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El plebiscito chileno: lecciones para el Ecuador

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El plebiscito de Chile ha sido la mejor noticia de los últimos tiempos, en una región que viene siendo atacada por los socialistas del siglo XXI, voraces y peligrosos, que siguen esperando cualquier cosa para tomar el poder en todos los países latinoamericanos.

Foto: Flickr Municipalidad deArica

62% de chilenos rechazaron la constitución propuesta por la constituyente surgida de las violentas protestas de octubre de 2019. Jóvenes idealistas y revolucionarios, inspirados en el mayo del 68 –Gabriel Boric, Camila Vallejo, Georgio Jackson e Iskia Siches, movieron a los estudiantes en el primer gobierno de Piñera y luego fueron activos participantes en la insubordinación de hace tres años que tuvo su epicentro en la Plaza Italia de Santiago.

La destrucción de 70 estaciones del metro, edificios públicos y algunas iglesias provocó que, con el resultado de este plebiscito, se hable del “fin del octubrismo”. Chile no volvió a los tiempos de Pinochet ni éste “ha resucitado”, como sentenciaba en un desatinado mensaje en Twitter el flamante presidente de Colombia, Gustavo Petro. Lo de Chile es la demostración de que, en algunos países, los extremismos no tienen simpatías y duran solo mientras persiste el fervor de las protestas.

La ineptocracia como forma de gobierno

Solamente han pasado cincuenta años del Chile que escogió a Salvador Allende como agente promotor de un cambio que buscaba la sociedad, tras largos años de gobiernos de centro y derecha que habían controlado ese país. Allende luego fue víctima de esos mismos grupos y su gobierno derivó en una de las más cruentas dictaduras latinoamericanas de fines del siglo XX, que impuso sus reformas económicas y una constitución a su medida.

“Ese trágico episodio le recordó a Sudamérica el riesgo que conlleva el intentar instaurar cambios radicales cuando no existe un consenso honesto y dejó claro que paz y sensatez duraderas son aquellas que nacen del ejercicio democrático” decía un editorial del diario La Hora.

El viraje definitivo hacia la izquierda más radical y a la que está representada por el Foro de San Pablo (socialismo del siglo XXI) recibió un golpe muy duro, a las puertas de otros procesos electorales que marcarán más triunfos de la tendencia: Petro está en el poder y falta poco para que Lula da Silva (manchado por la corrupción de Odebrecht) retome ese sitio. En una región polarizada, ejemplos como el de Chile son casi insólitos, frente a esas olas de progresismo y reformismo que han contaminado todo.

La opción de rechazo alcanzó el 61,87%, el nulo 1,54% y el blanco 0,59%. La elección que validaba la nueva constitución chilena, de 388 artículos, fue de apenas 38,14%. El voto obligatorio tuvo ante a las urnas 15 millones de personas (en elecciones previas el sufragio era optativo). Chile rechazó la propuesta de constitución emanada de la convención constitucional, que reemplazaría a la de 1980, originada en la dictadura militar.

Si la izquierda pensaba que todo sería fácil a partir de ahora, esta contundente derrota demuestra que la política cambia, como las tendencias en las redes sociales y las actitudes de los jóvenes, que son los que están decidiendo los caminos y se movilizan en torno a objetivos comunes, pero fugaces.

En Chile se dijo que está nueva constitución, más progresista y con muchas reformas, iba a sepultar el texto diseñado por Pinochet. El propio presidente Gabriel Boric se jugó por esta reforma, pero quedó a la vera del camino y en manos del congreso y los partidos políticos tradicionales -como algunos de la Concertación-. Era una propuesta que garantizaba derechos, feminista, promovía la plurinacionalidad y era ecologista. Algo que soñaba no solo la izquierda chilena, sino latinoamericana.

Detrás del gobierno del bisoño mandatario y sus amigos, la mano del socialismo del siglo XXI, esperaba seguir tejiendo la colcha en todo el mapa latinoamericano. La Internacional Progresista y el Grupo de Puebla, que cuenta con los ecuatorianos Rafael Correa, Andrés Arauz, Gabriela Rivadeneira y Ricardo Patiño emitió un comunicado pidiendo aprobar la nueva constitución chilena.

Otros mandatarios, Nicolás Maduro (Venezuela), Gustavo Petro (Colombia) y Alberto Fernández (Argentina) apoyaron abiertamente el nuevo texto, así como la vicepresidenta del gobierno español, Yolanda Díaz. El cofundador de Podemos (acusado por blanqueo y falsificación de documentos), Juan Carlos Monedero, hizo campaña por el apruebo en Santiago.

Actualmente, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Argentina, México, Perú, Bolivia, Honduras, Colombia y España tienen gobiernos que siguen los postulados del socialismo del siglo XXI y de la extrema izquierda. Pero, a pesar de esto, enfrentan muchos problemas originados por ellos mismos: la corrupción, la crisis económica, el desempleo, la escasez de servicios básicos y la pobreza.

Algunas opiniones

Para el académico chileno residente en Ecuador, Álvaro Cuadra, “el triunfo del Rechazo representa, en primer lugar, un duro golpe para el presidente Gabriel Boric. De hecho, es su mayor fracaso político desde que asumió el gobierno. Para su gobierno, la apuesta por el proceso constituyente fue uno de los ejes de su campaña y un compromiso de su administración”.

Agrega que “el triunfo de la opción Rechazo es, en rigor, un portazo en las narices a cualquier pretensión de cambio constitucional y nos trae a la memoria aquella frase de un senador socialista: ‘pensar en un cambio constitucional es fumar opio’. El resultado del plebiscito cierra, en lo inmediato, una salida política a la crisis que se vive en Chile”.

Como una ironía de la historia, el Rechazo se impuso un 4 de septiembre, el mismo día del triunfo de Salvador Allende en 1972 y en la antesala de otro aniversario del golpe militar de 1973, del 11 de septiembre. Dos fechas que marcan la historia reciente de ese país. Dice Cuadra que “bien visto, el Rechazo es lo que en política se llama un “triunfo pírrico”. Por su propia lógica rechazar no es proponer una solución alternativa sino, evitar que se imponga la del adversario. En este sentido, se trata de un triunfo que no pacifica los espíritus, más bien al contrario, solo posterga el conflicto. Un triunfo, en fin, que solo ofrece una calma aparente antes de la tormenta”.

El analista Hernán Pérez Loose, en su columna de El Universo, dice que el No de Chile se dio porque “los constituyentes chilenos cayeron en ese error. Vieron a la nueva constitución como un simple trofeo electoral, como el precio que imponían los vencedores a los vencidos, como la condena que tenían que pagar los derrotados luego de una contienda política”.

Agrega: “fue así como plasmaron en el texto constitucional el programa de gobierno de los movimientos que habían ganado esas elecciones: un programa estatizante que ha fracasado en todo el planeta”. “No es una coincidencia, añade, “que el proyecto de los constituyentes chilenos tenía nada menos que 388 artículos, es decir, un documento extremadamente reglamentario, un recetario de políticas públicas completamente sesgadas”.

Como señalaba Ricardo Lagos, político socialista y expresidente chileno, “las constituciones en una democracia no deben expresar máximos, sino mínimos”. Y es que de esa forma los procesos políticos pueden ir construyendo salidas a los conflictos políticos sin provocar necesariamente una crisis constitucional.

Pérez Loose manifiesta que estaban tan embriagados por los triunfos electorales que se olvidaron de que las constituciones deben ser redactadas pensando en la oposición (que puede ser gobierno al día siguiente) y no convertir a los textos constitucionales en camisas de fuerza que por imponer políticas públicas específicas, “tarde o temprano fracasan”.

Según este analista “el error de los constituyentes chilenos es prácticamente el mismo que cometieron los constituyentes ecuatorianos al redactar la Constitución de Montecristi, que, a su vez, fue copia del modelo venezolano. La diferencia es que en nuestro país no hubo la suficiente madurez para evitar que ese proyecto sea aprobado en el referéndum de 2008”.

“Los partidos responsables de llevar al Ecuador a la debacle que abrió paso a Correa, y que son hoy sus más fervientes aliados, habían perdido toda legitimidad por la forma como gobernaron y corrompieron a nuestras instituciones. Lo estamos viviendo hoy con el esfuerzo que hacen por entregarle la Función Judicial a esa mafia”, sentencia el autor.

Cuando la reforma se vuelve en contra

Parecía que los chilenos harían lo mismo que otros pueblos latinoamericanos, que permitieron que todos sus anhelos fueran manipuladas por grupos minoritarios que, gracias a estrategias de marketing y seducción (que solo el populismo puede producir) se tomaron por asalto los países y, aunque en algunos siguen gobernando, en otros demostraron incompetencia y fracasaron (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador o Argentina).

Aborto, justicia y pueblos indígenas fueron los puntos más controvertidos de la propuesta de Constitución de Chile. Un texto demasiado radical y vago en algunas propuestas, que también modificaba conceptos muy arraigados para la democracia chilena. Algunos expresidentes chilenos señalan que una nueva Constitución no podía funcionar en un clima de división y odio

Paradójicamente, solo un año después de las violentas protestas (octubre de 2020), una mayoría de chilenos votó por cambiar la Constitución. Sin embargo, el texto nacido de ese deseo ahora fue rechazado, quizás influido por su largo proceso de redacción (nueve meses). Algunos analistas sostienen que la amplia derrota de Boric obedece a haber querido desconectar a Chile de su pasado histórico.

Gesticulando ante las cámaras tras la derrota, Gabriel Boric decía “debemos ser autocríticos. El pueblo no quedó satisfecho con la propuesta de Constitución que la Convención presentó”. Se lo veía golpeado por la amplitud del rechazo en las urnas, pese a la activa campaña de su gobierno, imprimiendo solo ejemplares de la nueva propuesta constitucional, contraviniendo la norma electoral, abriendo una crisis en su gobierno que cuestiona su capacidad de maniobra para los tres años que le quedan de mandato.

El ex convencionalista del Frente Amplio (de izquierda), Fernando Atria, sostiene que “el ánimo de revancha fue un error de la Convención Constitucional”. “Se ha impuesto el rechazo luego de una campaña de miedo con dinero y mentiras”, dijo otro ex convencionalista, el comunista Marco Barraza, quien junto con otros militantes de su partido señalan que la derecha hizo campañas de “fake news” (noticias falsas).

Los grandes derrotados: el feminismo, el “elegebeteísmo” y los indígenas

La que era una propuesta construida con una perspectiva de género que atraviesa todo el texto constitucional fue ampliamente derrotada en las urnas. El texto presentado y rechazado por la mayoría de los chilenos (61,87%) fue construido por el primer órgano paritario del mundo. La perspectiva feminista atravesaba todo el documento y estaba explícita en el preámbulo, en nueve de los 11 capítulos, en 41 artículos permanentes y en seis disposiciones transitorias.

Allí se planteaba la cobertura de prestaciones a trabajadoras domésticas y de cuidados, una reforma a las pensiones y remuneraciones equitativas para mujeres y hombres. “Hubo temas que no pudimos explicar en detalle a toda la ciudadanía. La Constitución se redactó en 12 meses y solo tuvimos dos para presentarla.  En los temas de derechos sexuales y reproductivos, por ejemplo, no alcanzamos a explicar lo suficiente, y a eso le sacaron provecho quienes promovieron noticias falsas”, dijo la exvicepresidenta de la comisión constitucional, Ramona Reyes Painequeo. También quedaron en suspenso otras reformas propuestas por estos colectivos, como la despenalización del aborto

Hay varias claves que explican por qué fracasó la convención constituyente. El académico Francisco Covarrubias dice “que la política chilena por años fue ‘aburrida’. Pero de súbito el ‘estallido social’ del 18 de octubre de 2019 lo cambió todo. Y si bien habían existido algunas señales ellas fueron inadvertidas, aunque sus causas todavía no las logramos dilucidar del todo”. Luego sobrevino una crisis política (la más grande en 50 años) y un camino para redactar la nueva Constitución, que se votó el domingo 4 de septiembre. La pregunta que se hacen no solo los chilenos es por qué este rechazo fue tan categórico y transversal (sólo en 8 de 346 comunas ganó el apruebo).

Uno de los factores decisivos fue que la convención dio mucha primacía a los grupos de izquierda y radicalizados que trataron de incorporar todos sus apetitos y delirios. La convención redactó la propuesta sin detenerse a mirar lo que sucedía en calles, barrios y comunas. El gobierno de Boric, con su apoyo, parecía haberles dado suficiente espacio para seguir adelante en su intento. 

Otro factor fueron los escándalos que transformaron a la convención en un circo. En uno de sus textos no se hablaba de mujeres, sino de “personas que pueden menstruar”, por dar un ejemplo. En el texto se buscó una refundación, volver a comenzar, casi desde los tiempos del libertador O´Higgins, pero con beneficios y privilegios para los mapuches y otros pueblos originarios, sin olvidar tampoco los “derechos de la naturaleza” (que aparecen en el disparate constitucional de Montecristi de 2008) y cuestionamientos a actividades privadas en territorio nacional, que generaron rechazo de muchos sectores.

La derecha recuperó terreno, ése que se quedó a medias en las pasadas elecciones, con la derrota del candidato de la tendencia, José Antonio Kast, en la segunda vuelta frente a Boric. De un 44% en ese comicio, se ha pasado a un 62% en este plebiscito (un incremento del 18%), que permite vislumbrar un retorno de la derecha al poder en 2026.  

Según el periodista Ascanio Cavallo “la izquierda latinoamericana solía proponerse la defensa y la promoción de los pobres. La chilena es una de las primeras que se ha olvidado completamente de ellos para poner por delante las políticas identitarias que el populismo usa para quebrar a las sociedades moderadas. El voto del Rechazo fue en gran medida una respuesta a esa izquierda”.

Para Francisco Covarrubias, decano de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez de Santiago, “así comienza un nuevo capítulo del otro lado de la cordillera. Si un guionista hubiera propuesto una trama como la que ha vivido Chile desde el 2019, se lo habrían rechazado por inverosímil. Pero la realidad, una vez más, ha superado la ficción. Y a partir de ahora veremos cómo se empieza a escribir este capítulo”.

Hace tres meses todas las encuestas daban como ganador al “rechazo”, pero nadie imaginó tan aplastante resultado, con 22% de diferencia. Este resultado sugiere que la izquierda agotó sus demandas originadas en el estallido social de 2019 y su oportunidad de hacer cambios porque fueron más allá (con mucha voracidad política). ¿Qué papel juega a partir de ahora el debilitado presidente? “Las circunstancias le obligarán a abrir coaliciones y mesas de diálogo”, según Marta Lagos de Latinobarómetro y de la consultora MORI Chile.

Lecciones para Ecuador

Hay que tomar en cuenta las similitudes y diferencias entre los procesos sociales chileno y ecuatoriano. Coincidencialmente en ambos países hubo estallidos en octubre de 2019 con violencia y destrozos de propiedad pública y privada. Las carreteras, calles y plazas se llenaron de manifestantes exigiendo cambios, reformas y otros asuntos.

En el caso chileno, los protagonistas fueron jóvenes y universitarios, mientras que en el Ecuador fueron los indígenas, infiltrados por radicales de extrema izquierda (guevaristas y mariateguistas) y por oportunistas del correísmo, que ven en cada falla de los gobiernos posteriores a Correa -los de Moreno y Lasso-, oportunidades para conspirar.

Los indígenas mapuches han sido víctimas, al igual que sus pares ecuatorianos, de la desidia y abandono que no es patrimonio de los gobiernos, sino del estado como institución y que es el que -en principio- debería ocuparse de sus necesidades. En ambos casos, sus protestas son el resultado de la irrupción de agentes políticos en las dirigencias. Leonidas Iza no es solo un dirigente indígena, sino un activista político que demuestra todas sus destrezas en las calles y mesas de negociación donde se sienta esperando que le den gusto en todos sus caprichos.

Un gobierno debilitado como el de Guillermo Lasso solo se legitimaría con un llamado a consulta popular y referéndum, pero también se puede convertir en una votación contra su gobierno, que lo dejaría mucho más mal parado de lo que señalan las encuestas.

Lecciones de Chile

En Chile operó la madurez política de un pueblo con más cultura y educación política y que, a pesar del triunfo previo de Boric, ha demostrado que no se deja llevar por los cantos de sirena y novelerías revolucionarias, tan frecuentes en esta región desde la aparición del populismo y el socialismo del siglo XXI, que tanto daño han hecho a los países latinoamericanos.

La posibilidad de una consulta popular, amparada en el artículo 444 de la Constitución de Montecristi, podría permitir al mandatario preguntar sobre la convocatoria a una comisión constituyente (no asamblea, prohibida en la carta magna ecuatoriana vigente) para que “únicamente” redacte una nueva constitución, pero sin plenos poderes, aunque los tratados de derecho constitucional prevén asambleas constituyentes con todas sus prerrogativas.

Pero podría convertirse en una camisa de fuerza. Sin embargo, esta comisión constituyente sería el único camino para destrabar los candados constitucionales dejados por los asambleístas de Montecristi y las reformas realizadas durante el largo período de gobierno de Rafael Correa, en donde se viabilizó todo el desastre institucional en el que ahora vive el Ecuador que, por cierto, no es Chile por lo que se debería mirar al país araucano como un espejo, no como el modelo a seguir o la receta.

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