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Balance de un año de gobierno de Guillermo Lasso: reprueba y va a supletorio

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El país no logra salir de la crisis económica con la que Lasso recibió el país el 24 de mayo de 2021, originada por los desatinos del gobierno de la “revolución ciudadana” y la inacción del régimen de Lenin Moreno.

Lasso
Foto: Bolívar Parra – Flickr Presidencia de la República

El 24 de mayo de 2021, en su tercer intento, Guillermo Lasso se convirtió en presidente de Ecuador. En su primer año de gestión, Lasso ha enfrentado muchos desafíos: la crisis sanitaria, el desempleo, la inseguridad, las masacres carcelarias, el narcotráfico y, en lo político, una asamblea divida y que le ha bloqueado todas sus iniciativas. Haciendo un balance, es más difícil encontrar aciertos que desaciertos del mandatario.

El país no logra salir de la crisis económica con la que Lasso recibió el país el 24 de mayo de 2021, originada por los desatinos del gobierno de la “revolución ciudadana” y la inacción del régimen de Lenin Moreno que, sumados a los efectos de la pandemia que por más de dos años afectaron a la salud, al empleo y otros temas, como la seguridad y los de la invasión de Rusia a Ucrania, dejaron un panorama bastante sombrío, pese al incremento de los precios del petróleo por efectos de esa guerra en el este de Europa desde hace casi tres meses, pero sin beneficio para la mayoría de la población.

En sus cien primeros días cumplió su principal oferta de campaña y vacunó a nueve millones de personas buscando reactivar la economía para generar confianza en sectores que no votaron por él. Sin embargo, tres factores complican su gestión: no ha logrado ninguna mayoría en la Asamblea (desde el fallido pacto con el correísmo y los socialcristianos, el precario acuerdo que tuvo con la ID y Pachakutik, las sospechas de un acuerdo con el correísmo y finalmente al quemar las naves cuando atacó a todos sus opositores). Su equipo de asesores demuestra mucho desconocimiento e improvisación que se han visto desbordados por temas de coyuntura: el desempleo, la inseguridad, la narco delincuencia y los motines carcelarios.  

Ante el inmovilismo de la asamblea, que durante este período no ha tramitado ninguna de las propuestas del ejecutivo, excepto la reforma tributaria que, sospechosamente con la abstención del correísmo, pasó por el ministerio de la ley. Pero, el resto de propuestas (la de libertad de expresión, la de universidades, la de inversión, el uso progresivo de la fuerza, la de seguridad y la ley laboral, entre otras) han sido guardadas en alguna gaveta del legislativo sin que se vea mucha voluntad en esta función del estado, más preocupada por complotar, por remover a la presidenta Llori, por hacer un juicio político al CPCCS (que nombra contralor, fiscal, procurador y a la función electoral) y en intentar desestabilizar y de paso, buscando la impunidad de líderes correístas, gracias a una nueva mayoría socialcristiana/correísta/rebeldes de Pachakutik/disidentes de la ID, que están haciendo todo lo posible por no dejar gobernar a Lasso.

La crisis económica ha impedido que Lasso tenga un margen de maniobra política con los sectores sociales que insisten en algunos temas sociales sin cabida en la propuesta gubernamental, como el aumento de remuneraciones del magisterio nacional, aprobada por la Asamblea y ratificada por la Corte Constitucional, sin que cuente con financiamiento o los precios de los combustibles, con los que la Conaie amenaza con movilizaciones de vez en cuando. Pero, el régimen tenía que resolver temas como la reducción del déficit fiscal de $ 11 mil millones en el 2022 y con cada vez menos opciones de acceder a créditos de los organismos multilaterales de crédito.

Diversos sectores sociales, como la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), el Frente Unitario de Trabajadores (FUT), la Unión Nacional de Educadores (UNE), el Partido Socialista, Unidad Popular y el movimiento Pachakutik, siguen apostando a viejas tesis del pasado -el manido discurso del neoliberalismo, del imperialismo o las privatizaciones- para justificar sus acciones y movilizaciones contra el gobierno.

A eso se suma el pobre intento del “gobierno del encuentro”, como se denominan, para dialogar con otros sectores de la sociedad, especialmente con quienes ofrecieron su voto a cambio de impedir el regreso del correísmo. Lasso, dicen algunos analistas, ha agotado muchas oportunidades, por su enfrentamiento con el líder socialcristiano Nebot y las autoridades de Guayaquil, bastión de ese partido. Hay que recordar que ideológicamente los socialcristianos serían el grupo más afín al gobierno. Igualmente se ha peleado con algunos líderes empresariales, con banqueros y también con periodistas que lo han cuestionado, lo cual indica una desviación de las intenciones iniciales de Creo.

Asimismo, se encuentra roto el diálogo con la Conaie y con el Frente Social. En este caso, el gobierno no puede atender algunas demandas de estas organizaciones, como el fin de las relaciones con el FMI y el Banco Mundial, la no extracción minera y no aumentar los tributos, entre los más importantes.

Tampoco el gobierno se ha preocupado por atender a las comunidades de la Sierra Centro que tienen indicadores muy altos de desnutrición crónica infantil (38%), falta de acceso a servicios básicos como el agua, deserción escolar especialmente durante la pandemia, falta de conectividad y de créditos agrícolas y campesinos (algo de esto se ha intentado subsanar en los últimos meses).

Inseguridad y violencia en las calles y en las cárceles

A estas dificultades se suma la inseguridad, que recrudeció con las masacres carcelarias, por la existencia de una guerra entre las bandas narco delictivas que también se han tomado las calles de Guayaquil y otras ciudades. El manejo de las cárceles se salió de las manos del Estado, que no ha podido resolver este tema ni devolver la soberanía a estos centros de detención. Tampoco ha logrado el ejecutivo que se aprueben en el legislativo leyes relativas, como la del uso progresivo de la fuerza y el código de seguridad.

Foto: API

Otro momento incómodo para el gobierno ocurrió muy pronto, solo cinco meses después de su posesión, cuando la asamblea aprobó un informe de investigación sobre los Pandora Papers, insistiendo que el presidente acuda al legislativo para informar si violó el código ético (si cuando inscribió su candidatura mantenía empresas offshore). Atrás de esta comisión apareció el correísmo, en su primer intento de desestabilización.

Lasso dejó este asunto en manos de sus abogados, en un escenario en el que el correísmo y Pachakutik, estuvieron en su contra. Este fue el primer momento en el que se habló de la remoción del mandatario, pero también se empezó a sugerir que disuelva el legislativo mediante la muerte cruzada.

No hay mucho para destacar

Uno de los pocos aspectos para resaltar fue la vacunación. Más del 90% de la población recibió las dos dosis, ratificando la oferta de campaña. En muchos de los casos hay un buen porcentaje de la población que se ha inoculado la dosis de refuerzo (alrededor de 2 millones de habitantes) e incluso más de 40 mil personas (de sectores vulnerables) han accedido a la cuarta dosis.

Esto permitió reducir el número de muertes provocadas por el Covid-19 y permitió a inicios del mes de enero de 2022 iniciar el retorno a la normalidad (el regreso a las clases presenciales en colegios y universidades), la regularización de las actividades laborales y económicas y cierta reactivación de las actividades productivas.

Según voceros oficiales se ha logrado la estabilidad fiscal: cuando inició el gobierno había $7.500 millones de déficit fiscal y actualmente serían $ 2.000 millones. Hay $ 5.000 millones de dólares en convenios de inversión local e internacional y eso generará empleo, agrega una fuente cercana al presidente Lasso. Sin embargo, los datos señalan que el porcentaje de desempleados y subempleados de la población económicamente activa (PEA) es de 66.1%,

Las cifras del Banco Central registran un crecimiento del 3,55%, el porcentaje de empleo adecuado es de 33,7%. La inflación anual según el INEC fue del 1,51% (se espera un incremento en el 2023 por efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania y el aumento de precios de productos de primera necesidad, como la leche). Por esto, el desempeño de la economía sigue siendo modesto.

Desde los Ministerios de Finanzas, Industrias, Agricultura y Turismo se tomaron acciones para reactivar la economía, pero sin resultados. Sin embargo, en el aspecto económico el gobierno de Lasso ha generado cierta confianza, estabilidad y previsibilidad. De todos modos, el proyecto de Ley “Creando Oportunidades”, presentado al Legislativo en septiembre de 2021, no fue calificado, obligando a dividir en tres el proyecto (la parte laboral y la de inversiones siguen sin discutirse en el legislativo). De todos modos, la reforma tributaria pasó por el ministerio de la Ley aprovechando que la Asamblea no se puso de acuerdo para reformar, negar o archivar el proyecto, permitiendo su aprobación.

Foto: Juan Ruiz Condor – API

En el manejo del sector social no hay avances significativos. Salió una ministra de inclusión social sin pena ni gloria y su sustituto tampoco logra resultados. Lamentablemente el presidente habla de la desnutrición crónica infantil como si fuese el único problema del área social, olvidando la pobreza, la violencia intrafamiliar, la falta de acceso a servicios de salud, la mala calidad de la educación o la inseguridad ciudadana.

Mientras tanto se sigue admitiendo la necesidad de vender el Banco del Pacífico y los pozos petroleros, como fuentes seguras para financiar programas sociales, cuando lo que se necesita es una reducción del sector público y, especialmente, que se cumpla con otra de las promesas de campaña: la “descorreízación” del sector público.

La gestión política, los temas de seguridad y de las cárceles, son las áreas que tienen evaluación deficiente. Lasso no cuenta con un equipo, pese a que se anunció con bombos y platillos a la Fundación Ecuador Libre, un “tanque de pensamiento” creado por el mandatario y que es dirigido por Aparicio Caicedo, sin que se vea ningún resultado concreto en beneficio de las acciones gubernamentales.

Tareas cumplidas y pendientes

La primera tarea fue el plan de vacunación, que dejó atrás la pésima gestión del gobierno de Lenín Moreno (con muchos casos de corrupción y “vacunados vip”). Lasso fue pragmático y logró que la oferta mundial de vacunas llegue al país y dé paso a una eficaz acción en este tema. En campaña electoral ofreció inocular a nueve millones de ecuatorianos en 100 días y lo hizo gracias a la participación de todos los estamentos, como universidades, empresa privada y organizaciones sociales.

Este éxito se reflejó en una buena calificación en los sondeos y parecía que ayudaría con otras propuestas de campaña. Sin embargo, los acontecimientos limitan el rango de acción del gobierno. Cuatro aspectos desencadenaron una merma en la aceptación: la violencia narco delincuencial junto a la crisis carcelaria; la fallida aprobación de la ley de “Creación de Oportunidades”, la protesta social que se inició casi al inicio del régimen y el escándalo de los Pandora Papers, que afectó la buena imagen inicial, provocando una baja en la popularidad del gobierno. No obstante, la encuestadora Click señala que 51,8% de ecuatorianos aún califican como “buena” la gestión de Lasso

Las maniobras políticas en la asamblea, encabezadas por una mayoría contraria al gobierno (formada por socialcristianos y correístas, ayudados por algunos rebeldes y disidentes de la ID y de Pachakutik) puso en evidencia la falta de capacidad y operación política del gobierno, que apenas cuenta con apenas doce asambleístas que limitan su capacidad de maniobra legislativa.

Ecuador fue denominado hace algunas décadas como “isla de paz”, mientras la violencia terrorista y guerrillera afectaba a los países vecinos, Perú y Colombia. Tras el pacto de conveniencia entre el régimen de Rafael Correa con las pandillas, bandas delictivas y organizaciones narcoguerrilleras colombianas (denunciado por Francisco Huerta y evidenciado en los videos del Mono Jojoy, anunciando aportes de las FARC al gobierno de la “revolución ciudadana”), la situación se le salió de las manos al gobierno de Lenin Moreno y le llegó una bomba a punto de estallar a Guillermo Lasso.

La explosión se ha irradiado y pese a las modificaciones que ha hecho el gobierno para enderezar esa situación (con repetidos relevos de las cúpulas militar y policial) hacen bastante difícil establecer políticas públicas y planes para poner orden en las cárceles y en las calles. El columnista y académico Alfredo Negrete aconseja al gobierno que, en lugar de hacer tanta modificación, lo que debería es “dejar de anunciar lo que va a hacer porque eso alerta a las mafias y a los delincuentes”.

En Guayas, Manabí y Esmeraldas, hasta abril, se reportaron 853 muertes violentas, un aumento del 138% respecto a 2021. Ese incremento de homicidios llena los espacios de noticieros y redes sociales, creando más percepción sobre este problema. Desde el 2020 hubo amotinamientos en varias cárceles pero en 2021 y 2022 se cuentan más de 400 muertes de personas privadas de libertad. Todo indica que el Estado ha perdido el control del sistema de rehabilitación y la excesiva rotación de funcionarios, provocando incluso que el ministerio de gobierno se divida en dos, creando un ministerio del interior, que por ahora solo ha disimulado la gravedad del problema. Bien buscar en Israel equipos y tecnología, pero si no existen planes y políticas públicas, será otro esfuerzo inútil.

Lasso
Foto: Cortesía Policia Nacional

Ecuador dejó de ser un sitio de paso de la droga y se convirtió en punto estratégico del transporte y comercialización de alcaloides y otros narcóticos hacia otras partes del mundo, aprovechando la permeabilidad de sus fronteras, la falta de controles sobre los vuelos de narcoavionetas y la sospechosa avería del radar de Montecristi, que sigue sin ser reparado, pese a los anuncios gubernamentales.

Se añade la situación de pobreza en las calles que hace del microtráfico un negocio atractivo para muchos jóvenes que lo ven como la posibilidad de lograr dinero fácil. Las bandas narco delincuenciales reclutan adolescentes para distribuir droga y para el sicariato, algo usual en las calles de algunas ciudades. El Estado parece haber perdido su capacidad para proteger la vida y la seguridad de los ciudadanos y su única salida es declarar estados de excepción con presencia de militares en las calles, sin que sea la solución a este problema.

Una propuesta de ley que nació muerta

El 24 de septiembre de 2021, en medio de la crisis carcelaria, el gobierno envió el proyecto económico urgente de la Ley Orgánica de Creación de Oportunidades, Desarrollo Económico y Sostenibilidad Fiscal, que debía ser analizado por la Asamblea en un mes, sino entraría en vigor por el ministerio de la ley. La propuesta generó controversias en la función legislativa. Sus temáticas abordaban desde crear un régimen laboral alternativo al vigente Código del Trabajo, con normas de flexibilización laboral, imposiciones tributarias que iban a afectar a la clase media y normas para un régimen impositivo único y temporal para activos en el exterior, entre otras reformas.

La Asamblea devolvió el proyecto diciendo que iba contra el artículo 136 de la Constitución que obliga que los proyectos de carácter económico urgente traten una sola materia. La reacción gubernamental provocó una confrontación, el presidente acusó a la Asamblea de bloqueo y sugirió la posibilidad de la muerte cruzada, mecanismo constitucional que permite disolver el Parlamento y adelantar las elecciones generales, incluyendo las presidenciales.

Desde entonces hubo una caída en la imagen del Legislativo, que no se detiene, y una guerra entre ambos poderes que sigue hasta la actualidad. Al final, el presidente dio marcha atrás y envió tres proyectos de ley distintos, en materias específicas.

Movilización social, actores y objetivos

Desde que se inició el gobierno, hubo protestas de diversos sectores, como los agricultores de la costa por el precio del arroz y el incumplimiento de promesas de campaña. Pero el mayor malestar estaba ligado al incremento mensual del precio de los combustibles, que condujo a movilizaciones de la Conaie, que obligaron al régimen a dar otro paso atrás y congelar los precios del diésel y la gasolina extra.

La campaña electoral de segunda vuelta mostró a un Lasso moderno y abierto a la diversidad étnica o incluso ideológica por la asesoría de Jaime Durán Barba, pero en las acciones gubernamentales parecería prevalecer la voluntad del presidente, un exbanquero acostumbrado al sector privado y a que no se cuestionen sus decisiones. En su núcleo duro de asesores hay algunos de sus antiguos colaboradores en el banco, como Iván Correa (secretario de la administración), un viejo cuadro de la democracia popular (Diego Ordóñez) e integrantes de la Fundación Ecuador Libre, que poco inciden en las decisiones del mandatario.  

Lasso
Foto: Carlos Silva – Flickr Presidencia de la República

Mantiene aún cierto apoyo de los gremios empresariales y queda por ver qué sucede con algunos medios de comunicación como TC Televisión (que sacó del aire a Carlos Vera, que aunque apoyó al mandatario, era muy crítico con él) y Teleamazonas (que tiene vínculos con el banquero Fidel Egas, a quien Lasso acusó de evadir impuestos, pero tiene como embajador en Londres a Sebastián Corral, exgerente del canal).  La relación con las fuerzas armadas puede ser decisiva ante los rumores de desestabilización en marcha desde el correísmo y el socialcristianismo (un acuerdo no escrito entre Nebot y Correa, que sigue perfeccionándose en las acciones legislativas), además de la escalada delictiva y la protesta social.

Lo que se percibe es un gobierno que improvisa, de débil gestión y sin olfato político. El programa periodístico del mandatario de todos los martes (que parece una reedición de la sabatina en otro formato) muestra una realidad que no es la que el país está viviendo. En la asamblea el gobierno tiene un bloque débil de legisladores que han tenido que tejer alianzas momentáneas sin ningún resultado, haciendo que el mandatario “queme sus naves” atacando a opositores como Nebot, Hervas, empresarios y líderes indígenas, entre otros.

No se vislumbran días promisorios para un régimen que, lejos de cumplir sus promesas de campaña y ofrecer un “gobierno del encuentro” parece estar viviendo en una realidad alternativa, que le pintan los asesores más cercanos y le impiden ver a un país azotado por la violencia carcelaria, la delincuencia, el microtráfico, las pugnas políticas, las conspiraciones y algunos sectores sociales que insisten en que todo es culpa del neoliberalismo, que Lasso difícilmente podrá aplicar en el país.

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