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Cuando Glas vuelve a ser noticia

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Reconocer derechos humanos de un reo es parte de la democracia, del fortalecimiento del sistema jurídico. Pero el intento de manipulación de la opinión pública es ligero.

Foto: Flickr Vamos Lenin

Un poco de decencia a quienes activan en política no les caería nada mal. Y si a eso le acompaña un poco de respeto hacia los ecuatorianos sería maravilloso.  Como que ya es hora de que dejen de suministrar las píldoras de atontamiento que les encanta distribuir a través de las constantes campañas de propaganda y de comunicación, en las que hacen lo que saben hacer: generar distractores, confundir a la población, victimizarse, todo en aras de despertar las emociones y generar empatías. O, simplemente, producir hartazgo para que los temas dejen de interesar en una población golpeada por las pérdidas humanas y económicas que ha dejado la pandemia del COVID-19 en el Ecuador.

La semana pasada, los simpatizantes y militantes correístas, en medio del vergonzoso escándalo de los negociados en los hospitales, de las malas administraciones de algunas empresas públicas, por nombrar dos de los hechos ocurridos, aparecen a reclamar los derechos del exvicepresidente Jorge Glas, sentenciado por corrupción, a exigir su libertad. Y, encima, a argumentar que ya cumplió una parte de su pena, pese a que “se lo sentenció sin pruebas” y es “un perseguido político”.

Quienes hacen estas afirmaciones se presentan como ciudadanos conscientes, amantes del Ecuador, que buscan su supuesto bien, pero no tienen la menor consideración hacia quienes no comparten sus criterios o sus puntos de vista. No hay duda de que no han dejado de jugar a polarizar al país, de generar esas pasiones, para tener el terreno fértil en caso de requerir que el caos reine o ayudar a implantarlo. 

Vale la pena aclarar que no estoy cuestionando que las leyes den la posibilidad a un reo de salir de la cárcel cuando tiene un buen comportamiento. Reconocer esos derechos es parte de la democracia, del fortalecimiento del sistema jurídico. Lo penoso es que se manosee una prerrogativa de este tipo, simplemente para generar una falsa opinión pública y hablar de que se trata de un personaje público con “una gran aceptación y que es el único capaz de sacar al país adelante”, de un político “honesto”. ¡Y todo esto en medio de los escándalos de corrupción!

Hay una palabra que se llama oportunidad, pero no debe confundirse con oportunismo y menos con cinismo. La forma de hacer política de algunos grupos hace mucho que raya en la desfachatez y, sin duda, hay gente que todavía quiere escucharlos y les creen, pero no somos todos. Las píldoras de atontamiento no siempre les van a funcionar y, a propósito, no siempre es bueno volver a la palestra pública de la forma en que se salió, es decir en medio de un escenario en donde el tema que reina en la discusión pública es la corrupción. 

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