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La fábrica de conspiradores de Lumbisí comenzó a poner carpetas en LinkedIn

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Está pendiente una auditoría operativa, financiera y tecnológica del trabajo de Inteligencia. Lenín Moreno no lo hizo. El cambio puede darse con Guillermo Lasso.

Foto: Darwin Laganzon – Pixabay

Desde que hizo su aparición bajo la tutela correísta y como instrumento de persecución política, la estructura de pesquisas criollos (entiéndase CIES hoy y SENAIN antes) ha estado involucrada en un sinnúmero de escándalos, operaciones siniestras, uso indebido de gastos reservados, que bordean los USD 450 millones, que fueron santificados por el Contralor hoy detenido por corrupción.

Este cuartel de descalificados ha hecho de las suyas durante más de una década y en dos periodos presidenciales. Se trató, en este gobierno, de eliminarla, pero no se pudo. Al parecer, conocían cosillas gubernamentales que no era prudente que salgan a luz pública. Pero como había que tranquilizar a los ecuatorianos, se le cambió de nombre a CIES (Conspiradores Improvisados y Especialistas en Sedición), lo cual permitió mantener la estructura y los contratos correístas para no dejar las malas costumbres. 

El presidente Lenín Moreno nunca realizó lo que el pueblo le exigía: una auditoria operativa, financiera y tecnológica para desentrañar todas las barbaridades de una fábrica de conspiradores que fue entrenada y preparada en Cuba, Venezuela y Rusia. 

La SENAIN, y posteriormente el CIES, remplazaron a la Dirección de Nacional de Inteligencia del Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) en la producción de inteligencia político-estratégica, que necesita el ejecutor político, en este caso el Presidente, para la toma de decisiones. Todos los países tienen un organismo integrador de la política de Inteligencia y de los subsistemas nacionales para la conducción de los esfuerzos de búsqueda de información política-estratégica.     

El presidente Guillermo Lasso ha anunciado el cierre definitivo de esta dependencia que se amparaba en una supuesta cobertura de legalidad. Hacerlo implica el retorno de los procesos de colección de información a los subsistemas de Inteligencia del Ejército y la Policía Nacional. 

El subsistema militar generará productos de Inteligencia para el estamento institucional el Ministerio de Defensa, en referencia a las amenazas a la soberanía, integridad y estabilidad gubernamental. El subsistema policial entregará sus productos al Ministerio del Interior o de Gobierno, en lo referente a Inteligencia antidelincuencial. Los productos de estos dos subsistemas están en el nivel operacional, tanto militar como policial, no político-estratégico, porque no es su competencia. Esa responsabilidad la tenía la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) que fue eliminada.

Los escenarios de desestabilización, las amenazas transnacionales, regionales y globales hacen imperioso contar con un estamento que integre los esfuerzos de colección y producción de inteligencia político-estratégica al más alto nivel. La solución no está en eliminar una dependencia que fue orientada a otros objetivos. Lo urgente es realizar una reingeniería total del sistema y ponerla a trabajar no para el partido político o una ideología, sino para un fin superior: nuestro país.

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