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Otra manera de ser uno mismo

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La salud mental es una deuda pendiente del Estado ecuatoriano y de la sociedad. Es imperante una política pública que reconozca estas enfermedades psicosociales para que puedan ser cubiertas médicamente como tantas otras.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

Los rostros de las personas con las que me cruzo son como máscaras, sin gestos, que no puedo descifrar. Si tengo que hacer un trámite personal, prefiero hacerlo rápido para evitar un ataque de ansiedad o pánico; si no es la ansiedad siempre es posible un brote de depresión inesperado. Es un día normal para todo el mundo, para mí, la posibilidad de un nuevo temor que superar.

Tengo varios diagnósticos, nombraré los más relevantes: síndrome de asperger y  TLP (Trastorno límite de personalidad), este último engloba subdiagnósticos como: trastorno obsesivo compulsivo, trastorno ansioso depresivo, entre otros. Libro una batalla contra el miedo al abandono, la frustración y el rechazo. A pesar de lo expuesto,  puedo tener una vida relativamente normal.

Las personas con enfermedades psicosociales y afectivas somos invisibles; para la ley ecuatoriana nuestra condición se asimila a situaciones como el retraso mental, pero lo que tenemos es algo diferente: una discapacidad específica “psicosocial” que demanda atención particular.

La película del Guasón, dirigida por Todd Phillips, muestra la importancia social de la salud mental; es una enfermedad no una actitud.  En mi caso, esta condición tiene lados negativos y positivos, por ejemplo, según la escala de medición de coeficiente intelectual de Weshler, con 179 puntos, soy superdotado, aprendo de forma autodidacta.

También puedo reconocer el color de las notas musicales, el color de los números y representarlos en formulas matemáticas y en la verificación de hipótesis. Lamentablemente, la enseñanza convencional me genera ansiedad; lo mismo ocurre con un trabajo tradicional, en cualquier momento demasiado contacto con otras personas provoca que corra tras un cigarrillo.

Mi trastorno provoca un fuerte desapego hacia las personas o la incapacidad de actuar en situaciones de estrés,  simplemente me bloqueo y no sé qué hacer. La empatía se me hace difícil, no puedo identificar lo que las personas sienten y porqué. La ironía, el sarcasmo, a veces las bromas me cuestan interpretar.

Con la terapia apropiada, en mi caso la ‘cognitiva’, dismimuyen las descargas emocionales; es sumamente valiosa ya que apunta a fomentar una relación de confianza en el paciente, a reducir el pensamiento “blanco y negro” fomentando el control emocional y el sentido de identidad. Es un reacomodo de la mente para la personalidad límite.

Llevo una relación estable con mi pareja,  ella se informa, trata de conocer sobre mi trastorno; lo que es de suma importancia pues existen puntos clave para manejar situaciones de bloqueo o ansiedad. Sé que ella necesita también mi apoyo y equilibrio.

Tengo suerte por tener un tratamiento y un trabajo que puedo efectuar desde mi hogar; ahora mismo estudio matemática en una universidad virtual con sede en España y colaboro en formulaciones estadísticas para el análisis social.

En el Ecuador no existe la apertura, ni la posibilidad legal de que una universidad acepte mi discapacidad y se me permita rendir las pruebas y ejecutar los trabajos sin asistir a clases (algo imposible en mi condición). Y, a pesar de que mis conocimientos son equiparables a un pregrado, mis logros no son reconocidos.

En el aspecto de cobertura de salud, no existe un seguro médico que cubra el tratamiento, las consultas periódicas con el psiquiatra y la larga lista de medicamentos, en su mayoría costosos.

Reclamo por mis derechos y por los de personas con enorme potencial humano: necesitamos una política pública que obligue a las empresas de seguros a reconocer enfermedades psicosociales que deben ser cubiertas como cualquier otra, que cubran medicinas y tratamientos terapeúticos; al sistema de salud para que diseñe protocolos de diagnóstico adecuados;  a las universidades  para que desarrollen sistemas de evaluación que permitan titularnos.

Si usted tiene una discapacidad, recuerde, solo es otra manera de ser uno mismo.

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