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Ecuador ante el futuro

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Este tiempo es de definiciones. Debemos saber si somos esclavos de la coyuntura o si apostamos al futuro y al cambio. Es urgente llegar a consensos.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

Me preocupa el momento que vivimos: un país golpeado por una crisis sanitaria sin precedente, que ha costado vidas, lágrimas y lamentaciones, y mientras unos muestran solidaridad desinteresada y espontánea, otros buscan culpables, revanchismo y pesca a río revuelto.

Mientras el país necesita transparencia e integridad en el manejo de la cosa pública, la corrupción sigue campante. Hasta en  el círculo más estrecho del poder se trafican puestos, votos e instituciones. 

Mientras el país necesita consensos, dialogo efectivo y sincero como herramientas para para salir de la crisis, la soberbia ciega al poder y solo hay oídos sordos e improvisaciones que dividen y dispersan a la sociedad.

Cuando el país requiere disciplina y compromiso para retomar sus actividades, hay quienes, cómodos en sus escritorios, piden continuar el confinamiento a pesar de que la gente desespera porque no tiene para el sustento diario, las empresas se desangran sin ingresos, el desempleo se incrementa y la informalidad se toma las calles.

Cuando el país necesita rescatar al sector productivo que está en terapia intensiva y necesita ayuda de urgencia; se mantiene al país huérfano de políticas estructurales, sometido a la presión de las urgencias de la caja fiscal y víctima de la indecisión.

Cuando el país requiere ajustes económicos estructurales, el gradualismo y la ilusión arruinan la economía, y nos venden gato por liebre porque una cosa la que se dice y otra la que se hace.

Cuando el país necesita  trabajar en paz; cuando busca apoyo, confianza y certidumbre para volver a invertir y creer en el futuro, se responde con necedad e insistencia en seguir exprimiéndolo para financiar un Estado cómodo, abultado, ineficiente y derrochador.

Cuando el país necesita con urgencia sentar las bases para un cambio de modelo económico y social que libere la economía y se encamine al crecimiento, pasamos 60 días discutiendo pequeñeces, cambios intrascendentes, minucias que nada aportan en la profunda crisis que vivimos.

 Ahora sabremos si la convicción y los principios imperan sobre la política y los individualismos;  sabremos si apostamos al consenso para cambiar la forma de resolver los problemas o repetimos los errores que nos condujeron al abismo. Todo se resume en saber si somos esclavos de la coyuntura o si apostamos al futuro y al cambio.

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