígenas, con la venia de Iza y la ayuda de Correa. 

Fotos: Gianna Benalcázar – CCQ

Una revolución violenta no comienza inmediatamente. Es resultado de años de planificación, jornadas de adoctrinamiento y socialización de ideas que deben ser reforzadas en todos los integrantes de la colectividad con objetivos claros. Las protestas y marchas se articulan con una estrategia clara, para obtener un resultado: acabar con el status quo vigente y, mediante la violencia, proclamar la existencia de una nueva forma de hacer las cosas, bajo el liderazgo de nuevas élites que, por ser los que lideraron las revoluciones, tendrán un sitio de privilegio en los nuevos gobiernos.

Así pasó en Francia, en los procesos previos a la revolución francesa en 1789. Pasó en Rusia en 1917, cuando los bolcheviques derrocaron a los mencheviques y proclamaron la victoria de la revolución del proletariado, como mandaban los manuales marxistas de la lucha violenta, subversión y toma del poder por todos los medios disponibles.

Los operadores de estos movimientos insurgentes hacen mucho trabajo de base, con un modelo filosófico de deconstrucción, cambiando la escala de valores y negando la existencia de estructuras fundamentales de la sociedad. Su estrategia operativa es conocida como «revolución molecular disipada», para la toma del poder. Filósofos posmodernos como el francés Félix Guattari y otros señalan que el objetivo es desestabilizar las democracias de Latinoamérica e instaurar “dictaduras democráticas”, bajo el signo de gobiernos como los de Petro, Maduro, los Fernández, Correa o Lula.

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No es coincidencia que lo sucedido en Ecuador, Chile y Colombia sea similar, con detonantes parecidos: eliminación de subsidios a los combustibles o aumento gradual de precios (Ecuador), incremento de la tarifa del metro (Chile) o la reforma tributaria (Colombia) que, si se analiza los sucesos posteriores a esa violencia, solo se explican como estrategias para desestabilizar regímenes democráticos, creando caos y anarquía.

Aprovechan situaciones de reclamos sociales justos, aunque manipulados por estos grupos para irlos difundiendo y propagando, para pasar de la resistencia pacífica a revueltas violentas que buscan destruir la infraestructura, afectar la producción nacional, el desabastecimiento de productos básicos o el bloqueo de vías. Como decía un integrante de la Conaie: “si las ciudades se mueren de hambre, que se mueran”…

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Es una estrategia que aplica los principios de masa y movilidad. Los operadores actúan simultánea y dispersamente sobre varios blancos de oportunidad. En muchos casos no hay líderes visibles y los manifestantes parecen ser espontáneos, pero en realidad no lo son. Estos operadores encienden la mecha y ejecutan acciones para que escale el conflicto. En este tipo de revolución molecular los operadores son difusos, golpean y se confunden con la masa, que se contagia de este accionar irracional.

Los objetivos de estas revueltas

Los objetivos parciales son paralizar países, crear anarquía y someter a indefensión a la población, sobrepasando la fase de copamiento y saturación, para que las fuerzas del orden se vean impotentes para controlar los hechos en todo el país sin recurrir al empleo del uso progresivo de la fuerza. El Estado entrega a la fuerza pública el monopolio de la fuerza, pero para evitar una criminalización de sus acciones, al carecer de un marco legal, permite que los manifestantes actúen con cierta libertad, pasando de la protesta social al vandalismo y a acciones de guerrilla urbana donde aparecen milicianos y colectivos armados mezclados con los manifestantes.

De todo este caos se le acusa al Foro de San Pablo y al Grupo de Puebla, que reúne representantes del socialismo del siglo XXI (las FARC, Lula Da Silva, José Mujica, los Fernández, Zapatero, Maduro, Samper, Dilma Rousseff, Fernando Lugo, Correa y Evo Morales). Pero también se responsabiliza a Cuba, Turquía, Irán, la Rusia de Putin y la China de Xi Yin Ping (que tienen intereses geopolíticos y estratégicos en la región).

Grupo de Puebla: nuevos ropajes para viejas mentiras

La teoría de la revolución molecular, un libro del francés Félix Guattari, escrito en 1977, muy leído cuatro décadas después, sirve para entender un sistema universal de lucha social y emancipación, cuyo origen fue el mayo francés de 1968. Algunas ideas extraídas del texto recomiendan las acciones tomadas en Colombia, Chile y Ecuador: destrucción de infraestructura crítica de un país (transporte masivo, supermercados, comercios, bancos y negocios en general) y de estructuras públicas de alto tránsito (la Fiscalía o Contraloría en Quito).

Las insurrecciones interrumpen la cotidianidad de los ciudadanos, obstaculizando su movilidad con bloqueos y barricadas para generar violencia. Cuando se trata de acciones pacíficas se activan e infiltran grupos vandálicos para fomentar hostilidad, agredir la infraestructura, a la Fuerza Pública y al Estado para coaccionar con violencia a los que no comparten sus ideas (líderes de opinión, empresarios o periodistas).

El objetivo estratégico de la “revolución molecular disipada” es instaurar en los países donde se activan otro modelo de régimen político: “dictaduras o revoluciones democráticas”, eliminando partidos políticos y remodelando al Estado para entregarlo a la izquierda radical. Se busca derrocar, destituir y juzgar al presidente, convencer a la gente de que él y su gobierno “no sirven” o que son incapaces (pasó con Piñera, Duque, Moreno o Lasso) creando división en sectores políticos, económicos y sociales para implantar el modelo venezolano. Muchas sublevaciones han coincidido con momentos preelectorales donde tienen opciones de triunfo los candidatos de la tendencia del socialismo del siglo XXI (Boric en Chile o Petro en Colombia).

¿Por qué sigue la violencia y la protesta cuando los gobiernos aceptan las demandas sociales o retiran los decretos que la provocaron? A los infiltrados no les importan las demandas de la ciudadanía ni sus ingresos ni la calidad de atención en salud o la jubilación. Lo que buscan es tomarse el poder de cualquier forma.

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Esta violencia se vuelve viral

Hay rasgos comunes en todos los países donde hubo violencia: atentados contra fuentes de generación de energía, suministro de petróleo o gas; si se dilata hay racionamientos de energía y vandalismo contra el transporte masivo (terminales, estaciones de metro y aeropuertos, como pasó en Chile o en Ecuador); en ningún país donde estalló esta “revolución molecular disipada” el número de personas que genera violencia es mayor a los que protestan en paz.

De todos modos, muchos dedos acusadores apuntan a una estrategia de los ideólogos del Foro de San Pablo y del Grupo de Puebla, con objetivos identificados como planes estratégicos de desestabilización, aprovechando la debilidad económica de los estados. Si existen situaciones de hambre atraen a los desvalidos a rebelarse contra el sistema.

Con movilizaciones masivas y revueltas y con actos desestabilizadores, como pasó en Chile y Colombia o en Ecuador y otros países, surgen guardias paramilitares (como los ejércitos indígenas de Iza y Marlon Vargas) y guerrillas urbanas armadas. Son frecuentes las infiltraciones de estos grupos en temas como la equidad de género y el racismo, así como cabildeo en asuntos como el feminismo. 

Buscan acceder a medios de comunicación y redes sociales y pueden convertir casos de crímenes y violencia policial como sus banderas de lucha. Infiltran en las instituciones a seguidores de su doctrina (burocracia afín a Correa que continúa en organismos clave: el poder electoral, la asamblea o la justicia) para impulsar estructuras paralelas al Estado.

Esta estrategia de acción violenta no es nueva y se actualiza con el manual “Black Bloc”, una especie de “libro rojo de Mao” usado por “progresistas” de Hispanoamérica (adaptación de Occupy Wall Street, que empleó también el movimiento Black Life’s Matter, en la violencia racial tras la muerte del afro estadounidense George Floyd, por un policía blanco en EE. UU. en 2020). “Este cuadernillo nace para defender la postura de los que pensamos que ‘la no violencia activa’ es contra revolucionaria y solo consigue aumentar la mentalidad del no se puede a la larga”, se cita del texto.

Se menciona en ese panfleto que reparten en las protestas: ”la lucha empieza cuando la protesta legalizada ha llegado a su fin. Esta se da por concluida pero los que pensamos que las leyes son injustas tenemos que pasar por encima de éstas para hacer daño al sistema que ya contempla como parte de sí la protestas legalizadas”.

En Ecuador, en octubre de 2019 y junio de 2022, hubo insurrecciones violentas, encabezadas por el movimiento indígena, seguidos por movimientos sociales, sindicalistas y transportistas, rechazando medidas o decretos presidenciales. La protesta generó violencia y destrucción de instalaciones públicas (como los edificios de la Fiscalía y la Contraloría -dos veces blanco de estos ataques-), ataques a medios de comunicación y daños a la propiedad privada.

En “Estallido” Leonidas Iza, líder indígena de la revuelta de octubre de 2019 (pg. 306) exponía: “Marx advertía que ‘no se puede pinchar con alfileres lo que se debe demoler a mazazos’. La crisis no será superada mediante los alfileres de la izquierda institucional, que pinchan al capitalismo neoliberal mientras acarician al estatista”.

En el texto (pg. 286) Iza expresa: “es imposible vencer al capitalismo sin concretar una necesaria alianza obrero-campesina-indígena-popular, sin distanciarse del rosario institucionalista, sin la autodeterminación de los pueblos, sin romper la ilusión democrática burguesa, sin cuestionar la naturaleza del Estado”.

Para Iza “esta lucha no es individual, es colectiva”. Agrega, al final del libro (pg. 306): “el único mazazo posible y necesario, al parecer, proviene de Rosa Luxemburgo, Dolores Cacuango, del testimonio rebelde de los pueblos del mundo, de los hombres y mujeres plegados a soñar en la materialidad de hacernos juntos en abrazos, mingas y barricadas. La luz al final del túnel proviene de la afirmación creída, buscada e impostergable: Comunismo indoamericano o barbarie”. Con la cita anterior está claro que el objetivo final es llegar al poder de cualquier forma o mantener la violencia en calles, plazas y carreteras. Uno de los segmentos más participativos suele ser el de los jóvenes.

Acciones y estrategias

Este tipo de protestas busca destruir la infraestructura crítica para el país, como son los sistemas de transporte masivo, desabastecer los supermercados, comercios, bancos y negocios en general y panaderías, amenazándolas si abren sus negocios. Afectan las estructuras públicas de alto tránsito. Otro de sus objetivos es interrumpir la vida diaria de los ciudadanos, obstaculizando la movilidad de la gente, tapando vías con barricadas y extorsiones (“si no paga, no pasa”) y se impide a las personas sus actividades normales, lo que provoca una molestia masiva para hacer estallar violencia.

Además, se activa grupos vandálicos encargados de fomentar el ánimo hostil para ofender, herir y destruir, incrementando el conflicto. Se agrede la infraestructura pública, a la Fuerza Pública y en general al Estado para coaccionar con violencia ante quienes no comparten sus ideas destructivas.

El experto en seguridad, coronel Mario Pazmiño, revela que en el país operan cuatro grupos vinculados directamente con actividades de subversión urbana: “el ‘comité de defensa de la revolución’ (vinculado al correísmo-NDA) que opera a nivel nacional y especialmente en Quito; el colectivo Insurgente que opera a lo largo del cordón fronterizo con ramificaciones hacia Imbabura, Pichincha y Santo Domingo; el grupo guevarista denunciado por las autoridades gubernamentales por sus vinculaciones con facciones de grupos guerrilleros colombianos; y el grupo mariateguista, antiguo Puka Inti reactivado”.

Este grupo, agrega el experto, “llamado también Sol Rojo, ha tomado un nuevo repunte y por eso es que se están dando algunas acciones concretas en lo que se denomina ‘emboscadas urbanas’”. No solo hay grupos nacionales, sino internacionales. El primero es el ‘Tren de Aragua’ “que está articulando ciertas acciones de protesta, especialmente en Pomasqui, el sur de Quito y en el sector de la Vicentina”.

Pazmiño revela más agrupaciones: “los comandos de la frontera, la segunda marquetaria y una proto mafia, el “comando vermelho”, en Sucumbíos, que entrenaron al grupo guevarista en La Bonita. Por último, el grupo cóndor -colombiano- que opera en Esmeraldas, Santo Domingo y Pichincha.

El militar señala que se financian de muchas maneras: unas vinculadas con el narcotráfico, que requiere que esté convulsionado el país, “porque mientras más convulsión exista, mayor oportunidad tienen de seguir sacando la mercadería. En los 13 días de protesta se ha decomisado cerca de 9 toneladas de droga. Hasta junio eran 100 toneladas. La proporción en estos días es mucho mayor”.

Las estrategias desestabilizadoras para destruir el país

Para Pazmiño también hay organizaciones políticas que financian desde el exterior, promocionando estas acciones de violencia social. También organismos pertenecientes del socialismo radical que no perdonan que un gobierno de centro derecha haya dado una bofetada a la izquierda latinoamericana. Según el oficial “si hay gente con escudos, lanzas y explosivos caseros, usan estrategia Black Bloc o guerra molecular disipada, para aislar a la fuerza pública y atacar zonas”. Menciona una estrategia mariateguista: llevar la protesta del campo a la ciudad. En 2019 el presidente Moreno recibió información de grupos que entrenaban organizaciones, esperando el momento para realizar levantamientos.

Son procesos de subversión o guerrilla urbana que usan armamento para enfocarse sobre la fuerza púbica. Hablan de zonas de paz y corredores humanitarios, asuntos relacionados con conflictos entre estados, no internos. En la Venezuela de Maduro hay zonas de Caracas donde no entra la fuerza pública porque hay acuerdos con grupos de esas zonas, que son santuarios del narcotráfico, finaliza Pazmiño.

El objetivo estratégico de la “revolución molecular disipada” es instaurar en el país en el cual se activa, un nuevo modelo de régimen político llamado “dictadura democrática”, o “revolución democrática”, que prohíbe todos los partidos políticos y remodelar al Estado para entregarlo a la izquierda radical. Entre los objetivos complementarios están derrocar, destituir y juzgar al presidente, convencer a la gente de que él y su gobierno “no sirven” y crean división en los sectores políticos, económicos y sociales del país.

Uno de los creadores de la dictadura o revolución democrática fue Vladimir Lenin, líder comunista que impuso con revolución violenta el marxismo soviético en Rusia. Decía que la “democracia burguesa” de los partidos políticos debía cambiarse por una sin partidos. Finalmente se buscaría implantar un modelo cercano al de Venezuela.

Mantienen acciones violentas aún si el Gobierno acepta las demandas sociales porque al modelo revolucionario no le importan las demandas de la ciudadanía, tampoco su nivel de ingresos, la calidad de su atención en salud o si tendrán jubilación. Solo importa captar el poder de cualquier forma.

Otras situaciones que pueden ocurrir en los próximos días son atentados contra fuentes de generación de energía eléctrica para provocar racionamientos y vandalismo contra el transporte masivo nacional e internacional (terminales y aeropuertos). En Ecuador se ha activado la “revolución molecular disipada”, basada en el libro del francés Félix Guattari, cuya traducción se presentó en 2017 (su aparición en ese país fue en 1977, cuando esta revolución tomaba cuerpo en movilizaciones y luchas, especialmente en Italia y otros lugares) impulsando al autor a crear una confluencia entre las luchas parciales ubicándolas en medio de la lucha armada y los combates sectoriales.

¿Y en esto, qué tienen que ver el Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla?

Estas organizaciones impulsan el totalitarismo en América Latina y son integradas, entre otros, por las FARC, Lula Da Silva, José Mujica, Alberto Fernández, Zapatero, Maduro, Samper, Vilma Rousseff, Fernando Lugo, Correa, Petro y Evo Morales. Proponen planes estratégicos de desestabilización, basados en aprovechar la debilidad económica de los estados; bajo el hambre, organizan a la gente contra el sistema imperante; generan movilizaciones masivas, revueltas, como las previas al COVID-19 en Chile, Colombia, Ecuador y otros países satélite de la órbita estadounidense.

En todos estos países han organizado guardias paramilitares y guerrillas urbanas o proponen reformas constitucionales para facilitar la toma del poder. El mejor ejemplo fue Chile. Asimismo, han logrado penetrar en las luchas por la equidad de género y el racismo. Buscan tomar el control de los medios de comunicación y las redes sociales de manera progresiva y atacan a los comunicadores que están contra la revolución.

En su agenda se impondrán temas como el aborto, el libre consumo de drogas y la teoría de la relatividad de valores, para crear proyectos de símbolos nacionales y convertir los casos de crímenes policiales en banderas de lucha. Ya en el poder intensifican campañas del “culto al líder”, reforman la educación enfocada en el adoctrinamiento en la lucha de clases, el control ciudadano con autoridad localizada, movilizaciones y tomas planificadas, asesorados por Cuba y Venezuela.

Estos grupos violentos son entrenados por las narco guerrillas, utilizan el Manual Black Block para la insurgencia urbana. Son los mismos esquemas que se han utilizado en Quito, Santiago, los chalecos amarillos franceses y los Black Life Matters en EE. UU. para desestabilizar y debilitar a los países, creando una polarización de criterios, mientras la policía trata de detenerlos. Solo buscan destruir.

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