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El fracaso de Putin en la guerra contra Ucrania

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El fracaso de Putin en su guerra contra Ucrania y los riesgos que existen en esa zona del mundo por el pensamiento alucinado de un presidente que ha perdido los papeles y los estribos.

Fotos: Kremlin.ur

Movilización parcial, referéndums de anexión y nuevas amenazas nucleares muestran la desesperación del presidente ruso Putin respecto a Ucrania. Ofreció una victoria fácil y rápida (no más de una semana), para recuperar territorios que, según él, históricamente pertenecían a Rusia: el Dombás y las ciudades de Kherson, Donetsk, Lugansk y Zaporiyia. Ahora está ante la disyuntiva del contrataque ucraniano y la recuperación de territorios. Putin amenaza usar armamento nuclear y sostiene que la víctima es Rusia. En esta larga guerra podría pasar cualquier cosa, dicen analistas militares.

Claves para entender el conflicto en Ucrania y Rusia

El mundo mira preocupado los más recientes sucesos en Rusia tras el anuncio de Vladímir Putin de movilizar 300 mil reservistas para combatir en Ucrania y su advertencia de recurrir a armas nucleares. Las fuentes militares no hablan de un repliegue ruso, sino de “fracasos tácticos”, como la logística que se creó para un gran ataque en todos los frentes de guerra.

Pero Putin no da marcha atrás y no renuncia al Dombás y a los mares de Azov y Negro. Incluso tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que le posibilita actuar evitando sanciones del organismo mundial. Un reciente informe de esta organización revela que se han cometido crímenes de guerra en Ucrania. Una misión especial de la ONU dio a conocer que existen indicios de tortura, ejecuciones sumarias y casos de violencia sexual en personas de entre cuatro y 82 años en zonas ocupadas por los rusos

No se ve en el horizonte cercano la posibilidad de un estallido nuclear, pero una reciente declaración del mandatario ruso muestra cierta desesperación, que ha provocado cismas en el frente militar e interno en Rusia, donde han empezado las protestas para poner fin a la guerra. Desde el exterior se sigue implementando sanciones económicas al país.

El expresidente de Ucrania, Viktor Yushchenko, declaró hace poco que «como buen asesino que es, Putin lanza a la picota a sus jóvenes». El político fue supuestamente víctima de un envenenamiento ordenado desde Moscú en 2004 y no duda en criticar a un mandatario al que conoce bien.

La Unión Europea estudia nuevas sanciones contra Rusia tras conocer las declaraciones de Putin y el presidente de EE. UU., Joe Biden, recordó durante su intervención en la Asamblea General de la ONU que «la guerra nuclear nunca se puede ganar». Mientras tanto, muchos rusos buscan salir del país, mientras que movimientos como el liberal Vesna hacen llamados a la población rusa a movilizarse.

No hay quien se libre de la convocatoria de Putin para ir al frente de guerra: padres, hijos, compañeros de trabajo. Una guerra que, hasta hace poco, gracias a la propaganda del Kremlin, era vista como lejana, ahora ha urgido a muchos rusos a buscar boletos de avión para salir del país.

«La mitad de mi personal ha sido movilizado, a ver qué hacemos ahora», decía Katia, una empresaria moscovita que maneja un negocio cerca de Moscú. Su amiga Marina perdió a su marido en el Dombás en 2015, cuando Rusia negaba que se trataba de una guerra. A los reservistas se les puede prohibir salir de Rusia si son convocados.

La única manera de escapar al reclutamiento es salir del país. Poco después del discurso de Putin, se agotaron los vuelos directos a Estambul y Ereván (Turquía), principales aeropuertos de destino de los rusos desde el cierre de los cielos europeos. No hay más salidas, como no sea a zonas alejadas de la Federación Rusa. Muchos jóvenes mayores de 18 años forman parte de los dos millones de reservistas que tiene el país. De darse otra escalada del conflicto, al menos 300 mil han sido llamados a reclutamiento. Se trata de la mayor movilización militar en Rusia desde la Segunda Guerra Mundial.

Empiezan las protestas

46 personas fueron arrestadas en las primeras protestas, convocadas por el movimiento liberal Vesna en todo el país contra la movilización anunciada por Putin. El equipo del líder opositor Alexei Navalny pidió a los rusos salir a las calles. El temor es que haya una escalada de la violencia por la segura represión que hará la policía y militares del régimen. Desde el inicio de la invasión a Ucrania han fallecido 5.937 rusos, una cifra aún no revelada en ese país.

Mientras se hace realidad la movilización de jóvenes entre 18 y 27 años, los liberales de Vesna piden a los soldados rusos que no participen en la guerra y que se rindan antes de la entrada en vigor de las enmiendas que adoptó la Duma (parlamento ruso mayoritariamente pro-Putin), que convirtieron a la objeción de conciencia en un delito. Grupos de la disidencia rusa en naciones vecinas comienzan a constituir sus propios grupos de resistencia armada, algunos de los cuales combaten en Ucrania.

El decreto de movilización impide la salida del país a quienes estén registrados en la lista de reservistas, que afectaría también a médicos, mecánicos o choferes. Muchos viajeros rusos que tratan de cruzar la frontera señalan que algunos guardias le cierran el paso a hombres en edad militar.

Desde la cárcel el opositor Alexei Navalny dice: «no entiendo una cosa: el ejército tiene un millón de personas; la Guardia Nacional, 350.000 personas; el Ministerio del Interior dispone de entre un millón y medio y dos millones… y hay tantas personas en el Servicio Penitenciario Federal. ¿Por qué reclutan a los civiles?». Navalny describió que cinco millones de personas evaden el reclutamiento y un millón de policías correrán tras ellos para movilizarlos a algún lado». En Moscú, la policía tomó medidas para enfrentar desórdenes callejeros. Los activistas piden a los ciudadanos tomarse las calles de las ciudades rusas.

Mientras tanto, Vladimir Putin acusó a Occidente de querer «destruir Rusia» y -sin que le tiemble la voz- dijo estar dispuesto a usar armas nucleares. Rusia daría todo su apoyo a los referéndums anunciados por las autoridades ocupantes en Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia para unirse a la Federación Rusa. Para proteger las nuevas fronteras rusas usará «todos los medios a nuestro alcance». En la misma mesa donde anunció el ataque a Ucrania en febrero Putin repitió dos veces su amenaza y advirtió a Occidente: «no estoy bromeando».

La entrada de Ucrania en la Unión Europea

Putin dijo que “no sólo estamos luchando contra los neonazis, sino contra todo el despliegue militar occidental», y así justifica la movilización de su población porque está amenazada la «integridad territorial de Rusia». Recurriendo a la propaganda que manejó desde el inicio del conflicto, insiste en que el gobierno ucraniano es el que se reforzó con tropas de la OTAN y califica a muchos de ellos como «extremistas neonazis» y ordenó proveer más fondos para producir armamentos. Para Putin, fiel a su lenguaje mesiánico cuando habla de Ucrania, es un deber “liberar” el Dombás y asegura que en esa región la mayoría de la gente no quiere volver a lo que él denomina “el yugo de Kiev”.

Por ahora,  Moscú controla alrededor del 60% de Donetsk. Conquistó por las armas casi todo Lugansk tras lentos avances con meses de intensos combates, pero los ucranianos ingresaron nuevamente y recuperaron localidades. Tras la caótica retirada de Járkov, toda la llamada “operación especial” corre riesgo. Presionado por sus aliados y frenado en el campo de batalla, Putin aplastó el botón de pánico y apuesta por realizar referéndums en los cuatro enclaves controlados por las fuerzas rusas y con sus declaraciones aumentó el riesgo de una guerra nuclear.

Los resultados favorables a Rusia en los referéndums realizados en los cuatro enclaves separatistas, se concretaron a pesar de las advertencias de occidente y el anuncio de la ONU, a través de su secretario general Antonio Guterres que, de anexionarse territorios por la fuerza, “Rusia violará la ley internacional y la carta del organismo internacional”.

Estas votaciones, ilegales según el derecho ucraniano e internacional y que la mayoría de los analistas consideran como una farsa, tienen un precedente en las que Rusia hizo tras la anexión de Crimea en 2014. A diferencia de entonces, el control militar del Kremlin sobre las regiones ucranianas de Kherson, Donetsk, Lugansk y Zaporiyia es más ligera, porque Ucrania contratacó para expulsar a las tropas rusas de otras zonas del país.

La estrategia de movilizar reservistas del presidente ruso Vladimir Putin, tras ser humillado en el campo de batalla en las últimas semanas, presupone que modificar los hechos políticos podría frenar los avances ucranianos y cambiar el parecer de algunos gobiernos occidentales.

“Tras la anexión de los territorios, Moscú probablemente declararía que los ataques ucranianos a esas zonas son asaltos a la propia Rusia, advirtieron los analistas, un posible desencadenante de una movilización militar general o de una peligrosa escalada como el uso de un arma nuclear contra Ucrania”, escribió Robyn Dixon, periodista australiana-estadounidense y jefa de la oficina en Moscú del Washington Post.

“A juzgar por lo que está sucediendo y lo que está a punto de suceder, esta semana marca la víspera de nuestra inminente victoria o la víspera de la guerra nuclear”, escribió en Twitter Margarita Simonyan, editora en jefe del medio televisivo de propaganda Russia Today (RT). “No veo ninguna tercera opción”, agregó. Para los ucranianos son falsos ‘referéndums’ y tampoco cambiará las cosas una ‘movilización’ híbrida”, según el ministro de exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba.

Emmanuel Macron, presidente francés, dijo ante la Asamblea General de la ONU que las acciones rusas han sido “un retorno a la era del imperialismo y las colonias”. “Quienes callan ahora ante este nuevo imperialismo, o son secretamente cómplices de él, muestran un nuevo cinismo que está derribando el orden mundial sin el cual la paz no es posible”, agregó.

El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, junto con otros diplomáticos de la Unión Europea, condenó los planes de anexión porque se trata de violaciones del derecho internacional en Ucrania y se considerará medidas restrictivas adicionales contra Rusia.

¿Le quedan aliados a Putin?

Pocos mandatarios y políticos de extrema derecha en Europa siguen cercanos al mandatario ruso quien, en la cumbre de Uzbekistán, recibió cierta presión de China y la India que, aunque mantienen buenas relaciones con Moscú, advierten que una escalada bélica empeorará las cosas, pidiendo reducir las hostilidades en Ucrania, como sugirió el líder chino Xi Yin Ping.

Las sorprendentes e inesperadas victorias ucranianas en Kharkiv (nororiente del país) han cambiado las cosas, porque el rápido avance de sus milicias puso en evidencia las falencias y desorganización del otrora invencible ejército ruso y derribó la estrategia propagandística que Putin usó durante algunos meses.

¿Por qué Putin atrae tanto a la extrema izquierda y a la ultraderecha?

Las reacciones en Rusia no se hicieron esperar. En redes sociales como Telegram y los medios de comunicación controlados por el Kremlin, se percibe una pérdida de la aureola de ejército invencible. Los analistas creen que la estrategia de Moscú de llamar a 300 mil reservistas para crear disuasión evidencia que el régimen de Putin quiere cumplir con sus amenazas, algo inaceptable para los líderes mundiales.

Occidente “debería recordar a Rusia las reglas invisibles de la guerra: que ninguna de las partes quiere convertir esta guerra convencional en una confrontación más amplia entre la OTAN y Rusia”, escribieron Liana Fix y Michael Kimmage en la revista Foreign Affairs. “Una escalada nuclear violaría estas reglas y podría llevar a la participación de la OTAN. Sería en detrimento de todos”.

¿El inicio de la historia?

Para el politólogo estadounidense de origen japonés, Francis Fukuyama, quien predijo el “fin de la historia”, tras la caída del comunismo en los ‘90, el contrataque ucraniano es “la revancha de las democracias liberales. Con Putin pierde el modelo autoritario”.

Fukuyama, docente de la Universidad de Stanford, agrega que “los rusos no entienden y no sustentan las razones de su guerra”. Desde el Foro de Budapest, un evento del Political Capital Institute y la Universidad Centroeuropea, que acoge a los críticos internos e internacionales del presidente húngaro de derecha Viktor Orban, ha hecho declaraciones criticando al mandatario ruso.

“En juego no está solo el destino de Ucrania y las implicaciones para Europa son grandes. No se trata de decidir cuál es la forma de gobierno dominante en el mundo. Junto con el líder chino Xi Ying Ping, Putin sostiene desde hace poco que la democracia occidental está obsoleta. Lo dijo en 2019, explicando que las democracias liberales no son eficaces para tomar decisiones y en hacer grandes cosas por sus pueblos. “El fracaso que se ve ahora en Ucrania mina su mensaje”, agregaba el politólogo.

Muchos líderes populistas de derecha -Orban, Marine Le Pen, Trump, Eric Zemmour, Matteo Salvini y el partido Vox de España- admiran a Putin. No lo hacen desde un sustento ideológico, sino desde el punto de vista del hombre fuerte que hace que pasen las cosas. Muchos de ellos aspiran una situación similar: no quisieran ser controlados por los medios, parlamentos, tribunales de justicia y otras instituciones “que son el corazón de la democracia liberal”, sostiene Fukuyama. “Si se comprueba que el autoritarismo facilitó uno de los mayores fracasos de los últimos decenios, entonces perderá fuerza esa tesis”, según el autor de “El Fin de la Historia y el último hombre”.

Sin embargo, acota, incluso en las democracias liberales algo no funciona: las protestas populistas siguen ganando espacio en esos países. “La gente vota por políticos populistas porque está insatisfecha, no ve crecimiento ni oportunidades, en parte porque las elites no prestan atención a las necesidades de gente que no es como ellos. Por esto creo que los movimientos populistas seguirán”, finaliza Fukuyama.

¿Qué pasa con los “hinchas” de Putin?

La pérdida de liderazgo de Vladimir Putin ha causado conmoción en políticos y dirigentes sociales en todo el mundo. Los partidarios y operadores de Putin de derecha e izquierda radical ya no hablan de la invasión rusa. La tesis de que Ucrania es un país de nazis no tiene más sustento. En el país sorprende el mutismo de algunos correístas, simpatizantes del movimiento indígena e izquierdistas radicales.

La imagen histórica de tropas rusas resistiendo, como en Leningrado en la “gran guerra patria”, entre 1942 y 1945, ha perdido apoyo. El ultra poderoso ejército rojo, fuente de inspiración de comunistas trasnochados en Latinoamérica, muestra sus falencias frente a un ejército -el ucraniano- cuatro veces menor en número de efectivos y cien veces menor en armamento.

Impactan las escenas de soldados rusos abandonando tanques, fusiles y uniformes y las cifras de la retirada: son 6 mil kilómetros cuadrados de territorio recuperado por Ucrania en apenas dos semanas. Más de lo que los rusos lograron en cinco meses. Donetsk está en manos de Ucrania y los rusos temen una invasión ucraniana a su país.

La imagen de Putin se desmorona y a esto se suma el hallazgo de fosas comunes y otros testimonios del genocidio ruso en territorios recuperados por los ucranianos. Si embargo, es difícil creer que este fracaso militar y las protestas en muchas ciudades rusas puedan terminar con el poder de Putin y tampoco se vislumbra algún sucesor del mandatario.

Vale recordar también la injerencia rusa en asuntos internos de otros países invirtiendo millones de dólares en campañas de comunicación para influir en temas como el Brexit del Reino Unido, la filtración de correos electrónicos contra Hillary Clinton para que Donald Trump gane las elecciones en EE. UU. en 2016, la caída del gobierno de Mario Draghi (Italia) y el financiamiento a partidos de extrema derecha en Francia e Italia. Sorprende una polémica declaración del ex primer ministro derechista italiano Silvio Berlusconi quien, para justificar a Putin, declaró: “quería un gobierno con buena gente en Kiev y se inventó esta operación especial”.

En América Latina la presencia rusa es fuerte desde hace algunas décadas. En diciembre Putin amenazó con enviar efectivos y equipamiento castrense a Cuba y Venezuela para presionar a EE. UU. a aceptar cien mil soldados rusos en la frontera con Ucrania. De todos modos, en Cuba ya hubo ejércitos rusos durante la Guerra Fría; en Venezuela mantienen bases militares desde 2017. En Nicaragua en junio pasado, vía la Asamblea Nacional (servil a Ortega y Murillo), se autorizó el ingreso de equipo y militares rusos.

La guerra de Ucrania nos devuelve al pasado

En un informe de inteligencia estadounidense, publicado por el Washington Post, se daba a conocer que el Kremlin destinó alrededor de $ 300 millones para financiar operaciones antidemocráticas en Bosnia y Ecuador (países que recibieron dinero del gobierno ruso -¿para las movilizaciones de octubre de 2019?-) y otros que obtuvieron fondos de empresas rusas.

Putin, en su plan para atacar la democracia occidental, hizo un operativo de comunicación donde apareció el nombre del expresidente ecuatoriano Rafael Correa, contratado para hacer un programa de entrevistas en Russia Today (RT), ya cancelado. Pero es bastante grave, como dice José Hernández, el caso de Leonidas Iza:

“El presidente de la Conaie mantiene una estrecha relación con la embajada rusa en Ecuador y fue pieza importante en el trabajo de lobby que hizo el gobierno ruso para que el gobierno de Lenín Moreno compre las vacunas Sputnik. El embajador de Rusia en Ecuador fue visto durante el paro indígena de octubre de 2019 junto a manifestantes, específicamente en la zona de la comuna de Toclla, en la vía Intervalles, cerca de Quito”.

La probable humillación de Putin puede ser la oportunidad para neutralizar a líderes autoritarios aliados y operadores de Putin en otros países. Según la columnista Jennifer Rubin del Washington Post, “Occidente y EE. UU. no sólo deberían reivindicar el éxito de haber reforzado a Ucrania militarmente, sino también de haber destruido el mito de la superioridad autoritaria”. Para ella, “Putin pasará a la historia como un perdedor brutal”.  

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